Quince llamadas, nueve citas y una sola persona dispuesta a ponerse detrás de la barra. El dato lo compartió Lorena, propietaria de Bristol Coffee, una cafetería de especialidad en Barcelona, en el podcast de Eric Ponce. Su historia de emprendimiento, contada a finales de 2025, pone cifras a un mal que la economía española conoce bien: faltan manos en la hostelería, y los pequeños negocios son los que más lo sufren.
Lorena invirtió cerca de cien mil euros para abrir su local en Viladecans. Lo primero que se topó fue con la burocracia: la licencia de cafetería no llegaba, así que tuvo que conformarse con una de panadería, lo que limitó las mesas para los clientes. Pese al contratiempo, la cafetería arrancó y, tras un año, los números empezaron a salir.
La punta del iceberg: un solo trabajador para quince llamadas
«Llamé a quince personas, quedé con nueve y se presentó solo una», confiesa la emprendedora. La falta de personal no es una anécdota esporádica, sino una constante que obliga a reajustar turnos cada semana. Cuando alguien no aparece, es la propia Lorena quien cubre el hueco: la jornada empieza a las siete de la mañana y se alarga mucho más de lo previsto.
El problema, además, golpea justo donde más duele: en la línea de flotación de un negocio que se mueve por márgenes muy justos. La cafeteria Bristol Coffee factura unos 12.000 euros al mes, pero los gastos fijos —alquiler, sueldos y Seguridad Social— rondan los 7.000 o 7.500 euros. A eso se suman entre 2.000 y 3.000 euros mensuales de costes variables: solo en café se van 1.500 euros, y la leche añade otros 300.
Las cuentas de Bristol Coffee: facturación, gastos y un margen del 9%
El punto de equilibrio diario se sitúa en 470 euros. Por debajo de esa cifra, el negocio pierde dinero. A lo largo del primer año, la facturación alcanzó los 138.000 euros; una vez descontados todos los gastos, a la dueña le queda un margen neto de entre el 8% y el 9%. Dicho de otro modo: de cada cien euros que entran en caja, apenas ocho o nueve acaban en el banco.
La dueña, que al principio ni siquiera era aficionada al café, se formó como barista y apostó por el producto de especialidad y la repostería propia. ¿La razón? El café solo deja unos céntimos de margen (0,55 euros de coste por taza, vendida a 1,80), mientras que las galletas caseras y los cruasanes ofrecen rentabilidades del 40% y del 55%. Pero ni la mejor receta funciona si falta quien atienda la barra.
El negocio se sostiene, pero cada ausencia inesperada de un empleado obliga a la dueña a reajustar turnos y sacrificar horas de sueño.
El esfuerzo es titánico: seis días a la semana, desde antes del amanecer hasta el cierre, con la responsabilidad de pesar cafés, hornear bollería y, cada vez que el móvil vibra con una publicación en Instagram o TikTok, atender una cola de clientes que llegan atraídos por la imagen cuidada del local.
Por qué la hostelería española no encuentra manos: un lastre estructural
La historia de Lorena no es un caso aislado. La hostelería española, que representa en torno al 12% del PIB y da empleo a más de 1,7 millones de personas según el INE, arrastra desde hace años un déficit crónico de trabajadores. En las zonas turísticas, la falta de camareros y cocineros ha obligado a algunos establecimientos a reducir horarios o incluso a cerrar días enteros. El problema no es solo salarial —los sueldos del sector se mueven alrededor del convenio—, sino también de condiciones: jornadas partidas, fines de semana y festivos, y poca conciliación.
Además, la pandemia aceleró la salida de muchos profesionales hacia otros sectores, y la recuperación del turismo ha pillado a la hostelería con la plantilla justa. Las soluciones que se barajan pasan por mejorar los contratos y facilitar la llegada de trabajadores extranjeros, pero los trámites administrativos siguen siendo engorrosos. Mientras tanto, negocios como el de Lorena capean el temporal a base de sacrificio personal. Ella misma calcula que necesitará al menos tres años más para recuperar los ahorros invertidos.
Lo ocurrido en Bristol Coffee da la medida exacta de un desajuste que, aunque no se vea en los grandes titulares macroeconómicos, lastra la productividad y la imagen de un país que aspira a liderar el turismo de calidad en Europa. Porque, al final, la experiencia de un cliente en una cafetería depende tanto del grano de café como de la persona que lo sirve. Y si esa persona no aparece, el aroma se evapora.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Lorena, dueña de Bristol Coffee en Viladecans (Barcelona), invirtió 100.000 € y se topó con un obstáculo imprevisto: la imposibilidad de encontrar personal estable.
- Datos importantes: Facturación anual de 138.000 €, margen neto del 8-9%, punto de equilibrio diario de 470 € y un ratio de contratación de 1 trabajador por cada 15 llamadas.
- Resumen: La falta de camareros es un problema estructural que frena a las pequeñas empresas hosteleras españolas y pone en riesgo la calidad del servicio en un sector clave para la economía nacional.

