Santiago Abascal ha lanzado este miércoles un aviso a Alberto Núñez Feijóo en el Congreso: ‘el cambio no está hecho ni va a ser fácil’. La advertencia ha sonado en la misma sesión en la que el líder de Vox ha desplegado su discurso más duro contra Pedro Sánchez, a quien ha acusado de urdir una trama para mantenerse fraudulentamente en el poder.
La comparecencia del presidente, convocada para dar explicaciones sobre un Consejo Europeo, ha quedado sepultada por la corrupción que rodea al Gobierno. Abascal ha comparecido inmediatamente después de Feijóo y ha querido hablar al líder del PP tanto como al propio Sánchez.
La intervención de Abascal: denuncia de una ‘trama’ y aviso al PP
El presidente de Vox ha dedicado buena parte de su turno a detallar lo que considera una operación política de gran calado. Según ha expuesto, el Ejecutivo de Sánchez ha puesto en marcha un entramado cuyo objetivo es ‘alterar el resultado de las próximas elecciones’ para perpetuarse en la Moncloa. En su descripción, esa trama incluye varios frentes: la eliminación de controles sobre el voto de los españoles en el extranjero, la distribución masiva de pasaportes a personas que nunca han residido en España y, de manera más llamativa, la colaboración de regímenes extranjeros para manipular los sufragios.
‘El régimen cubano, por ejemplo, va a ser el encargado de recoger y enviar las papeletas, va a mandar cientos de miles de votos directamente a las urnas’, ha llegado a afirmar Abascal, señalando también a estructuras chavistas en Venezuela y kirchneristas en Argentina como parte de esa supuesta red. El discurso ha sido la pieza central de una intervención que ha combinado la denuncia de la corrupción del caso Ábalos –condenado a 24 años de cárcel– con una visión conspirativa del poder socialista.
Sin embargo, el momento que más expectación ha generado ha sido el giro final hacia el PP. Abascal ha mirado directamente a la bancada popular para advertir: ‘Crédanme, señor Feijóo y señores del PP, el cambio no está hecho, ni va a ser fácil hacerlo’. Y ha añadido: ‘No les ayuda en nada a esos que ya les dicen que hay que repartirse gobiernos que aún no existen ni se han alcanzado’. Las palabras sonaban a recordatorio de que Vox no regalará su apoyo y de que Feijóo no puede dar por descontada una mayoría alternativa.
La advertencia de Abascal no es solo retórica: Vox pone condiciones a un apoyo parlamentario que el PP no puede dar por sentado.
El mensaje, duro y sin paños calientes, se produce en un momento en el que el partido de Abascal se esfuerza por marcar perfil propio frente a los populares, incluso en una crisis de Estado como la que ha provocado la sentencia del caso Koldo.
Reacciones en la Cámara y el pulso entre bloques
La intervención de Abascal ha sido solo una parte de un debate bronco. Alberto Núñez Feijóo había reclamado minutos antes la dimisión de Sánchez y la convocatoria inmediata de elecciones, llegando a calificar al presidente como ‘el nexo político corruptor’ de una trama que puso ‘el Estado en manos de gentuza’. El líder del PP ha llegado a ofrecer su propio ejemplo de gestión honesta –’no haber metido la mano en la caja nunca’– pero ha evitado responder a las preguntas concretas de Sánchez sobre el Consejo Europeo.
El Gobierno ha respondido con los argumentos habituales. Sánchez ha desvinculado el caso del Ejecutivo y ha pedido a la Justicia ‘que sea justa’. Los socios parlamentarios han exhibido sus propias tensiones: Miriam Nogueras (Junts) ha pedido a Sánchez que se aparte para que otro candidato socialista lidere el Ejecutivo con la misma mayoría, mientras que Gabriel Rufián (ERC) ha interrogado directamente al presidente sobre si ‘sabía algo’ o ‘ha robado’, aunque sin retirarle el apoyo.
En ese tablero de reproches, Vox ha conseguido lo que perseguía: aparecer como el actor que no se pliega a las estrategias de bloques y que recuerda que cualquier futura mayoría alternativa pasa por sus escaños.
La estrategia de Vox: condicionar el relevo y marcar la agenda anticorrupción
El aviso de Abascal a Feijóo no es un hecho aislado. Responde a un cálculo estratégico que Vox viene aplicando desde la ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos en 2024. Entonces, el partido demostró que no aceptaría ser un socio silencioso y que exigiría contrapartidas tangibles –en inmigración, fiscalidad o políticas de seguridad– para facilitar cualquier investidura.
Ahora, con una legislatura cada vez más desgastada y los sondeos apuntando a un posible vuelco electoral, la dirección de Vox refuerza la idea de que apoyar al PP no será automático. La frase ‘el cambio no está hecho ni va a ser fácil’ es, en realidad, una hoja de ruta: cualquier pacto de gobierno deberá negociarse en detalle, y Vox no está dispuesto a regalar sus votos a cambio de nada.
Esa posición le permite, además, capitalizar la indignación ciudadana frente a la corrupción de una manera más creíble que el PP. Mientras Feijóo insiste en ofrecer su propia ‘experiencia de gobierno’ como aval de honestidad, a Vox le basta con señalar que, sin su concurso, las promesas de limpieza se quedan en palabras. La advertencia de este miércoles deja claro que el partido de Abascal se prepara para ser, otra vez, un actor decisivo en la recta final de la legislatura, y que la presión al PP no ha hecho más que empezar.
