Canadá elige los submarinos TKMS alemanes en el mayor contrato de defensa de su historia

Ottawa se decanta por el modelo Type 212CD frente al KSS-III surcoreano en un programa valorado en 70.000 millones de dólares. La decisión refuerza los lazos industriales con Europa en vísperas de la cumbre de la OTAN en Turquía.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Canadá ha seleccionado al astillero alemán TKMS para construir 12 submarinos Type 212CD, el mayor contrato de defensa de su historia.
  • ¿Quién está detrás? El gobierno canadiense, liderado por el primer ministro Mark Carney, ha optado por la oferta europea frente a la surcoreana de Hanwha Ocean.
  • ¿Qué impacto tiene? El programa, valorado en hasta 70.000 millones de dólares, refuerza la cooperación industrial con Europa, moderniza la flota canadiense y eleva la presión para que todos los aliados de la OTAN alcancen el 2% del PIB en defensa.

Canadá ha dado un paso histórico en su política de defensa al seleccionar al astillero alemán TKMS (ThyssenKrupp Marine Systems) para construir 12 nuevos submarinos de ataque. El anuncio, realizado el 6 de julio por el primer ministro Mark Carney, supone un espaldarazo a la industria naval europea y deja fuera de la carrera al grupo surcoreano Hanwha Ocean. El coste total del programa, incluyendo mantenimiento, infraestructura y armamento, podría alcanzar los 70.000 millones de dólares (unos 100.000 millones de dólares canadienses), lo que lo convierte en la mayor adquisición de defensa en la historia del país.

Las negociaciones con TKMS comenzarán de inmediato y se espera que el contrato quede cerrado antes de que finalice el año. El primer submarino debería entregarse en 2033, y tres unidades más llegarían en 2034. Los nuevos buques reemplazarán a los veteranos submarinos de la clase Victoria, que serán retirados a mediados de la próxima década.

«Esta ha sido una decisión difícil y muy reñida entre dos proveedores altamente cualificados», afirmó Carney durante el acto celebrado en Halifax, Nueva Escocia. «Tanto la plataforma de TKMS como la de Hanwha cumplían con los elevados requisitos de la Marina Real Canadiense y ambas presentaron propuestas sólidas para maximizar los beneficios a los trabajadores y las empresas canadienses».

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Type 212CD: el submarino europeo que convence a Ottawa

El modelo elegido es el Type 212CD, una evolución del exitoso submarino alemán equipado con propulsión independiente de aire (AIP) que le permite permanecer semanas sumergido sin necesidad de recargar baterías. Alemania y Noruega ya están construyendo unidades de este mismo diseño, lo que garantiza economías de escala y una integración logística más sencilla. La elección refuerza la apuesta de Canadá por una plataforma probada y furtiva, ideal para operar en las aguas frías del Ártico y del Atlántico Norte, donde la discreción submarina resulta determinante.

El programa de sustitución de los Victoria ha sido —y sigue siendo— una de las prioridades más complejas de la política de defensa canadiense. Los actuales submarinos, de origen británico, han sufrido problemas crónicos de mantenimiento desde su adquisición en los años noventa. Ahora, con una inversión que equivale al presupuesto anual de defensa de varios países medianos, Ottawa aspira no solo a modernizar su flota sino a integrar su cadena de suministro en el corazón industrial europeo.

La puja con Hanwha: ofensiva surcoreana y elección estratégica

La candidatura de Hanwha Ocean, con su submarino KSS-III, no fue una competencia menor. Corea del Sur desplegó una intensa campaña diplomática y de relaciones públicas que incluyó el envío de un submarino KSS-III a Victoria, Columbia Británica, en mayo pasado, para demostrar sus capacidades de largo alcance y realizar ejercicios conjuntos con la Armada canadiense.

Hanwha presentaba la operación como una oportunidad para que Canadá estrechase lazos con la región del Indo-Pacífico, escenario prioritario en la estrategia de defensa occidental. Sin embargo, Carney dejó claro que la elección de TKMS no supone un repliegue de su presencia en aquella zona: «Estamos muy comprometidos con la estrategia del Indo-Pacífico. Hay otras iniciativas que Canadá y Corea están impulsando para fortalecer nuestra resiliencia económica y nuestra huella de seguridad».

Setenta mil millones de dólares por doce submarinos: el precio de la coherencia industrial con Europa y de una Armada canadiense preparada para el Ártico del futuro.

Glenn Copeland, presidente de Hanwha Canadá, lamentó la derrota pero subrayó que la competencia ha servido para mostrar el potencial ilimitado de la industria de defensa surcoreana. «Hanwha y sus divisiones seguirán creciendo al margen de la decisión de hoy», apuntó en un comunicado.

Stephen Fuhr, secretario de Estado de Adquisiciones de Defensa, destacó que todo el proceso de selección se había completado en menos de un año, un tiempo récord para los estándares canadienses. La crítica recurrente a la lentitud de la burocracia de defensa canadiense parece haber encontrado por fin un contrapunto.

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Type 212CD

Equilibrio de Poder

La decisión de Ottawa debe leerse en clave de refuerzo del pilar europeo de la OTAN y de consolidación de la base industrial de defensa del continente. Al apostar por un diseño alemán que ya comparten Noruega —y que cuenta con la bendición de Bruselas—, Canadá envía una señal inequívoca: prefiere la interoperabilidad con sus aliados del flanco norte antes que abrir una nueva dependencia tecnológica con Asia. Para Washington, la jugada no presenta aristas problemáticas; el Pentágono puede seguir confiando en un socio fiable en el Ártico sin que el suministro crítico de submarinos quede en manos de un competidor geopolítico.

Para Rusia, el mensaje es nítido: la modernización de las capacidades submarinas aliadas en el Atlántico Norte se acelera. Moscú observa cómo la OTAN cierra uno de sus flancos más sensibles —el acceso al Ártico— con plataformas silenciosas y difíciles de detectar. El Kremlin ha invertido fuertemente en su propia flota de submarinos nucleares, pero la suma de las flotas alemana, noruega y, dentro de una década, canadiense, multiplica las opciones de vigilancia y disuasión en la zona.

La lectura para España es indirecta pero relevante. La industria naval española, liderada por Navantia, no participa directamente en el programa Type 212CD, aunque sí compite en el mercado internacional de submarinos con el S-80 Plus. El éxito de un astillero europeo en un concurso de esta envergadura demuestra que el producto continental es capaz de imponerse frente a ofertas asiáticas muy agresivas, lo que puede allanar el camino a futuras exportaciones de buques españoles. Además, el contrato canadiense eleva el listón de gasto en defensa dentro de la Alianza: si Ottawa, tradicionalmente reticente, compromete 70.000 millones de dólares en submarinos, Moncloa encontrará más difícil justificar los retrasos para alcanzar el 2% del PIB. La cumbre de la OTAN que arranca hoy en Turquía pondrá ese debate sobre la mesa una vez más.

A diez años vista, la decisión canadiense puede desencadenar un efecto dominó en otras marinas de potencias medias que buscan renovar sus flotas con productos europeos. El Ártico se perfila como el nuevo teatro de confrontación, y los submarinos furtivos serán una pieza imprescindible de cualquier estrategia de disuasión creíble. La pregunta que queda en el aire es si el resto de aliados europeos, incluida España, estarán a la altura en términos de inversión y de coordinación industrial cuando llegue su turno para modernizar las capacidades submarinas propias. La cita de hoy en Turquía puede ser un primer test.