Pulte purga la ODNI: 50 analistas de inteligencia despedidos sin explicación

Los despidos afectan a los oficiales nacionales de inteligencia superiores para Rusia-Ucrania, China y armas de destrucción masiva. La purga, ejecutada por el director interino sin experiencia en seguridad nacional, carece de justificación oficial y amenaza con desm

Bill Pulte, el director interino de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI), ha despedido a más de 50 altos funcionarios de inteligencia del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC) esta semana sin ofrecer explicación alguna. La purga, confirmada por fuentes internas de la agencia, arrasa con los oficiales nacionales de inteligencia (NIO) responsables de la coordinación de informes sobre Rusia-Ucrania, China y las armas de destrucción masiva. Lo hago sin rodeos: es la mayor sacudida en la comunidad de inteligencia estadounidense desde la salida de Tulsi Gabbard. Y, como verá usted, viene sin manual de tradecraft.

La purga con almádena: qué ha pasado exactamente

Los avisos de despido llegaron por correo electrónico, desde Recursos Humanos. Después, los nuevos directivos del equipo de Pulte acudieron a los despachos y, con frialdad profesional, aseguraron a los empleados que no se les despedía por pertenecer a un supuesto ‘Estado profundo’. Según una fuente del ODNI consultada por SpyTalk, los más de 50 analistas fueron barridos sin que se citara causa alguna ni se reportaran acciones adversas previas. La mayoría fueron transferidos de vuelta a sus agencias de origen, en lo que se describe como un reguero de ceses indiscriminados. "Se hizo con una almádena", declaró la fuente, "y parecía haber algo aleatorio en todo ello".

Uno de los detalles más elocuentes: la purga afectó a los oficiales nacionales de inteligencia (NIO) que servían de puente entre 17 agencias dispares, resolvían disputas internas y actuaban como gestores de crisis cuando sus áreas de responsabilidad explotaban. Eran, en su mayoría, profesionales no partidistas, con fama de rigor analítico. Y en la administración Trump, pagaron el precio de su independencia. El mismo Consejo Nacional de Inteligencia que ahora queda descabezado produjo el año pasado un informe que contradijo la afirmación del presidente Trump sobre la invasión criminal desde Venezuela, lo que costó el puesto al entonces director interino del NIC y a su adjunto por orden de Tulsi Gabbard.

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Ironicamente, entre los despedidos esta semana figuran algunos de los últimos ayudantes de Gabbard, incluida su portavoz principal, Olivia Coleman, y Walter Ruger, director adjunto de integración de misiones, puesto en "licencia administrativa". El equipo de Pulte sospechaba que los colaboradores de Gabbard habían filtrado detalles embarazosos de sus primeros días como director interino, cuando, según se dice, pidió acceso a un avión oficial y se interesó por llevarse documentos clasificados a casa.

El historial de la ODNI y la doctrina de la inteligencia bajo Trump

Conviene recordar que la ODNI, creada hace más de veinte años para corregir los fallos de inteligencia que condujeron al 11S, arrastra críticas de ser una burocracia hinchada. El senador Tom Cotton, republicano que preside el Comité de Inteligencia del Senado, elogió los recortes como "un paso en la dirección correcta". Y la propia Gabbard ya había suprimido unos 500 puestos en 2025. Pero lo de Pulte es distinto: traslada la tijera al corazón analítico de la comunidad.

De hecho, la purga amenaza con desmantelar la misión primordial del NIC: coordinar la inteligencia sensible entre las 17 agencias y elevarla a los responsables políticos de la Casa Blanca. La fuente del ODNI lo expresa con crudeza: "¿Cree usted que los oficiales superiores de la CIA van a escuchar a un GS-13 o a un asistente de menor rango que les diga lo que tienen que hacer?". En otras palabras, los recortes socavan la propia razón de ser de la ODNI, algo que encaja con el objetivo último de Pulte y de su patrocinador en la Casa Blanca.

National Intelligence Council

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El vector de amenaza en esta ocasión no es un ciberataque sofisticado ni una infiltración humana. Es una reestructuración política interna con un impacto devastador en la arquitectura de la inteligencia estadounidense. La administración Trump, a través de un hombre sin experiencia previa en seguridad nacional, está eliminando la capacidad analítica independiente. Las agencias implicadas son, por un lado, la propia ODNI y el NIC como víctimas directas; por otro, las 17 agencias de la comunidad de inteligencia que dependen de esos analistas veteranos para coordinar informes. Los terceros observadores son los aliados de Five Eyes (Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), que podrían encontrar más dificultades para obtener inteligencia fiable de Washington.

En el oficio esto tiene un nombre: descabezamiento funcional. Si los oficiales nacionales de inteligencia que llevan años cultivando relaciones con las fuentes y los analistas de la CIA, la NSA o el FBI son sustituidos por personal subalterno, el flujo de información se enturbia. El nivel de clasificación de los informes que manejaban esos NIO es, en su mayoría, Top Secret o Secreto, por lo que la rotura del puente entre los productores de inteligencia y los decisores políticos incrementa el riesgo de que se tomen decisiones sin el matiz necesario. Y como advertí en El quinto elemento, "el próximo 11S empezará con un clic", pero la probabilidad de que ese clic pase inadvertido crece cuando se desmantela de un martillazo el sistema de alerta temprana.

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El precedente histórico me lleva a la purga de la comunidad de inteligencia tras la invasión de Irak en 2003, cuando se intentó recortar a los analistas que discrepaban. O, más atrás, al despido de William Colby como director de la CIA en 1976, víctima de las luchas políticas en Washington. En cada caso, la capacidad de anticipar amenazas se resintió durante años. Ahora, con una administración que ya había mostrado hostilidad hacia la objetividad analítica, el daño puede ser irreversible a corto plazo. La próxima reunión del Comité de Inteligencia del Senado será clave: si Tom Cotton da luz verde a más tijeretazos, la inteligencia estadounidense se volverá sorda ante los rugidos de Pekín y Moscú.

La inteligencia que no se comparte es ruido; la inteligencia que se censura es desinformación. Pulte está silenciando la sala de máquinas de Estados Unidos.

Cuando hablo con fuentes de la Casa de Castelló (eufemismo que empleamos para referirnos al CNI), la preocupación es que un Washington ensimismado en sus purgas internas descuide los intercambios con aliados. España depende de la información compartida por la CIA y el GCHQ para vigilar el flanco sur y la amenaza yihadista. Si los canales se degradan, el CNI tendrá que redoblar sus fuentes propias en el Magreb y el Sahel. Permítame recordarle que, en 2014, cuando la CIA sufrió recortes similares, se multiplicaron las operaciones unilaterales del CNI en Marruecos, con los roces diplomáticos que eso conlleva.

Lo que hoy ocurre en Liberty Crossing no es una simple reestructuración administrativa. Es un mensaje de que la lealtad política importa más que la verdad analítica. Y en el mundo del tradecraft, eso se paga con errores de inteligencia. La próxima reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, prevista para julio, podría ofrecer ya las primeras señales: informes más planos, menos matices. Luego vendrán los silencios.