Guerra civil en Junts por Barcelona: cuatro familias se disputan la candidatura a la alcaldía

El partido independentista afronta unas primarias abiertas con cuatro aspirantes que representan a distintas sensibilidades: desde el sector más radical hasta los moderados que buscan pactar con el PSC. La batalla por la capital catalana definirá el rumbo de la formación de cara

La guerra fratricida que Junts per Catalunya libra en la sombra desde la salida del Govern en 2024 ha saltado a la arena pública. Y lo hace por el premio más simbólico: la alcaldía de Barcelona. Cuatro aspirantes de familias irreconciliables pugnan ya por encabezar la lista de las municipales de mayo de 2027, en un proceso de primarias que la dirección del partido aún no ha convocado oficialmente pero que ya quema los despachos del carrer de la Diputació.

La pugna no es solo por el nombre. Es la primera gran batalla territorial desde que el partido asumió su nueva estructura y refleja la lucha de fondo entre quienes quieren convertir a Junts en una ‘nova Convergència’ con vocación de gobierno y quienes apuestan por mantener el pulso independentista sin matices. En el centro de esa disputa, la candidatura de Barcelona se ha convertido en el campo de pruebas para medir fuerzas de cara al congreso que el partido debe celebrar en otoño de 2026.

Cuatro nombres, cuatro apuestas radicalmente distintas

El abanico de precandidatos dibuja el mapa de las cuatro familias que hoy conviven —o se soportan— dentro de Junts. Josep Rius, actual vicepresidente del partido y hombre de la máxima confianza de Carles Puigdemont, es el candidato que cuenta con el aval de Waterloo. Su perfil: independentismo ortodoxo, discurso duro contra el Estado y escasa disposición a pactar con el PSC de Jaume Collboni. Rius lleva meses recorriendo los barrios con un discurso que reivindica la «Barcelona de las raíces» frente al cosmopolitismo de los comunes.

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Enfrente, Neus Munté representa la tradición convergente. Exconsellera de Presidència y afín al espacio que lidera Jordi Turull, Munté apuesta por un perfil de gestión, con propuestas en vivienda y movilidad que buscan seducir al votante centrista desencantado con el PP y el PSC. Cuenta con el apoyo de Xavier Trias padre, a quien muchos ven como el verdadero aval de esta candidatura. Por su parte, el joven Xavier Trias i Vidal —hijo del exalcalde— encarna el relevo generacional. Con apenas 28 años, su candidatura suena más como una operación de imagen que como una apuesta real, pero en Junts saben que el apellido Trias sigue movilizando a un electorado que añora los años del «bon govern».

El cuarto aspirante es Joan Canadell, expresidente de la Cambra de Comerç. Su perfil es el más difícil de encajar en una estrategia transversal, pero su control del aparato local y su capacidad para llenar mítines con el voto más radical lo convierten en un actor que nadie se atreve a menospreciar. «Si no hay primarias, Barcelona estalla», advirtió en una reunión interna a la que ha tenido acceso Moncloa.com.

La sombra de Waterloo y la ‘nova Convergència’

El pulso entre Rius y Munté es el trasunto barcelonés de la guerra soterrada entre Puigdemont y Turull. En realidad, la batalla por la candidatura refleja la disputa entre dos modelos de partido que llevan más de un año compitiendo sin romper para no entregar el relato al adversario. El sector de Turull —apoyado por buena parte de los exconvergentes— presiona para que el partido abandone la trinchera y se convierta en una fuerza de gobierno con capacidad de pacto. Los afines a Puigdemont creen que esa vía desmoviliza al electorado y cede espacio a la CUP.

En esta coreografía, el papel de Laura Borràs como presidenta del partido es clave. Borràs se mantiene en un discreto segundo plano y evita bendecir a ninguno de los candidatos, aunque fuentes cercanas a la dirección aseguran que su simpatía personal se inclina hacia Canadell, el más combativo. La decisión final, no obstante, pasará por un Consell Nacional extraordinario que se celebrará antes del verano y que promete ser de todo menos pacífico.

Barcelona no es solo una ciudad para Junts: es el termómetro que mide si el partido puede volver a gobernar o si se condena a la oposición perpetua.

Lo que está en juego: más que la alcaldía

Las municipales de Barcelona no son unas elecciones cualquiera para el independentismo. La capital catalana concentra el voto decisivo que puede inclinar la balanza de la Diputació y, por extensión, el mapa de alianzas en toda Cataluña. Un mal resultado en Barcelona en 2027 sería una losa para cualquier aspiración de Junts de volver a liderar la Generalitat en las autonómicas de 2028. Por eso la dirección ha impuesto un calendario estricto: las primarias deben estar resueltas antes de que acabe 2026, y quien las gane tendrá que ser capaz de coser un partido que asoma las costuras cada lunes.

Mientras, en el PSC observan la batalla con la tranquilidad de quien se sabe favorito. Collboni ha conseguido consolidar un perfil de alcalde gestor que capea los escándalos del caso Pegasus y mantiene el pulso a los comunes. Su equipo ya prepara un escenario de campaña en el que presentará a Junts como un partido «incapaz de gobernarse a sí mismo». La ironía es que, en este momento, no les falta motivo. La guerra civil ha empezado y las heridas, aunque por ahora se oculten bajo la alfombra del carrer de la Diputació, no tardarán en supurar.

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