EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Donald Trump canceló abruptamente un ataque de represalia contra Irán y anuncia nuevas conversaciones para este lunes. El crudo se mantiene en torno a los 90 dólares por barril.
- ¿Quién está detrás? El presidente estadounidense, sin confirmación de Teherán, que niega la apertura de negociaciones y sitúa las conversaciones sobre el estrecho de Ormuz en manos de Omán.
- ¿Qué impacto tiene? Alivio temporal en los mercados, pero alta volatilidad. Cualquier escalada puede disparar los precios y afectar a la economía española.
Donald Trump ha cancelado por sorpresa un gran ataque de represalia contra Irán y asegura que las conversaciones comenzarán este lunes mientras el crudo se mantiene cerca de los 90 dólares por barril.
El anuncio, difundido a través de su red social Truth Social, llegó apenas horas después de que el Departamento de Defensa se declarara «preparado y cargado» para una ofensiva de gran calibre. Según la agencia rusa RT, Trump afirmó a bordo del Air Force One que varias potencias regionales le habían pedido que diera otra oportunidad a la diplomacia.
La secuencia de esta semana ha sido un carrusel de amenazas y giros. El lunes anterior, el mandatario hablaba de «negociaciones muy amistosas»; a mitad de semana, los bombardeos estadounidenses sobre Irán se intensificaron y Trump prometió golpear «muy duro». El Departamento de Defensa llegó a filtrar planes para una campaña contra refinerías y plantas energéticas que, según medios estadounidenses, se preparaba junto a Israel.
Esa escalada verbal y el estrangulamiento del estrecho de Ormuz catapultaron el precio del crudo. El barril de Brent se situó cerca de los 90 dólares porque los mercados descontaban un choque de oferta. La propia RT recoge que el sábado, en un giro inesperado, Trump canceló la operación y aseguró que Irán y otros actores habían aceptado las bases de un acuerdo para reabrir el paso y encauzar el programa nuclear.
La reacción bursátil fue inmediata. El lunes por la mañana, el Brent cayó más de un 7 % y el West Texas Intermediate perdió un 6,7 %, hasta 78,98 dólares. Los futuros de Wall Street subieron al descontar una menor probabilidad de disrupción en el suministro energético del golfo Pérsico.
El precio del petróleo sigue atado a los vaivenes verbales de Trump y a la rapidez de los algoritmos de Wall Street que leen Truth Social.
La reacción de Irán y el factor Omán
Teherán desmintió de inmediato que exista negociación alguna con Washington. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, aseguró que las conversaciones sobre la gestión del estrecho se mantienen con Omán, y que «no conciernen a ninguna otra parte». El portavoz Exteriores, Esmaeil Baghaei, detalló que Irán y el sultanato negocian una ruta marítima alternativa.
Baghaei subrayó que cualquier pacto con Omán no implica la apertura ni el cierre del estrecho, en abierta contradicción con la afirmación de Trump de que el acuerdo lo reabrirá «de forma inmediata, completa y total». Desde Teherán se insiste en que el presidente estadounidense exagera avances diplomáticos para bajar el precio del petróleo y ganar tiempo.
Equilibrio de Poder
La cancelación del ataque y el presunto canal de diálogo reabren una partida de ajedrez en la que cada movimiento de Washington tiene un eco inmediato en la economía europea. La administración Trump maneja un guion ya conocido: un día amaga con la fuerza desproporcionada y al siguiente agita la rama de olivo, generando una volatilidad que beneficia a los operadores de alta frecuencia que hoy, gracias a la API de pago que Truth Social estrenó el 1 de agosto, leen sus mensajes antes que el inversor minorista.
Para España, el umbral psicológico de los 90 dólares es una línea roja. Nuestra factura energética, muy dependiente del crudo importado, se dispara cuando el Brent supera esa cota. Un barril persistentemente alto se traduce en gasolinas más caras y en una inflación que resta competitividad a la economía, justo cuando la Unión Europea negocia el margen fiscal para asumir un gasto en defensa que Washington quiere llevar al 5 % del PIB.
El factor Omán añade complejidad. Que sean Mascate y Teherán –no la Casa Blanca– quienes definan las reglas de tránsito del estrecho por donde circula una quinta parte del petróleo mundial es un desafío directo a la arquitectura de seguridad que Estados Unidos ha mantenido en el golfo desde la Operación Earnest Will. Rusia, por su parte, observa desde la distancia sin intervenir, pero consciente de que una disrupción prolongada en Ormuz le permitiría colocar su propio crudo a un precio mucho más alto en los mercados asiáticos.
El riesgo inmediato sigue siendo la reanudación de las hostilidades. El historial de Trump con Corea del Norte o con el propio Irán en 2019 muestra que sus aparentes aperturas negociadoras suelen preceder a nuevos pulsos de fuerza. La próxima ventana crítica llegará cuando expire este nuevo alto el fuego informal. Si la diplomacia fracasa, los 90 dólares de hoy se convertirán en el suelo de una nueva escalada.
