Málaga se ha consolidado como uno de los epicentros de la construcción industrializada en Andalucía, un sector que promete revolucionar la edificación con sistemas modulares que reducen plazos y costes. La constitución este año del Clúster de Construcción Avanzada e Industrializada (CAI) ha situado a la provincia en el mapa de una tendencia que en España apenas representa el 2 % de las obras, frente al 50 % que alcanza en Países Bajos.
El diagnóstico del sector tradicional es compartido: según Juan Manuel Rojas, director del estudio Hombre de Piedra e impulsor del clúster, más de la mitad de los trabajadores de la construcción supera ya los 50 años y no hay relevo generacional. Los salarios han crecido casi un 30 % sin mejoras de productividad, según los datos que manejan los promotores. «La única solución es cambiar el enfoque», sostiene Rojas.
Para liderar ese cambio, una veintena de empresas andaluzas —entre ellas las promotoras Grupo Insur y Galia, las constructoras Felipe Castellano y Bilba, y los grupos industriales Cosentino, Baublock o Calconsa— han aunado fuerzas en el CAI. El objetivo es avanzar hacia métodos más industrializados, sostenibles y tecnificados que ofrezcan previsibilidad en tiempos y presupuestos.
«Es un cambio que requiere la colaboración de todos los eslabones de la cadena», explica Rojas, quien añade que en las obras híbridas «cuanto mayor es el porcentaje de industrialización, más fiabilidad tiene el proceso constructivo». Felipe Castellano, presidente del clúster, enumera tres condiciones para que el sistema despegue: «concentración empresarial para ganar músculo, adaptación financiera para soportar la inversión y un cambio cultural en el diseño y la contratación».
En Málaga, la compañía Felipe Castellano ha creado EOSS, una planta especializada en baños industrializados que ya produce 4 000 unidades al año, con capacidad para duplicar esa cifra hasta las 8 000. «La actividad industrializada mejora la rentabilidad al concentrar el trabajo en centros estables y repetitivos», detalla el empresario. La iniciativa es uno de los ejemplos más palpables de cómo la industrialización gana terreno en la provincia.
«En Países Bajos la construcción industrializada acapara la mitad de las obras; en España apenas supera el 2 %, según el último informe de Alimarket».
Pero la apuesta no se limita a los baños. En Valderrubio (Granada), el proyecto IberoLam Timber&Technology —surgido de la Universidad de Granada— ha iniciado la construcción de una fábrica de soluciones industrializadas en madera, con un sistema mixto madera-hormigón. La instalación, respaldada por accionistas como Teconsgra, Rehabitec y Promociones Bembézar, contará con dos naves para mecanizado y montaje.
En El Puerto de Santa María (Cádiz), la firma Baublock ha invertido más de 30 millones de euros en una fábrica de estructuras de hormigón celular curado en autoclave (HCCA), un material más ligero que el tradicional. Por su parte, Galia ha lanzado Hi-SELF System, un sistema industrializado en seco basado en la metodogía Light Steel Framing que asegura aislamientos óptimos y acabados uniformes. La sevillana Insur, en su nuevo plan estratégico, ha colocado la competitividad con tecnología en el centro de sus operaciones.
El impulso público también ha llegado desde el ámbito local. El Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra (Sevilla) ha diseñado un concurso pionero en España para levantar dos edificios con 200 viviendas sociales, otorgando la máxima puntuación al grado de industrialización y excluyendo de facto a los operadores tradicionales. La ejecución se ha adjudicado a la unión temporal de Aunark (impulsada por Hombre de Piedra), Bilba y EOSS, con el reto de demostrar que es posible construir con costes similares al modelo convencional pero con plazos mucho más certeros.
La Lectura Andaluza
El despegue de la construcción industrializada llega en un momento especialmente sensible para el mercado inmobiliario andaluz. En Málaga, donde los precios de la vivienda han escalado con fuerza en los últimos años, reducir los plazos de entrega sin disparar los costes se ha convertido en una prioridad para promotores y administraciones. La posibilidad de acortar la ejecución de una promoción hasta un 30 % —según estiman las empresas del clúster— supone un alivio directo para miles de familias que esperan su hogar y para los presupuestos públicos, que pueden estirar cada euro invertido en vivienda social.
Además, el nuevo modelo ataca de raíz uno de los problemas estructurales más graves del sector: la falta de relevo generacional. Atraer talento joven a una industria que se percibe como sucia y precaria es difícil, pero las fábricas de componentes modulares ofrecen entornos de trabajo más estables, tecnificados y atractivos. Con el 50 % de la plantilla actual por encima de los 50 años, según los datos que maneja Hombre de Piedra, la transformación no es un lujo, sino una necesidad para que la construcción no se apague lentamente.
Desde el punto de vista normativo, el concurso de Alcalá de Guadaíra marca un precedente que otros ayuntamientos —y en último término, la Junta de Andalucía— pueden seguir. Si la administración autonómica incorporara criterios de industrialización en sus pliegos de contratación y facilitara la adaptación financiera del sector, Andalucía podría no solo resolver su déficit de vivienda, sino exportar conocimiento y componentes a otros mercados. Las fábricas de Valderrubio, El Puerto de Santa María y Málaga son ya semillas de un ecosistema que, si recibe el impulso adecuado, transformará el paisaje de nuestras ciudades con edificios más rápidos, sostenibles y de mayor calidad.

