Andrew Ferguson (FTC) intensifica la caza contra empresas que etiquetan ‘Made in the USA’ sin cumplir

La Comisión Federal de Comercio multa con casi 168.000 dólares a dos empresas que vendían banderas chinas como 'Made in the USA', en una ofensiva que advierte a los exportadores españoles sobre el rigor de Washington con el etiquetado de origen.

Andrew Ferguson, presidente de la Comisión Federal de Comercio (Federal Trade Commission, FTC), ha intensificado la persecución contra las empresas que etiquetan sus productos como ‘Made in the USA’ sin cumplir los requisitos legales. La ofensiva, que acumula ya varios millones de dólares en multas, se enmarca en la estrategia del presidente Donald Trump para proteger la manufactura nacional y ha dejado un caso especialmente llamativo: dos compañías vendían banderas estadounidenses con etiquetas patrióticas, pero importadas de China.

La FTC exige que cualquier producto con el sello ‘Made in the USA’ esté fabricado “prácticamente en su totalidad” en territorio estadounidense. Sin embargo, según Ferguson, muchas empresas intentan aprovechar la predisposición de los consumidores —dispuestos a pagar un sobreprecio por lo que creen que es producción local— sin ser honestas sobre el origen real. “El pueblo americano confía más en los productos hechos por sus amigos, familiares y vecinos”, declaró en una entrevista con Breitbart News.

La ofensiva de la FTC contra el falso ‘Made in USA’

Desde el año pasado, la FTC ha dado pasos “sin precedentes por su agresividad”, en palabras de su presidente. En 2025 envió cartas de advertencia a un número “enorme” de compañías y, hace cinco meses, inició varias acciones civiles ante tribunales federales. Ferguson, que también ejerce como vicepresidente del Grupo de Trabajo Presidencial para la Eliminación del Fraude, subrayó que los millones de dólares recuperados se redistribuirán entre los consumidores que compraron productos pensando que eran genuinamente estadounidenses.

Publicidad

Uno de los ejemplos más irónicos destapados por la FTC implica a las empresas Americana Liberty LLC y Three Nations LLC. Según el comunicado oficial, vendían banderas de Estados Unidos, enseñas militares y otros artículos patrióticos con etiquetas como ‘Hecho en EE.UU.’, ‘100 % Fabricación Estadounidense Duradera’ o ‘Construido por Americanos para Americanos’. La realidad era muy distinta: varios de esos productos se importaban íntegramente de China y otros contenían componentes esenciales chinos. Ferguson lo resumió con crudeza: “Arrancaban la etiqueta que decía que venían de China y las vendían como ‘Made in the USA’”.

El caso se saldó con un acuerdo judicial que obliga a las dos empresas a pagar 167.743 dólares para compensar a los compradores y les prohíbe repetir reclamos engañosos sobre el origen. Pero el mensaje de la FTC va mucho más allá de esta cifra: cualquier compañía que juegue con el etiquetado de origen se expone a consecuencias económicas y reputacionales severas.

El consumidor americano está dispuesto a pagar más por lo que cree fabricado en casa, y Washington no piensa tolerar que se juegue con esa confianza.

Qué implica para las empresas españolas

Para buena parte de los exportadores españoles, la exigencia de la FTC podría parecer irrelevante: pocos productos españoles intentan hacerse pasar por estadounidenses. Sin embargo, el endurecimiento de la normativa es una advertencia en toda regla para cualquier firma con operaciones en Estados Unidos. Las filiales de empresas españolas que fabriquen o monten productos en suelo americano deben extremar el cuidado con las declaraciones de origen, porque el escrutinio de la FTC se ha disparado.

Compañías como Iberdrola, Ferrovial, ACS o Acciona, con intereses en infraestructura y energía, difícilmente se enfrentan a este problema, dado que sus servicios no se etiquetan como bienes de consumo. Pero otros sectores más expuestos al etiquetado —textil, calzado, componentes industriales, alimentación gourmet— sí podrían verse salpicados. Basta con que un distribuidor estadounidense modifique el empaque de un aceite de oliva, un vino o una pieza de Inditex fabricada en un taller local para que la cadena de responsabilidad se active.

Además, la ofensiva se produce en un clima de creciente proteccionismo comercial, con aranceles al acero, al aluminio y a los vehículos europeos. El rigor con el ‘Made in USA’ no es un movimiento aislado, sino una pieza más de la política industrial de Trump. Bruselas aún evalúa si algunas de estas medidas de etiquetado pueden generar barreras no arancelarias al comercio, pero, por ahora, la FTC tiene las manos libres para actuar.

La Lógica de Washington

Para entender esta ofensiva hay que situarse en el Despacho Oval. Trump ha convertido la defensa de la manufactura nacional en uno de los ejes de su segundo mandato, y la FTC es un brazo ejecutor perfecto: no necesita pasar por el Congreso para multar y sancionar. Ferguson, un leal a la agenda presidencial, coordina sus pasos con la Casa Blanca. El objetivo no se limita a castigar el fraude; se persigue también reforzar una percepción de calidad vinculada a la producción local y desincentivar las importaciones que compiten con la industria americana.

Publicidad

Hay un precedente histórico que ayuda a leer la jugada. En 1984, la administración Reagan, enfrentada a una crisis del acero, protegió la siderurgia con aranceles y cuotas bajo el paraguas de la Section 232, pero también impulsó campañas de “Buy American” que buscaban movilizar el consumo patriótico. Trump actualiza aquella doctrina con herramientas del siglo XXI: supervisión digital, multas ejemplarizantes y una conexión directa con el consumidor a través de discursos y redes sociales. Así, el ‘Made in the USA’ deja de ser un mero reclamo comercial para convertirse en parte de la estrategia de seguridad económica.

Para España, la consecuencia práctica es doble. Por un lado, cualquier empresa española que quiera aprovechar el tirón de la etiqueta deberá someterse a un escrutinio casi notarial. Por otro, la insistencia en la producción doméstica puede erosionar la cuota de mercado de bienes importados, incluso si se comercializan con su etiqueta de origen correcta: el consumidor estadounidense, estimulado por la retórica oficial, podría decantarse por lo que percibe como genuinamente americano. Es un riesgo que el sector exterior español no debería subestimar, sobre todo en categorías donde el origen no determina la compra (calzado, textil, componentes intermedios).

Ficha del Caso

  • El caso: La FTC ha multado con 167.743 dólares a dos empresas por vender banderas y artículos patrióticos chinos como si fueran ‘Made in the USA’, dentro de una campaña más amplia contra el etiquetado engañoso.
  • Datos clave: La ofensiva empezó en 2025 con cartas de advertencia y se intensificó a principios de 2026 con acciones judiciales. Las indemnizaciones recuperadas se devuelven a los consumidores afectados.
  • Para España: Aunque pocos productos españoles aspiran al sello ‘Made in the USA’, cualquier filial o distribuidor que manipule el etiquetado se expone a sanciones. La medida refuerza el giro proteccionista de Washington y puede restar atractivo a las importaciones en sectores clave para la exportación española.