Zamora esconde uno de esos rincones que parecen sacados de un cuento y que, sin embargo, siguen siendo un secreto a voces incluso para muchos españoles. Puebla de Sanabria corona un cerro entre los ríos Tera y Castro, con un castillo del siglo XV vigilando el horizonte y calles empedradas que apenas han cambiado en siglos.
Lo que convierte esta villa en un destino distinto no es solo su arquitectura. A pocos kilómetros se extiende el mayor lago de origen glaciar de toda la Península Ibérica, con aguas aptas para el baño en pleno verano y noches en las que el termómetro baja de los 15 grados. Una combinación que en la meseta castellana, en agosto, suena casi a milagro.
Situada en el extremo noroeste de la provincia, muy cerca de la frontera con Portugal y Galicia, la villa lleva siglos siendo un punto estratégico de paso. Hoy esa posición fronteriza se ha convertido en su mayor atractivo: naturaleza, historia y gastronomía con acento gallego conviven a apenas unos kilómetros.
Zamora y el tren que casi llega hasta la puerta
Desde 2021, la línea de alta velocidad Madrid-Zamora-Galicia tiene una parada llamada «Sanabria Alta Velocidad», y el trayecto desde la capital ronda las dos horas. El matiz importante es que esa estación no está en Puebla de Sanabria, sino en Otero de Sanabria, una pedanía de apenas 24 vecinos sin apenas transporte público hacia la villa.
La alternativa más cómoda sin coche propio pasa por bajarse en Zamora capital, a poco más de una hora desde Madrid, y completar el trayecto en tren regional o en taxi. No es la promesa de «puerta a puerta» que a veces se vende, pero sigue siendo una escapada rápida comparada con las casi cuatro horas que exige la carretera desde la capital.
Quien prefiera moverse en coche tiene la A-52, la autovía que une Madrid con Vigo y conecta la comarca con Benavente, Zamora y Ourense. Desde ahí, el desvío hacia Puebla de Sanabria funciona como puerta de entrada natural, y es la opción más práctica si el plan incluye recorrer también los pueblos del entorno del lago.
El lago glacial más grande de la Península
En el párrafo anterior hablábamos de trenes; ahora toca hablar del verdadero protagonista. Zamora es la provincia que acoge el Lago de Sanabria, formado hace más de cien mil años durante la glaciación de Würm y declarado parque natural en 1978. Sus 3,47 kilómetros cuadrados de agua y su profundidad de hasta 53 metros lo convierten en una rareza geológica dentro de un país con muy pocos lagos naturales de este tamaño.
Lo llamativo es que, pese a su origen glacial, el agua se puede disfrutar con normalidad en los meses cálidos. Playas como la de Viquiella reciben cada verano a bañistas que descubren que el agua está bastante más templada de lo que su leyenda sugiere, especialmente entrado agosto.
El parque natural que rodea el lago suma más de 22.000 hectáreas de bosques de roble, fresno y castaño, con rutas hacia lugares como la cascada de las Ninfas o la cueva de San Martín. Para quien busca algo más activo, alquiler de canoas y paseos en catamarán completan una oferta que pocos lagos de interior en España pueden igualar.
Una villa medieval que se recorre a pie en una tarde
El casco histórico de Puebla de Sanabria se ha ganado durante años el reconocimiento de estar entre los pueblos más bonitos de España, y no es casualidad. Su trazado medieval, con la plaza Mayor porticada y el castillo dominando la panorámica, se recorre entero sin prisa en un par de horas.
La villa fue uno de los primeros asentamientos documentados de la provincia, con referencias que se remontan al año 509. Esa antigüedad se nota en cada rincón: soportales de piedra, iglesias románicas y miradores que se asoman al valle del Tera sin necesidad de artificio alguno.
La gastronomía local completa la visita con un sello propio, a caballo entre Castilla y Galicia. La trucha asalmonada del lago comparte protagonismo con el pulpo a la sanabresa y los habones sanabreses, presentes en las romerías al son de gaitas. Sentarse a comer aquí tras callejear por el casco histórico es casi tan recomendable como visitar el castillo.
Cuándo ir y qué evitar
El verano es la temporada estrella por el contraste térmico: días soleados que rondan los 29 grados y noches que caen hasta los 13, un alivio real para quien huye del calor de las grandes ciudades. Julio y agosto son también los meses con menos lluvia, apenas un puñado de días con precipitación en toda la temporada.
Conviene tener presente que el acceso en transporte público sigue siendo limitado fuera de la carretera. Quien planifique la visita sin coche debería tener claro cómo resolver el tramo final del trayecto antes de reservar billete.
- Verano (junio-septiembre): mejor época para el baño en el lago y las mínimas más agradables.
- Otoño: los bosques de robles que rodean el parque natural cambian de color y hay menos afluencia.
- Transporte: el AVE llega a Zamora capital o a Otero de Sanabria; desde ambos puntos se necesita coche, taxi o regional.
- Alojamiento: conviene reservar con antelación en julio y agosto, cuando la demanda se dispara.
El futuro de un destino que empieza a sonar
La conexión ferroviaria, aunque imperfecta, ha puesto a Sanabria en el radar de un turismo que antes solo llegaba en coche. Los ayuntamientos de la comarca llevan tiempo reclamando mejoras en la movilidad interna para que la estación de alta velocidad deje de ser, como algunos la describen, un tren que pasa cerca pero no llega del todo.
Mientras esas mejoras se negocian, Puebla de Sanabria sigue funcionando como uno de esos destinos que premian a quien se toma la molestia de organizar bien el viaje. El lago, el castillo y las noches frescas seguirán ahí, con o sin AVE hasta la puerta, esperando a quien decida hacer el esfuerzo de llegar.


