La vivienda vuelve a marcar récord en la lista de quebraderos de cabeza de los españoles. Según el último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, correspondiente a enero de 2026, el 42,6% de los encuestados sitúa el acceso a una casa como el principal problema del país, tres puntos más que en la medición anterior.
No es un dato aislado ni una anécdota estadística. Detrás de ese salto hay hipotecas que no llegan, alquileres que se disparan por encima del salario y una generación entera que retrasa su independencia. El CIS lleva meses documentando cómo este malestar se ha instalado de forma casi permanente en la conversación pública.
Por qué la vivienda pesa tanto en el día a día
El salto de tres puntos en solo un mes no surge de la nada. El precio medio de una casa en España ya equivale a catorce años de salario, según los últimos cálculos disponibles, y la entrada necesaria para comprar se lleva cuatro años enteros de sueldo. Son cifras que explican por qué la preocupación no deja de crecer mes tras mes.
A eso se suma un mercado del alquiler tensionado en las grandes capitales, donde los precios llevan subidas de dos dígitos interanuales en ciudades como Madrid o Barcelona. Para muchas familias, el problema ya no es solo comprar: es simplemente encontrar un piso que puedan pagar sin asfixiarse.
Lo que dice el barómetro oficial
El problema de la vivienda se ha convertido en el asunto que más divide a la opinión pública, muy por delante de otros frentes como la economía o la política. El CIS, el organismo público encargado de medir el pulso social de España desde 1963, confirma en su barómetro de enero que, tras la vivienda, los problemas económicos ocupan el segundo lugar con un 21,2%, y el Gobierno y los partidos políticos el tercero, con un 16,6%. La inmigración, un asunto que en otros meses había escalado posiciones, queda relegada a un plano secundario en esta última fotografía.
El dato personal es igual de revelador: cuando se pregunta qué problema afecta directamente a cada encuestado, la crisis económica sigue en cabeza, pero la vivienda le pisa los talones con un 28,2%. Entre los más jóvenes, de 18 a 34 años, la vivienda ya es la principal preocupación personal, por encima incluso de la economía.
Una tendencia que viene de lejos
Conviene poner el dato en perspectiva porque no es la primera vez que la vivienda ocupa el primer puesto. Ya en diciembre de 2024 superó por primera vez en años al desempleo y la crisis económica, y desde entonces se ha mantenido casi de forma ininterrumpida como la mayor inquietud de los españoles. Solo en 2007, en plena efervescencia de la burbuja inmobiliaria, había ocurrido algo parecido.
Lo llamativo del barómetro de enero no es tanto la posición como la velocidad del ascenso: tres puntos en un solo mes es un incremento poco habitual en encuestas de opinión, que suelen moverse con más lentitud. Los analistas apuntan a que la combinación de subidas de precios, tipos hipotecarios altos y escasez de oferta ha creado una tormenta perfecta.
El origen del problema: falta de oferta
La raíz del malestar tiene un nombre técnico pero un efecto muy concreto: déficit estructural de vivienda. España arrastra desde la crisis financiera de 2008 un ritmo de construcción que no cubre la formación de nuevos hogares, y eso ha ido tensionando el mercado año tras año hasta convertirlo en el principal foco de ansiedad social.
Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea han alertado ya sobre esta escasez, señalando que la falta de oferta seguirá presionando al alza tanto los alquileres como los precios de compraventa mientras no se resuelva el cuello de botella en la construcción.
Cuatro factores explican, en gran medida, esta escalada:
- Escasez de suelo urbanizable en las zonas con más demanda laboral.
- Tipos de interés elevados, que encarecen las hipotecas y frenan la compraventa.
- Presión de la inversión institucional sobre el parque de alquiler.
- Burocracia y plazos de tramitación que ralentizan la obra nueva.
Qué puede cambiar a partir de ahora
La buena noticia, si puede llamarse así, es que la vivienda ya no es un tema tabú en la agenda política ni social. Administraciones autonómicas y locales han empezado a mover fichas con planes de vivienda asequible, avales hipotecarios para jóvenes y fórmulas como el co-living, que están ganando terreno como respuesta puente mientras se resuelve el problema de fondo.
El reto real está en la velocidad: construir vivienda lleva años, y la presión social pide resultados ya. Si algo enseña este último barómetro es que los españoles no van a dejar de mirar este termómetro cada mes, y que cualquier gobierno, del signo que sea, tendrá la vivienda como examen obligatorio en lo que queda de legislatura.


