EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Irán acusa a Estados Unidos e Israel de orquestar la entrada masiva de entre 50.000 y 60.000 migrantes en Ceuta como represalia por la posición de España en Gaza. La crisis ha dejado al menos 86 fallecidos.
- ¿Quién está detrás? La embajada iraní en Nairobi, sin presentar pruebas, señala a Washington y Tel Aviv. Fuentes occidentales apuntan a una posible relajación de los controles por parte de Marruecos, que estaría respondiendo al acercamiento de Sánchez a Argelia.
- ¿Qué impacto tiene? Declaración de emergencia en Ceuta, tensiones diplomáticas con Israel, críticas de líderes europeos a la política migratoria española y el riesgo de que la UE fracture su respuesta solidaria.
Irán ha lanzado este domingo una acusación directa contra Estados Unidos e Israel como supuestos orquestadores de la crisis migratoria que ha colapsado Ceuta en los últimos días, con entre 50.000 y 60.000 personas cruzando la frontera en un movimiento sin precedentes en la UE.
La acusación de Irán: ‘una operación para desestabilizar a España’
La embajada iraní en Nairobi calificó la llegada masiva de migrantes como «una operación organizada por Washington y Tel Aviv, coordinada con ciertas autoridades vecinas, para desestabilizar a España». La nota, difundida este viernes, vinculó directamente la crisis con la postura de Madrid en Gaza y con su negativa a ceder a las presiones de la administración Trump y del gobierno israelí. «El imperio nunca tolera la desobediencia», añadía el texto, que también calificó la oleada migratoria como «un regalo para la extrema derecha europea».
La acusación se produce en un momento de máxima tensión diplomática. España reconoció el Estado de Palestina en mayo de 2024 y ha retirado permanentemente a su embajador en Israel tras oponerse a los bombardeos sobre Irán. Además, cerró su espacio aéreo a los aviones estadounidenses implicados en la ofensiva. Teherán ha elogiado repetidamente la postura «de principios» de Sánchez, lo que, según la narrativa iraní, habría convertido a España en objetivo de una operación híbrida de represalia.
Ni la Casa Blanca ni el gobierno de Israel han respondido oficialmente a la acusación. Sin embargo, el embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, arremetió contra la gestión española de la crisis: «España, que nunca pierde oportunidad de darnos lecciones, ha declarado el estado de emergencia en Ceuta. Quizás antes de seguir sermoneándonos debería explicar por qué mantiene enclaves coloniales en África», escribió en X. La réplica del ministro de Transportes español, Óscar Puente, fue escueta: «Bueno, todo parece estar bastante claro», en alusión directa a las sospechas que ya circulaban.
Una frontera colapsada: 86 muertos y un sistema desbordado
Desde la pasada semana, entre 50.000 y 60.000 personas cruzaron por tierra y mar desde Marruecos hacia el enclave español, una cifra equivalente al 70 % de la población habitual de Ceuta. Al menos 86 migrantes han muerto, la mayoría ahogados en el mar o aplastados en las avalanchas en los pasos fronterizos. Las autoridades locales dijeron sentirse «completamente desbordadas» por una afluencia que, según datos de la Comisión Europea, constituye la mayor invasión de tráfico humano en la historia de la UE.
El Gobierno de Pedro Sánchez decretó el estado de emergencia y desplegó unidades de la Guardia Civil y de la UME. Pese a los refuerzos, los centros de acogida han quedado saturados y los hospitales de la ciudad autónoma trabajan al límite de su capacidad. Varios líderes europeos culparon a la política migratoria española —incluida la regularización de 500.000 inmigrantes ilegales aprobada recientemente— de haber creado un «efecto llamada».
Ochenta y seis fallecidos en apenas 48 horas convierten esta crisis en la peor tragedia migratoria en territorio europeo desde 2015.
Fuentes policiales apuntan a que el detonante inmediato fue una campaña viral en redes sociales que explotaba una sentencia del Tribunal Supremo español que prohíbe las «devoluciones en caliente» de migrantes. Paralelamente, las redes de tráfico de personas aprovecharon la percepción de una frontera más permeable para movilizar a miles de candidatos. Mientras tanto, fuentes de inteligencia occidentales citadas por The Telegraph sugieren que Marruecos pudo haber relajado los controles en represalia por el acercamiento de Sánchez a Argelia, el histórico rival del reino.
Equilibrio de Poder
La acusación iraní, aunque no verificada, irrumpe en un escenario en el que la guerra híbrida y la instrumentalización de los flujos migratorios ya forman parte del manual de desestabilización. Teherán, presidente de facto del Eje de la Resistencia, ha empleado en el pasado la presión migratoria —por ejemplo, desde Bielorrusia hacia Polonia— como herramienta de coerción contra la UE. Ahora, la crisis de Ceuta le permite devolver el golpe narrativo a Washington y Tel Aviv mientras coloca a España en el centro de la tormenta.
Para España, el impacto es múltiple. Ceuta y Melilla son puntos de fricción permanentes en las relaciones con Marruecos, y cualquier señal de debilidad en la frontera sur tiene consecuencias directas en la política nacional. El hecho de que Rabat pueda haber utilizado el control migratorio como moneda de cambio —en represalia por el giro español hacia Argelia— demuestra la fragilidad de la posición española en el tablero magrebí. A eso se suma la presión interna: Vox y el PP han cargado contra el Ejecutivo por la falta de previsión, mientras ERC, a través de Gabriel Rufián, insinuaba que la crisis «sirve a los intereses de EEUU e Israel», alimentando la polarización.
En la esfera transatlántica, el incidente tensa aún más las relaciones con Washington. El presidente Trump ya arremetió contra España por ser «muy mala» con la OTAN y su postura crítica con Israel. La ausencia de un desmentido oficial estadounidense a las acusaciones de Teherán, sumada a los comentarios del embajador israelí, refuerza la percepción de que Madrid se ha convertido en un actor incómodo para los aliados tradicionales. Mientras, Sánchez escribió a Ursula von der Leyen denunciando la reacción «egoísta y polarizadora» de algunos gobiernos europeos, aunque sin mencionar explícitamente a Marruecos.
El riesgo inmediato es que la crisis de Ceuta siente un precedente. Si un Estado o actor no estatal puede utilizar grandes flujos migratorios para castigar a un país de la UE sin consecuencias, se abrirá una peligrosa etapa de chantaje demográfico. La UE tendrá que decidir si responde con solidaridad real —incluyendo recursos y reubicaciones— o si deja a España gestionar en solitario una frontera exterior que, en última instancia, pertenece a todos. La próxima cumbre informal de ministros de Interior, prevista para la semana siguiente, será la primera prueba de hasta dónde está dispuesta a llegar Bruselas.

