La fiebre de la inteligencia artificial tiene un efecto colateral cada vez más tangible: un kit de 32 GB de RAM DDR5 que hace un año costaba unos 120 euros roza ahora los 420. La causa principal, según los fabricantes, es el insaciable apetito de los centros de datos de IA, que este año coparán el 70 % de la producción mundial de chips de memoria.
Claves de la operación
- La demanda de IA eleva el precio de la RAM un 400%. Un solo bastidor de servidor puede consumir 20 TB de HBM3E y 17 TB de LPDDR5X, equivalentes a la memoria de mil portátiles. Fabricantes como Micron han cerrado su división de consumo para centrarse en clientes empresariales.
- La crisis del helio y el conflicto en Irán agravan la escasez. Los ataques en el golfo Pérsico han cortado el suministro de helio de Catar, vital para la fabricación de semiconductores. Un tercio de la producción mundial de helio ha desaparecido del mercado.
- La ‘shrinkflation’ tecnológica llega al PC y al móvil. Para esquivar los sobrecostes, los fabricantes reducen la cantidad de RAM en sus equipos o recurren a memoria DDR3 y DDR2, cuyo precio se ha disparado un 60% en el segundo trimestre según TrendForce.
El acaparamiento de los hyperscalers: un servidor consume la RAM de mil portátiles
En 2025, G.Skill ya advertía de una “demanda sin precedentes” de la industria de la inteligencia artificial. Ahora las cifras confirman el impacto: los centros de datos de IA absorberán siete de cada diez chips de memoria producidos en 2026. La memoria de alto ancho de banda (HBM) y la LPDDR5X se han convertido en el estándar de los racks de entrenamiento y, para los fabricantes, vender a AWS o Google Cloud genera un margen muy superior al de los kits domésticos.
Micron llevó esa lógica al extremo a principios de año: canceló Crucial, su marca de venta directa al consumidor, y redirigió toda su capacidad a los clientes de IA. La decisión eliminó de un plumazo una de las alternativas más asequibles para el montador particular. Samsung y SK hynix operan con una estrategia similar: las obleas que antes se destinaban a DRAM de consumo ahora salen de la línea como HBM3E o DDR5 para servidor.
El resultado es una distorsión de precios que no se limita al canal profesional. TrendForce calcula que la capacidad de producción de memoria para PC se ha contraído un 22 % interanual sencillamente porque las líneas están copadas por encargos empresariales.
El efecto dominó sobre la memoria antigua y el recorte de prestaciones
El shock de precios ha empujado a muchos fabricantes de dispositivos a resucitar tecnología que se consideraba obsoleta. DDR3 (lanzada en 2007) y DDR2 (2003) estaban reservadas a equipos industriales, automoción y redes médicas donde la homologación impide un salto generacional. Ahora los pedidos de DDR2 para nuevos productos de consumo han disparado su cotización un 60 % solo en el segundo trimestre.
El problema es que esta memoria resulta inservible para la mayoría de aplicaciones actuales. Los procesadores que soportan DDR2, por ejemplo, no son compatibles con Windows 11, así que recurrir a chips de hace dos décadas no soluciona el cuello de botella del PC doméstico. Simplemente encarece también ese nicho industrial que antes operaba con precios estables.
En el segmento de los smartphones la presión es igual de intensa. Los terminales de menos de 300 euros ya han subido hasta un 25 %. Trece de cada cien compradores de móviles de gama baja se van a encontrar con menos RAM o menos almacenamiento del que esperaban, según las proyecciones de los analistas, porque los fabricantes optan por recortar especificaciones antes que trasladar todo el incremento al precio final.
La demanda de IA ha convertido un módulo de memoria de 32 GB en un artículo de lujo, y los consumidores ya están pagando el sobrecoste sin que se vislumbre un alivio a corto plazo.
Análisis: ¿hasta cuándo durará esta distorsión del mercado?
Desde esta redacción observamos una paradoja clásica de los ciclos tecnológicos: la inversión en infraestructura de IA es tan rentable para los grandes proveedores de nube que estos están dispuestos a pagar lo que sea necesario por la memoria más rápida. Mientras ese diferencial de margen se mantenga, la fábrica seguirá volcada hacia el segmento servidor.
El antecedente histórico más cercano no es tranquilizador. Entre 2017 y 2018, el auge de la minería de criptomonedas provocó un alza muy similar en los precios de las tarjetas gráficas y de la DRAM. La normalización llegó cuando la burbuja de la minería pinchó, no porque la producción se disparase. Ahora el motor de la demanda es más sólido, lo que hace temer una meseta de precios elevados incluso a largo plazo.
En España, el impacto ya se palpa en los presupuestos de TI de las pymes que renuevan equipos. Un servidor de oficina con 64 GB de RAM DDR5 cuesta hoy más que un clúster de virtualización de hace dos años. Para el canal de distribución, la volatilidad se ha vuelto ingobernable: los precios de los módulos DDR5 ya se ajustan hora a hora, lo que complica cualquier planificación de inventario.
La pregunta no es si los precios volverán a bajar, sino a qué nivel lo harán. Incluso las estimaciones más optimistas sitúan cualquier alivio en la segunda mitad de 2027, y con un suelo que duplicaría la tarifa de 2024. Construir una planta de DRAM lleva entre tres y cuatro años, y la nueva capacidad, cuando llegue, se orientará en primer lugar a los clientes de IA. La era de la RAM barata va a ser recordada como una anomalía histórica mientras la inteligencia artificial siga teniendo hambre de datos.


