Thales compra Exail: 4.500 millones para liderar la guerra antisubmarina europea

La adquisición de Exail por parte de Thales consolida un gigante europeo en guerra antisubmarina y lucha contra minas. La operación, valorada en 3.900 millones de euros, se acelera mientras Safran se retira y Fincantieri mueve ficha en Italia.

Thales ha firmado un acuerdo para adquirir el 35,5% de Exail Technologies, valorada en 3.900 millones de euros (unos 4.500 millones de dólares), con una prima del 44% sobre la cotización del 25 de junio. La operación desencadena una oferta pública de adquisición (OPA) por el resto de las acciones y supera la oferta competidora de Safran, que se retiró el viernes. La jugada refuerza la apuesta europea por los drones submarinos y la guerra antisubmarina autónoma.

El pulso con Safran y la prima del 44%

Thales ha comprado la participación de la familia Gorgé a 134 euros por acción, un precio un 44% superior al del 25 de junio, el día antes de que Safran revelara sus negociaciones exclusivas a 128,50 euros por título. Safran dio por terminadas esas conversaciones el pasado viernes al no conseguir condiciones mutuamente aceptables, según el comunicado de Thales recogido por Defense News. La oferta de Thales, que valora el 100% de la compañía en 3.900 millones de euros (unos 4.500 millones de dólares) incluyendo deuda, despeja cualquier duda sobre su determinación por controlar el fabricante de drones.

La transacción se cerrará en dos fases: la compra del paquete de los Gorgé se completará en el tercer trimestre de 2026 y, a continuación, se lanzará la OPA obligatoria por todas las acciones y bonos convertibles. Thales espera que la adquisición total quede finalizada, como muy tarde, a principios de 2028. La compañía prevé un impacto positivo en el beneficio operativo de más de 90 millones de euros en 2032 y asegura que la operación creará un valor significativo para sus accionistas desde el primer año.

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Exail: la joya francesa de la guerra de minas y drones submarinos

Exail es un actor clave en sistemas de contramedidas de minas con vehículos autónomos marítimos y en navegación inercial. Sus drones submarinos y de superficie ya participan en varios programas europeos, incluido el programa francés liderado por el propio Thales,, y su tecnología se emplea en cartografía del lecho marino, vigilancia e inteligencia. En 2025 facturó 479 millones de euros y cerró marzo de 2026 con una cartera de pedidos de 1.100 millones. El 76% de sus ingresos procede de la división de navegación y robótica marítima, mientras que el resto corresponde a tecnologías avanzadas como los sensores cuánticos.

Para Thales, el encaje es casi perfecto. La multinacional francesa es uno de los mayores fabricantes mundiales de sónares —incluidos los sónares remolcados que emplean la mayoría de las marinas occidentales— y con Exail gana masa crítica en el mercado de drones de guerra de minas y acelera la innovación en guerra antisubmarina (ASW). La propia presentación a inversores de Thales estima que el mercado de contramedidas de minas crecerá a un ritmo alto de un solo dígito hasta 2030, mientras que el mercado de drones antisubmarinos se multiplicará por ocho en el mismo período.

drones submarinos

En la guerra submarina del siglo XXI, quien controla los drones y los sensores cuánticos dicta las reglas del juego.

Equilibrio de Poder

La compra de Exail va mucho más allá de un movimiento empresarial: responde a la reconfiguración del dominio submarino, un espacio cada vez más disputado. La capacidad de detectar, rastrear y neutralizar minas y submarinos enemigos con medios no tripulados es vital para proteger las rutas comerciales, los cables de fibra óptica y las infraestructuras energéticas. Europa, que aún depende en parte de tecnología estadounidense, busca acelerar su autonomía estratégica. Con esta operación, Thales se coloca a la cabeza de la próxima generación de sistemas antisubmarinos, un nicho que Washington observa con atención porque podría erosionar el liderazgo de empresas como Lockheed Martin o L3Harris.

Para España, la lectura es tangible. La Armada opera en áreas críticas del flanco sur de la OTAN —estrecho de Gibraltar, Canarias, accesos al Mediterráneo— y necesita capacidades modernas de guerra de minas y ASW. Navantia, como constructor de referencia, podría beneficiarse de alianzas con el nuevo gigante francés, aunque también corre el riesgo de verse relegada a un papel de mero integrador si no invierte en I+D propia. Los contratos del programa europeo de contramedidas de minas ya incluyen plataformas de Exail; con Thales al mando, es probable que los próximos lotes de fragatas F-110 y submarinos S-80 Plus integren tecnología compartida. En paralelo, la italiana Fincantieri ha anunciado una inversión de 600 millones de euros para comprar cuatro empresas de drones y comunicaciones submarinas —Next Geosolutions, WSense, Graal Tech y Defcomm—, sumándose a sus recientes adquisiciones de Remazel y WASS. El grupo estatal italiano prevé alcanzar unos ingresos subacuáticos de 1.100 millones este mismo año y 1.800 millones en 2030, consolidando al Mediterráneo como un polo de innovación en guerra naval no tripulada.

La concentración de capacidades en unos pocos campeones europeos genera sinergias, pero también dependencias. Bruselas celebra el avance hacia una base industrial de defensa más cohesionada, aunque la sombra de una posible fricción comercial con Estados Unidos planea sobre el sector. Mientras tanto, el verdadero desafío para España es no perder el tren de los acuerdos de codesarrollo: si el Ministerio de Defensa y la industria nacional no logran anclar alianzas con los nuevos líderes, el país podría perder capacidad de decisión en un ámbito que, en menos de cinco años, habrá transformado todas las reglas de la guerra naval.