EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rusia lanzó un ataque masivo con 23 misiles balísticos y cientos de drones sobre Kyiv y la región circundante, matando al menos a 20 civiles y dañando decenas de edificios.
- ¿Quién está detrás? El Kremlin combinó plataformas aéreas, terrestres y navales para saturar las defensas ucranianas con proyectiles de alto poder destructivo, entre ellos los misiles Iskander y Kinzhal.
- ¿Qué impacto tiene? La ofensiva evidencia la escasez crítica de interceptores Patriot en Ucrania, justo antes de la cumbre de la OTAN en Ankara. Para España, eleva la presión sobre el gasto en defensa y puede desestabilizar el mercado del petróleo tras las represalias ucranianas sobre refinerías rusas.
Rusia ha matado al menos a 20 civiles en un bombardeo masivo sobre Kyiv y su región, solo 24 horas antes del inicio de la cumbre de la OTAN en Ankara. Ninguno de los 23 misiles balísticos lanzados fue interceptado, un dato que expone la crítica escasez de proyectiles Patriot en las defensas ucranianas y que sitúa la demanda de Zelensky de ‘decisiones firmes’ en el centro del encuentro que mantendrá mañana con Donald Trump.
El ataque, ejecutado en la madrugada del lunes, dejó 14 muertos en la capital y 6 en la región, según el Ministerio del Interior ucraniano. Los equipos de rescate extrajeron de entre los escombros de un edificio de viviendas de varias plantas los cuerpos de una pareja y su hijo. Una joven de 22 años, Alyona, aguardaba junto a un parque infantil noticias de su amiga Vika, de 19. “Solo esperamos a que los saquen… Es tan buena, solo 19 años”, declaró a Reuters, conteniendo el llanto.
Los datos de la Fuerza Aérea ucraniana revelan la magnitud del desafío. De los 23 misiles balísticos disparados, ninguno pudo ser derribado. En todo el mes de julio, solo 4 de los 49 proyectiles de este tipo lanzados por Rusia habían sido interceptados. En cambio, las defensas ucranianas sí lograron abatir 37 misiles de crucero y más del 90 % de los 351 drones empleados en la oleada.
Zelensky utilizó la red X para urgir a los aliados: “Mientras los Patriot permanezcan en los almacenes de nuestros socios, Rusia se sentirá alentada a seguir destruyendo edificios residenciales. Estados Unidos y Europa tienen el poder de detener este terror”. La reunión con el presidente Trump, prevista en el marco de la cumbre, se perfila como la última oportunidad para desbloquear nuevos envíos de interceptores antes de que el frío invierno ralentice las operaciones.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó un “ataque masivo” con armas de precisión de largo alcance contra instalaciones militares y energéticas en la región de Kyiv, así como aeródromos en otras provincias. Mientras, el Estado Mayor ucraniano reivindicó una operación de represalia con drones que impactó en tres refinerías rusas, incluida la de Omsk —la mayor del país, a más de 2.400 kilómetros—, y en dos buques de la llamada “flota fantasma” en el mar de Azov.
La ofensiva aérea rusa contrasta con el estancamiento de sus fuerzas terrestres. Aunque Moscú presiona sobre la estratégica ciudad de Kostiantynivka, el avance es prácticamente nulo y, de hecho, Ucrania ha recuperado terreno en varios sectores de un frente de 1.200 kilómetros. La guerra se libra cada vez más en el aire, y la diferencia la marcan los misiles antibalísticos que Kiev ya no tiene.
“La falta de misiles Patriot convierte cada ataque ruso en una ruleta rusa para las ciudades ucranianas, y el tiempo se agota a las puertas de Ankara.”
23 misiles balísticos, cero interceptados
La incapacidad de Ucrania para derribar los misiles de trayectoria semicircular — Iskander-M, Kinzhal o variantes lanzadas desde el mar— no es nueva, pero la envergadura del ataque del lunes la ha convertido en un problema de primer orden para la Alianza. El sistema Patriot PAC-3 MSE es, hasta la fecha, el único escudo operativo frente a este tipo de armas. Kiev dispone de un número reducido de baterías, y los misiles de repuesto escasean a medida que la producción en Estados Unidos intenta seguir el ritmo de los combates.
Según el último informe del Institute for the Study of War (ISW), la tasa de interceptación de misiles balísticos cayó por debajo del 10 % en julio. Cada semana sin refuerzos incrementa el riesgo de que un proyectil ruso alcance un centro de mando, una infraestructura eléctrica crítica o un nuevo bloque de apartamentos.
Cumbre de Ankara: Zelensky clama por Patriot antes de la cita con Trump

La reunión de líderes de la OTAN en la capital turca se inaugura mañana con una agenda centrada en el reparto de cargas y en la hoja de ruta para Ucrania. El presidente Zelensky acude con una petición concreta: interceptores Patriot y munición para los sistemas de defensa aérea de corto alcance. La Casa Blanca ha indicado que Trump está dispuesto a escuchar, pero fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com advierten de que cualquier nuevo paquete de ayuda podría condicionarse a concesiones territoriales.
El encuentro bilateral Trump-Zelensky será clave para despejar si Washington flexibiliza las entregas de los misiles que descansan en almacenes europeos —España, Países Bajos y Alemania poseen reservas— o si, por el contrario, la administración estadounidense mantiene el pulso transaccional que exige a los aliados elevar el gasto militar antes de autorizar transferencias sensibles.
Equilibrio de Poder
El ataque ruso y la cumbre de Ankara forman parte de un mismo tablero. Desde el eje Moscú-Washington, el Kremlin ha intensificado su campaña aérea para minar la moral ucraniana y generar presión sobre los líderes aliados justo cuando Trump busca una salida negociada del conflicto. Pero la imagen de edificios residenciales destrozados refuerza el argumento de quienes en el Congreso y en Bruselas defienden que solo un envío masivo de armamento puede forzar a Putin a detenerse.
Para España, las implicaciones son tanto de seguridad como económicas. La base aérea de Morón alberga unidades del Ejército del Aire con misiles Patriot, pero el Gobierno nunca ha autorizado su envío a Ucrania, alegando necesidades propias de defensa antiaérea y el despliegue permanente en la misión de la OTAN en Turquía. Moncloa se enfrenta ahora a la presión de un Consejo Europeo extraordinario y a la exigencia de Trump de elevar el gasto militar al 5 % del PIB. Paralelamente, los ataques ucranianos contra las refinerías rusas —entre ellas la gigante de Omsk— han disparado la volatilidad del crudo, lo que afecta directamente al precio del combustible en la Península e incrementa la prima de riesgo energética.
A corto plazo, la falta de interceptores amenaza con permitir a Rusia un golpe de gracia sobre la infraestructura eléctrica ucraniana antes del invierno, lo que obligaría a la Unión Europea a incrementar su asistencia humanitaria. A medio plazo, y si la cumbre de Ankara no concreta una nueva línea de financiación, la OTAN asumirá un riesgo calculado: el de que su flanco oriental quede expuesto a una Rusia que, aunque desgastada, sigue demostrando que puede golpear con libertad a un país que aspira a integrarse en la Alianza. Las próximas 48 horas en Turquía son, en ese sentido, el verdadero campo de batalla.

