Una simple regla de distancia está restando ventas al mercado de repetidores WiFi en España. Fabricantes como TP-Link y Netgear insisten en que, antes de gastar dinero en amplificadores, el usuario revise si su router está demasiado pegado a otros aparatos. La recomendación es tan barata como mantener 30 centímetros libres alrededor del equipo, una medida que, según sus guías técnicas, mejora la velocidad sin pasar por caja.
Claves de la operación
- La regla de los 30 centímetros es la recomendación oficial de TP-Link y Netgear. Consiste en alejar el router de televisores, consolas, altavoces Bluetooth y cualquier dispositivo que genere interferencias electromagnéticas.
- Los repetidores y sistemas mesh facturan cientos de millones en España. Según datos del sector, el mercado de dispositivos de red doméstica superó los 400 millones de euros en el último ejercicio, impulsado precisamente por la frustración con la señal WiFi.
- La Wi-Fi Alliance respalda el concepto técnico. Su documentación sobre interferencias en la banda de 2,4 GHz confirma que electrodomésticos y otros emisores cercanos pueden reducir la tasa de transferencia hasta un 30%.
El consejo es sencillo: dibujar una zona de exclusión de 30 centímetros alrededor del router. En esa burbuja no deben convivir televisores, consolas de videojuegos, microondas, cargadores inalámbricos ni altavoces con Bluetooth activo. Todos esos equipos operan en frecuencias similares a las de la red WiFi doméstica, lo que genera colisiones y reduce el ancho de banda disponible para móviles, ordenadores y tablets.
No es magia. Es física. Las ondas electromagnéticas se solapan y un router asfixiado entre tres aparatos emite igual que uno despejado, pero la señal útil que llega al iPhone o al portátil es peor. La Wi-Fi Alliance ha documentado que el ruido electromagnético cercano puede reducir la velocidad incluso un 30%, el mismo porcentaje que muchos usuarios quieren recuperar comprando un repetidor de 80 euros.
De hecho, el mercado español de extensores de red y sistemas mesh ha crecido a doble dígito en los últimos tres años. Las grandes superficies y las operadoras de telecomunicaciones dedican lineales enteros a estos productos, un negocio que se apoya en la percepción de que el router que entrega el operador es insuficiente. Sin embargo, TP-Link y Netgear, dos de los mayores fabricantes mundiales, llevan años publicando guías que contradicen esa narrativa comercial: antes de comprar nada, mueve el router 30 centímetros.
El repetidor más caro del mundo no puede derrotar a un microondas a 15 centímetros del router.
El fenómeno afecta por igual a los routers más punteros. Ni el Wi-Fi 7 ni la tecnología mesh libran a los dispositivos de las leyes de la física. Un router pegado a un televisor de 65 pulgadas sigue siendo un router mal colocado, cueste lo que cueste. La velocidad máxima teórica del estándar ayuda a disimular la pérdida, pero no la elimina.
La regla de los 30 centímetros, además, es universal: sirve para cualquier router, operador o banda de frecuencia. No caduca con las nuevas generaciones. Y es la primera recomendación que debería figurar en cualquier servicio técnico, porque resuelve más incidencias que una actualización de firmware o un cambio de canal WiFi.
El ahorro potencial para los hogares españoles es relevante. El gasto medio en repetidores y sistemas mesh ronda los 90 euros por compra, según estimaciones de las grandes cadenas de electrónica. Si la mitad de esas ventas se evitaran con una reubicación gratuita del router, estaríamos hablando de decenas de millones de euros que no saldrían del bolsillo del consumidor.
Obviamente, hay viviendas con una distribución especialmente desfavorable o con materiales de construcción que bloquean la señal. Ahí sí tiene sentido un extensor. Pero la proporción de usuarios que invierten en hardware sin antes haber comprobado la colocación del router es, a juicio de los fabricantes, preocupantemente alta. TP-Link lo resume en su documentación técnica: “la ubicación lo es todo”.
Lo curioso es que la propia industria tradicionalmente ha evitado poner este mensaje en primer plano, porque los repetidores son un negocio lucrativo. Sin embargo, con la saturación del espectro en las ciudades y la llegada masiva de dispositivos IoT, la transparencia se ha convertido en un argumento de venta: los fabricantes que ayudan al usuario a optimizar la red sin venderle más cajas ganan en reputación y fidelidad.
En este contexto, la regla de los 30 centímetros funciona como un statement de marketing y como un mandato de eficiencia. Es una forma de decirle al consumidor que no necesita más hardware, sino mejor criterio. Y al mismo tiempo, blinda a la marca frente a las críticas de obsolescencia programada: si el router va lento, no es culpa del fabricante, sino de la tele que lo aprisiona.
La adopción masiva del teletrabajo ha hecho el resto. Una videollamada cortada por interferencias le cuesta a un profesional remoto tiempo, credibilidad y, a veces, dinero. De ahí que el consejo de los 30 centímetros, que antes parecía una anécdota de foros tecnológicos, haya escalado hasta las guías oficiales de los propios fabricantes.
Mover el router no resuelve todos los males del WiFi, pero es la intervención más barata y rápida que existe. Y en un país donde el 92% de los hogares con banda ancha fija declara usar conexión inalámbrica, según la CNMC, una mejora del 10% o el 20% en la velocidad sin coste añadido es una noticia que muchos deberían conocer antes de comprar un repetidor que quizás no necesiten.

