Tiroteos en Barcelona: Batlle se suma a Collboni y pide ‘ponernos muy serios’ ante el crimen organizado

El teniente de alcalde de Seguridad alerta de que la violencia armada exige una respuesta contundente tras el asesinato a plena luz del día en la calle Balmes. Los Mossos vinculan los seis últimos muertos a tiros con el crimen organizado y el consistorio ya negocia con el ministr

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? Vecinos y comerciantes del distrito del Eixample y del conjunto de Barcelona, en un contexto de repunte de la violencia armada vinculada al narcotráfico.
  • ¿Cuándo ocurre? El último tiroteo mortal tuvo lugar el miércoles 10 de junio en la calle Balmes. El Ayuntamiento reacciona al día siguiente y la Conselleria d’Interior de la Generalitat celebró ayer una reunión urgente.
  • ¿Qué cambia hoy? El gobierno municipal pide endurecer las penas por tenencia ilícita de armas y reforzar la coordinación policial; el ministro del Interior y el de Justicia ya han mantenido contactos con el consistorio para explorar cambios normativos.

El teniente de alcalde de Seguridad de Barcelona, Albert Batlle, ha hecho suyas las palabras del alcalde Jaume Collboni: «Tenemos que ponernos muy serios». La declaración llega apenas 24 horas después del asesinato a plena luz del día de un hombre en plena calle Balmes, un suceso que eleva a seis el número de muertos por arma de fuego en lo que va de año en la capital catalana. Los Mossos d’Esquadra lo tienen claro: el hilo que une estos crímenes es el crimen organizado y el control del mercado de la droga.

Batlle compareció ayer, jueves 11 de junio, durante la valoración del dispositivo de seguridad desplegado con motivo de la visita del Papa León XIV a Barcelona. Subrayó que, pese a la brutalidad del ataque en Balmes, los servicios de la ciudad funcionaron con normalidad y que en ningún momento se consideró que el crimen estuviera relacionado con la agenda papal. Sin embargo, la imagen de un ajuste de cuentas en una de las calles más transitadas del centro ha precipitado la exigencia de una reacción contundente.

Un asesinato en hora punta que obliga a «ponerse serios»

El tiroteo del miércoles dejó a la ciudad helada. A plena mañana, los disparos interrumpieron la rutina de la calle Balmes, una arteria que une la Diagonal con el Passeig de Gràcia. La víctima murió en el acto y el autor huyó. Los investigadores mantienen la hipótesis de un ajuste de cuentas entre grupos dedicados al narcotráfico, patrón que se repite en los anteriores homicidios con pistola registrados en Barcelona este año.

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Según datos recabados por este medio, en 2025 se contabilizaron cinco fallecidos por arma de fuego en toda Cataluña vinculados al crimen organizado. En 2026, antes de cerrar el primer semestre, ya se han producido seis solo en la capital. Esto supone un salto cualitativo en la letalidad de las bandas criminales que se disputan el negocio de la droga al por menor, y ha encendido las alarmas en el consistorio y en el Departament d’Interior.

Reunión urgente y llamada directa a Moncloa

Batlle detalló que durante el mismo miércoles ya hubo conversaciones con los ministros del Interior y de Justicia. El objetivo: explorar cómo reforzar la presencia policial en la ciudad y, sobre todo, cómo impulsar una modificación del Código Penal que endurezca las penas relacionadas con la tenencia ilícita de armas.

«Hace falta ponernos muy serios», insistió el número dos de Collboni. La fórmula repite el mantra del alcalde y evidencia un escalón nuevo en la presión que el gobierno municipal quiere ejercer sobre el Ejecutivo central. En paralelo, la Conselleria d’Interior de la Generalitat convocó ayer una reunión urgente para analizar la escalada de violencia, un encuentro del que Batlle espera ser llamado próximamente para una valoración conjunta entre las tres administraciones.

Barcelona no puede permitirse convivir con el ruido de los tiros como banda sonora de un problema que ya es estructural.

El trasfondo normativo es complejo. La mayoría de las armas empleadas en los crímenes recientes no son de fuego real, sino detonadoras modificadas o armas simuladas, lo que complica aún más la ya de por sí laxa regulación de tenencia. Los Mossos han intervenido armas en operativos antidroga, pero los jueces topan con penas que a menudo no implican prisión provisional.

Por eso Batlle y Collboni apuntan directamente a la reforma del Código Penal. La posición del Ayuntamiento de Barcelona es que, sin un cambio legislativo, la labor policial se convierte en un «juego de suma cero».

Análisis: blindaje papal y fragilidad crónica

La proximidad del crimen con la visita del Papa dio una extraña fotografía de la ciudad. Mientras 180.000 personas se congregaban en actos multitudinarios sin apenas incidentes de movilidad —el tráfico descendió un 7,2% el martes y un 11,3% el miércoles, y el transporte público cayó hasta un 36%—, la maquinaria municipal funcionó con precisión. La Guardia Urbana desplegó 1.900 agentes, los servicios de limpieza mantuvieron las calles impecables y el dispositivo papal transcurrió sin sobresaltos. Sin embargo, ese mismo dispositivo de seguridad consumió recursos que, a juicio de los sindicatos policiales, habrían permitido reforzar las patrullas en las zonas más castigadas por el narcomenudeo.

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La paradoja no es nueva. Barcelona ha demostrado capacidad para eventos de altísimo riesgo, pero la violencia del día a día, la que no sale en los papamóviles sino en las gasolineras de la periferia y ahora en plena calle Balmes, requiere una constancia que el consistorio no está logrando. La comparación con otras capitales europeas es tozuda: en lo que va de año, Barcelona ha registrado más homicidios por arma de fuego que Madrid, pese a contar con la mitad de población.

El precedente más doloroso se remonta a 2018-2019, cuando una ola de crímenes con pistola en el área metropolitana forzó a los Mossos a crear un grupo especializado y a la Generalitat a pedir refuerzos a la Policía Nacional. La respuesta entonces fue efectiva, pero los expertos consultados por este medio advierten que las redes criminales han mutado: ahora trabajan con estructuras más pequeñas, móviles y violentas, y la conexión con proveedores internacionales del cannabis y la cocaína se ha descentralizado.

Batlle sabe que el problema desborda las competencias municipales. Por eso las conversaciones con el ministro del Interior socialista, Fernando Grande-Marlaska, y con la ministra de Justicia, Pilar Llop, son el primer intento real de abrir una vía normativa. Pero la pelota está en el tejado de Moncloa, y el calendario político —con unas elecciones generales en el horizonte de 2027— puede enfriar cualquier iniciativa que moleste a los sectores progresistas de la coalición.

De momento, el Ayuntamiento ha conseguido colocar el foco mediático en la necesidad de «ponerse muy serios». La pregunta que flota en el ambiente es si esa seriedad se traducirá en más agentes en la calle, en penas más duras o, simplemente, en otro comunicado conjunto que nadie recordará en seis meses.