Vox ha cerrado el curso parlamentario escenificando, junto al PP y Junts, la exigencia de dimisión de Pedro Sánchez. La moción no vinculante aprobada en el último pleno ordinario del Congreso –con 178 votos a favor y 171 en contra– insta al presidente a plantear una cuestión de confianza y a dimitir por la acumulación de investigaciones de corrupción que cercan a su entorno político y personal.
La formación que lidera Santiago Abascal lleva meses manteniendo una postura inequívoca: Pedro Sánchez está inhabilitado para seguir al frente del Gobierno. La corrupción, el bloqueo institucional y la imposibilidad de sacar adelante unos presupuestos desde hace tres años hacen, a juicio de Vox, insostenible la continuidad del Ejecutivo.
La moción impulsada por el PP y respaldada por Vox, UPN y los siete diputados de Junts contenía cinco puntos, aunque la Mesa del Congreso, con mayoría del PSOE y Sumar, inadmitió los dos primeros –que reclamaban elecciones anticipadas y la dimisión en bloque del Gobierno–. Los tres puntos que sí se debatieron y votaron reflejaban el núcleo argumental compartido por Vox: la necesidad de que Sánchez valore una cuestión de confianza, la constatación de que las investigaciones por corrupción exigen su dimisión y la denuncia del veto del Ejecutivo a iniciativas parlamentarias.
El portavoz popular Jaime de Olano defendió la iniciativa señalando que el Gobierno “no gobierna, resiste”, en una intervención que Vox comparte y amplía desde su propio diagnóstico de la legislatura. Para la formación de Abascal, cada investigación que salpica a La Moncloa o al entorno familiar del presidente aleja al país de la normalidad institucional y reclama un punto de inflexión inmediato.
Un respaldo que estrecha el cerco pero sin efectos vinculantes
Los 178 votos favorables, entre ellos los 33 diputados de Vox, suponen un serio aviso al presidente a pesar de que la moción carece de fuerza jurídica. La mayoría absoluta de la Cámara ha señalado que la situación exige un gesto de responsabilidad del jefe del Ejecutivo.
Vox siempre ha sido partidario de utilizar todos los instrumentos parlamentarios a su alcance para forzar la salida de Sánchez, desde mociones de censura hasta proposiciones de ley. El apoyo ayer a la moción del PP se enmarca en esa estrategia de desgaste constante que, sin embargo, no disimula las diferencias con los populares. Desde Vox se insiste en que la única alternativa real al sanchismo pasa por un Gobierno que aplique sin complejos las políticas de cambio que demanda la calle.
Alberto Núñez Feijóo celebró el resultado como “un antes y un después” y aseguró que actuará cuando lo considere oportuno. La lectura en la sede nacional de Vox es más cruda: el PP debe pasar de los gestos a los hechos y dejar de vetar a Vox en las mayorías alternativas si de verdad quiere tumbar al Gobierno.
La moción no derriba al presidente, pero deja a Sánchez sin la coartada de una Cámara que le respalda sin fisuras.
El segundo revés para el Gobierno llegó poco después, cuando Junts volvió a alinearse con PP, Vox y UPN para tumbar el real decreto de Transportes que movilizaba unos 1.000 millones de euros. La jornada evidenció que el bloque de la investidura acumula grietas importantes y que Vox sigue siendo pieza clave en la pinza opositora.
Vox consolida su papel en el bloque opositor
El cierre del curso parlamentario fortalece la posición de Vox dentro de la oposición. Su voto fue decisivo para arrancar del Congreso un pronunciamiento que, aunque simbólico, conecta con el malestar de millones de españoles ante la corrupción que empaña la legislatura. La formación mantiene que el sanchismo no tiene proyecto más allá de resistir y que urge una regeneración que solo llegará con un cambio profundo de políticas.
La capacidad de Vox para sumar con PP y Junts en iniciativas de alto voltaje político demuestra que el espacio opositor es más amplio de lo que el Gobierno quiere admitir. Aunque las diferencias con Junts y el PNV impiden hoy una moción de censura exitosa, el partido de Abascal interpreta la votación como un paso más en la construcción de una mayoría social y política que acabe desalojando a Sánchez.
La legislatura entra ahora en un receso estival, pero Vox ya anticipa que los plenos extraordinarios de julio mantendrán la presión. La dirección del partido confía en que cada nueva derrota del Ejecutivo acerque el momento de una alternativa real y en que el PP asuma que no hay cambio posible sin contar con los 33 diputados de Vox.

