El precio de la vivienda de segunda mano en Málaga alcanzó en julio los 4.651 euros por metro cuadrado, según el Índice Inmobiliario Fotocasa, un 9,1% más que hace un año. Es la primera vez que una provincia andaluza rompe la barrera de los 4.000 euros, consolidando a Málaga como el mercado más tensionado del sur de España.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El precio de la vivienda usada en Málaga ha llegado a 4.651 €/m2 en julio de 2026, un máximo histórico según Fotocasa.
- ¿Dónde y quién? En la provincia de Málaga, la única de Andalucía que supera los 4.000 €/m2. Los datos proceden del Índice Inmobiliario Fotocasa.
- ¿Qué supone para los ciudadanos? Una vivienda de 80 metros cuadrados cuesta de media 372.000 euros, unos 134.000 más que la media andaluza, lo que dificulta el acceso a la compra para miles de familias malagueñas.
Málaga frente al resto de Andalucía: una brecha de más de 2.100 euros
El dato de 4.651 euros por metro cuadrado no solo es récord absoluto para Málaga. También marca una distancia abismal con el resto de provincias andaluzas. La segunda más cara es Granada, con 2.532 euros, es decir, 2.119 euros menos por metro cuadrado. Le siguen Cádiz (2.454 €/m2), Sevilla (2.248 €/m2), Almería (1.783 €/m2), Córdoba (1.695 €/m2), Huelva (1.646 €/m2) y Jaén, que cierra la tabla con apenas 1.117 euros por metro cuadrado.
Traducido al coste real de una vivienda tipo, un piso de 80 metros cuadrados en Málaga supone un desembolso medio de 372.080 euros, frente a los 237.852 euros de la media autonómica o los 89.360 euros que costaría en Jaén. En solo un año, un andaluz que quiera comprar una casa de ese tamaño ha visto cómo el precio se encarecía de media 29.017 euros, al pasar de 208.835 euros en julio de 2025 a los citados 237.852 euros en julio de 2026. En Málaga la subida en euros es aún más pronunciada: el metro cuadrado ha pasado de 4.263 euros a 4.651, un incremento del 9,1%.
La falta de oferta, el motor que calienta el termómetro inmobiliario

El informe de Fotocasa no solo muestra cifras. La directora de Estudios, María Matos, advierte de que “la falta de oferta continúa siendo uno de los principales factores que mantienen elevados los precios”. La especialista considera que el descenso mensual del 0,6% registrado en el conjunto de Andalucía —que dejó la media en 2.973 euros por metro cuadrado— es solo un ajuste puntual que no altera la tendencia alcista de fondo.
En el último año, todas las provincias andaluzas han visto crecer el precio de la vivienda usada, aunque con ritmos muy distintos. Almería lidera el ranking de subidas interanuales con un 16,1%, seguida de Cádiz y Sevilla, ambas con un 11,8%. Jaén suma un 10,8%; Córdoba, un 10,7%; Málaga, un 9,1%; y Granada, un 6,7%. Que Málaga no encabece el ritmo de subida no rebaja la alarma: al partir de una base tan elevada, cualquier incremento porcentual se traduce en miles de euros adicionales para los compradores.
La presión es especialmente intensa en la capital y en la costa. El tirón de la demanda internacional, el teletrabajo y el atractivo de la Costa del Sol como destino residencial para rentas altas han convertido a Malaga en un polo casi inaccesible para los jóvenes y las familias locales. “La vivienda en Málaga ya no compite con el resto de Andalucía, sino con Madrid o Barcelona”, suelen repetir los agentes del sector.
Málaga no es solo la ciudad del sol: es el mayor polo de atracción de talento tecnológico e inversión extranjera del sur de Europa, y su mercado inmobiliario ya cotiza en esa liga.
Mientras tanto, el mercado andaluz en su conjunto se ha encarecido un 13,9% interanual, pese a la tibia corrección de julio. Los analistas coinciden en que la producción de obra nueva no termina de absorber la demanda, y el mercado de segunda mano arrastra esa tensión.
La Lectura Andaluza
El dato de Málaga no es una sorpresa para quienes siguen el pulso económico de Andalucía. La provincia acumula años de fuerte crecimiento demográfico y de actividad, impulsada por el turismo, el sector tecnológico y la llegada de inversores extranjeros. El precio de la vivienda refleja ese dinamismo, pero también evidencia un desequilibrio que el Gobierno andaluz y los ayuntamientos observan con preocupación: la vivienda se está convirtiendo en un bien escaso para las rentas medias y bajas en las zonas más dinámicas.
Para un malagueño que percibe el salario medio andaluz, cercano a los 21.000 euros brutos anuales, acceder a una hipoteca de 300.000 euros resulta sencillamente imposible sin ahorros previos o ayuda familiar. La Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda —que gestiona las competencias autonómicas en urbanismo y vivienda— tiene sobre la mesa varios programas de fomento del alquiler asequible y de colaboración público-privada para promover suelo residencial a precios contenidos. Sin embargo, los efectos de esos planes tardarán en notarse, y la urgencia es ya.
Mientras, la tensión se extiende a provincias como Granada, Cádiz o Sevilla, donde las subidas de dos dígitos y la escasez de oferta están empezando a expulsar población hacia las coronas metropolitanas y a municipios de interior. Es un fenómeno que la propia Junta de Andalucía, a través del Observatorio de la Vivienda de Andalucía, sigue con lupa para diseñar las futuras intervenciones.
Lo que ocurra en los próximos meses dependerá, en buena medida, de la evolución de los tipos de interés y de la capacidad de las administraciones para liberar suelo finalista. El sector privado ya reclama una simplificación burocrática que permita construir más rápido. La pregunta, en realidad, es si cuando esas viviendas estén listas, todavía habrá vecinos que puedan pagarlas.
