España consolida su papel de motor europeo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mantenido este miércoles la previsión de crecimiento para la economía española en el 2,1% del PIB para 2026, la más alta de toda la Eurozona. A pesar de que la guerra de Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han llevado al organismo a recortar una décima la expansión global, hasta el 3%, España se libra de los ajustes a la baja que han sufrido Alemania, Francia o Italia.
Según el último World Economic Outlook publicado en Washington, la economía mundial ha resistido mejor de lo esperado el impacto del conflicto en Oriente Medio gracias a una normalización más rápida de los mercados energéticos y al impulso de la inteligencia artificial. Sin embargo, la zona euro apenas crecerá un 0,9% este año, dos décimas menos de lo anticipado en abril, y los grandes socios del euro frenan su actividad: Alemania se queda en el 0,7% (una décima menos), Francia en el 0,6% (tres décimas de recorte) e Italia en el 0,5% sin cambios.
El Ministerio de Economía español ha valorado positivamente que el FMI no haya tocado sus números. ‘España es una de las pocas economías a las que el Fondo no rebaja la previsión’, destacan fuentes del departamento. La resiliencia se apoya en dos pilares: la demanda interna, que ha sorprendido al alza en el primer trimestre, y una menor exposición al encarecimiento de la energía gracias a la elevada penetración de las renovables.
Los motores internos que blindan a España
La directora adjunta del Departamento de Investigación del FMI, Petya Koeva Brooks, explicó que España mostró unos resultados ‘mejores de lo esperado’ en los primeros meses de 2026 y citó expresamente el papel de las energías renovables para amortiguar la subida de los precios del petróleo. A ello se suman las medidas de apoyo energético que ha mantenido el Gobierno, aunque el propio Fondo advierte de que estas ayudas deben ser temporales para no distorsionar las señales de precios.
El consumo privado la inversión y las exportaciones netas —los tres grandes componentes del PIB— se han comportado con más vigor del previsto. El sector servicios, el turismo récord y la creación de empleo han mantenido el dinamismo en un contexto en el que la industria alemana, mucho más dependiente del gas y del comercio con China, sigue en retroceso. En el otro platillo de la balanza, la inteligencia artificial está acelerando la inversión en sectores intensivos en tecnología, aunque el FMI alerta del riesgo de que unas expectativas exageradas provoquen una corrección bursátil.
De cara a 2027, el FMI mantiene en el 1,8% la proyección para España, una cifra que, aunque modera el ritmo, sigue estando por encima del 1,2% que se calcula para el conjunto de la zona euro. La inflación media en el área del euro se moverá en torno al 4,7% este año, según el Fondo, y se mantendrá por encima del objetivo del BCE, lo que obliga a Fráncfort a mantener los tipos de interés sin cambios. ‘La política monetaria debe continuar orientada a preservar la estabilidad de precios’, advierte el FMI, lo que se traduce en unos costes de financiación elevados que afectarán a las familias hipotecadas y a las pymes españolas con créditos a tipo variable.
En plena crisis energética, España logra lo que otras grandes economías del euro no han conseguido: crecer más del doble que la media de la zona y mantenerse como el principal motor del bloque.
El Eje del Poder Europeo
La distancia entre España y el corazón industrial de Europa tiene ahora consecuencias políticas evidentes. Mientras Alemania afronta su tercera revisión a la baja en doce meses y Francia combina un escaso crecimiento con un déficit público por encima del 5%, la resistencia española otorga a Moncloa un margen negociador que hace solo dos años parecía imposible.
Esa brecha se traduce en capacidad de influencia en las discusiones sobre las reglas fiscales, el reparto de los fondos europeos y la respuesta conjunta a los choques energéticos. Gobiernos como el neerlandés o el austriaco, tradicionalmente exigentes con el rigor presupuestario de los países del sur, ven ahora cómo la locomotora ha cambiado de sitio. Bruselas, que durante la crisis de deuda soberana situó a España bajo el foco sancionador, hoy estudia tratarla como un activo de estabilidad en una Eurozona que avanza a dos velocidades.
Aun así, el escenario no está exento de riesgos. La reciente amenaza del presidente Trump de dar por roto el alto el fuego con Irán añade incertidumbre al estrecho de Ormuz, por donde transita buena parte del petróleo mundial. Un nuevo encarecimiento del crudo golpearía la capacidad adquisitiva de los hogares y podría obligar al BCE a mantener los tipos altos durante más tiempo. Además, el FMI insiste en que las expectativas bursátiles vinculadas a la inteligencia artificial podrían estar infladas: una corrección de los valores tecnológicos afectaría a la inversión y, por arrastre, a la creación de empleo en España.
De momento, sin embargo, los datos hablan: el PIB español creció en el primer trimestre a un ritmo trimestral anualizado cercano al 3%, por encima de lo que preveían los técnicos del Fondo. La combinación de un mercado laboral robusto —con cifras de afiliación récord— y una inflación que empieza a moderarse sostienen el consumo. España se ha convertido en la economía de la Eurozona que mejor resiste un entorno de tipos elevados y fragmentación geopolítica, un activo que Moncloa empieza a utilizar en Bruselas como carta de presentación.
El informe del FMI subraya que la economía mundial se desaceleró al 3% en el primer trimestre, frente al 3,8% previo, pero el margen español ha sido mayor de lo esperado. La clave está en el mix energético: la dependencia del petróleo es baja en comparación con las economías del centro y del este de Europa. Mientras países como Austria o Polonia sufren directamente los cuellos de botella en los gasoductos, España importa gas natural licuado de proveedores diversos y produce el 50% de su electricidad con renovables. Una ventaja que se ha convertido en un factor de competitividad estructural.
