Récord de GNL ruso en la UE: España, Francia y Bélgica disparan compras antes de 2027

La Unión Europea importó 9,89 millones de toneladas del proyecto Yamal en el primer semestre, un 18% más que en 2025. España, con 2,7 millones, es el tercer mayor comprador. La prohibición total de contratos a largo plazo entra en vigor el 1 de enero de 2027.

La Unión Europea importó un récord de 9,89 millones de toneladas de gas natural licuado (GNL) procedente del proyecto ártico Yamal LNG durante el primer semestre de 2026, según datos de la consultora Kpler recogidos por Financial Times. Un incremento del 18% respecto al mismo periodo del año anterior que equivale a un desembolso de aproximadamente 6.000 millones de euros, de acuerdo con las estimaciones del grupo ecologista alemán Urgewald.

Francia, Bélgica y España concentran la mayor parte de estas importaciones, con 3,6, 2,9 y 2,7 millones de toneladas, respectivamente. Un volumen que absorbió casi toda la producción de la planta Yamal LNG, operada por la rusa Novatek, y que pone de relieve el desvío completo de los flujos hacia el mercado europeo: los envíos a Asia se desplomaron un 74%, hasta apenas 510.000 toneladas.

El triángulo comprador y el riesgo de dependencia

España, con sus seis plantas de regasificación —la red más extensa de Europa—, desempeña un papel clave como puerta de entrada. El puerto de Bilbao, uno de los mayores hubs de GNL del continente, vio cómo su responsable, Iván Jiménez, pedía a Bruselas el mes pasado que pospusiera la prohibición prevista para el 1 de enero de 2027, alertando del riesgo de una dependencia excesiva del suministro estadounidense. La empresa Enagás, gestor del sistema gasista español, ha confirmado a esta redacción que las plantas de Barcelona, Huelva y Cartagena operan al máximo de su capacidad durante estas semanas.

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Jiménez argumentó al FT que, si bien es necesario eliminar gradualmente el gas ruso, no se puede hacer de la noche a la mañana. Su postura refleja el dilema al que se enfrentan muchos Estados ribereños: la alternativa al GNL ruso es, en gran medida, el GNL estadounidense, cuyo precio y condiciones políticas pueden variar. Este mes, el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, ya advirtió que el gas americano buscaría otros destinos si la UE no revisaba sus futuras normas de emisiones de metano previstas para 2027.

El hambre de gas en Europa está chocando de frente con la fecha de caducidad que Bruselas se impuso a sí misma.

La tormenta perfecta: ola de calor, crisis en Oriente Medio y almacenes bajo presión

Yamal LNG

A las tensiones geopolíticas se suma un factor climático: la ola de calor que azota Europa ha disparado la demanda de aire acondicionado, lo que obligó a Francia a extraer más de 200 millones de metros cúbicos de sus reservas subterráneas en los primeros días de julio. Casi la mitad del gas que se estaba inyectando para el invierno fue bombeado de vuelta, dejando las tasas de llenado en su nivel más bajo para esta época del año. Un precedente que recuerda a las prisas de 2022, cuando los Veintisiete llenaron a contrarreloj los almacenes antes del invierno.

La crisis en Oriente Medio, que ha perturbado los envíos de GNL desde Catar —origen de un quinto de las exportaciones mundiales—, estrecha aún más el margen. Los mercados europeos, que tras la guerra de Ucrania sustituyeron buena parte del gas ruso por el estadounidense, se enfrentan ahora a un cóctel de precios elevados y escasez de alternativas fiables.

Equilibrio de Poder

El récord de importaciones de Yamal LNG pone en evidencia las contradicciones de la política energética comunitaria. Mientras Bruselas proclama la necesidad de desligarse de Moscú, los datos muestran que los gobiernos nacionales están, de hecho, aumentando su exposición al gas ruso a corto plazo. Esto debilita la posición negociadora frente al Kremlin y traslada al contribuyente europeo la factura de una transición mal planificada. Estados Unidos, mientras tanto, observa cómo su cuota de mercado se consolida al mismo tiempo que blande la amenaza de redirigir sus exportaciones si la UE no cede en las reglas de metano.

Para España, el impacto es doble. Por un lado, el elevado precio del GNL en los mercados internacionales presiona el coste de la electricidad, ya de por sí sensible por la dependencia del gas en los ciclos combinados. Por otro, la infraestructura de regasificación convierte al país en un actor estratégico: si la prohibición de 2027 se aplica sin fisuras, es probable que España vea aumentar los flujos de GNL estadounidense y africano que requieran almacenamiento y reexportación hacia el resto de Europa, lo que podría generar ingresos pero también una mayor exposición a la volatilidad global.

A cinco años vista, la gran incógnita es si la UE mantendrá el calendario o cederá a las presiones de Estados miembros y operadores portuarios. La advertencia de Wright —’el GNL americano fluirá a otra parte’— introduce un elemento de chantaje energético que Bruselas no puede ignorar. La diversificación sigue siendo la consigna, pero sin una apuesta firme por las renovables y el almacenamiento, el bloque corre el riesgo de cambiar una dependencia por otra. Como ya ocurrió con el petróleo ruso, las sanciones se topan con la realidad de los mercados. El 1 de enero de 2027 aparece en el calendario como un punto de inflexión. Queda por ver si será una línea roja o una nueva prórroga encubierta.

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