El discurso de Trump en la ONU llega el 22 de septiembre: reivindicará su gestión de los conflictos globales. El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Michael Waltz, confirmó el viernes que el presidente intervendrá ante la Asamblea General con dos guerras todavía abiertas.
Un balance con dos guerras abiertas y un plan de paz de 20 puntos
La comparecencia de Waltz ante los periodistas sirvió para fijar el guion. El presidente explicará, según su embajador, cómo ha ‘confrontado problemas complejos de frente en todo el mundo’, y lo hará con una lista de acuerdos bajo el brazo y una advertencia sobre lo que sigue sin cerrar.
Sobre la mesa hay una lectura de dos años de gestión. Según el relato que trasladó el embajador, cuyo puesto depende del Departamento de Estado, el presidente ha dedicado su segundo mandato a conflictos que las administraciones anteriores habían ‘descuidado’, y su balance se apoya en los acuerdos de paz ya firmados, aunque otras guerras permanecen enquistadas.
El eje iraní ocupará buena parte del discurso. ‘Tocará la importancia de que Irán nunca tenga un arma nuclear’, resumió el embajador. A eso se suma la guerra entre Rusia y Ucrania, todavía sin desbloquear, y el plan de paz de 20 puntos entre los dirigentes de Israel y Gaza, que la delegación americana presenta como su logro diplomático más ambicioso.
No es la primera vez que el presidente sube a esa tribuna. El año pasado aprovechó una escalera mecánica y un teleprompter averiados como metáfora del declive de la organización. ‘En su mayor parte, al menos por ahora, lo único que hacen es escribir una carta de condena y no cumplirla nunca’, dijo. ‘Son palabras vacías, y las palabras vacías no resuelven guerras.’
La agenda de los pasillos también cuenta. Está previsto un encuentro con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, además de reuniones bilaterales con aliados británicos, japoneses y del Golfo. No figuran encuentros confirmados con otros socios europeos continentales. La tribuna no cambia los expedientes.
Washington llega a la Asamblea General con una doctrina clara: la diplomacia se mide por acuerdos firmados, no por resoluciones aprobadas.
De la tribuna de la ONU a la cena de Estado con Xi Jinping
El calendario no se cierra en Nueva York. Inmediatamente después del discurso de Trump en la ONU está prevista la visita del presidente chino, Xi Jinping, a la Casa Blanca, con cena de Estado y una parada en los Archivos Nacionales. Un alto cargo de la administración adelantó que la agenda bilateral cubrirá del fentanilo a los controles a la exportación de tierras raras.
La lista de invitados a esa cena retrata el momento económico americano. Estarán Jeff Bezos y Elon Musk, dos nombres que resumen la relación entre el poder político y las grandes tecnológicas.
También acudirán Sam Altman, de OpenAI, y Tim Cook, de Apple. Cuatro ejecutivos con intereses directos en lo que se decida sobre China, los aranceles y el acceso a los minerales críticos. El calendario manda.
Para España y para el resto de la Unión Europea, la cita tiene una lectura concreta. La Asamblea General volverá a poner sobre la mesa la reforma de la ONU y quién paga y quién decide en el sistema multilateral. Y el eje Washington-Pekín que se escenificará días después condiciona precios de la energía, cadenas de suministro y el acceso a minerales críticos de los que depende buena parte de la industria europea. Eso lo saben en Bruselas.

La Lógica de Washington
La pregunta útil no es qué dirá Trump, sino qué problema intenta resolver con este discurso. La Asamblea General es, para la administración americana, una plataforma de rendición de cuentas ante un electorado que sigue midiendo la política exterior en resultados visibles: rehenes liberados, acuerdos firmados, líderes sentados a la mesa. El mensaje va tanto a Nueva York como a los estados que decidieron las últimas elecciones.
La coalición que sostiene esta agenda dentro del Partido Republicano combina el ala ‘America First’ más dura con los halcones de política exterior. El presidente necesita contentar a las dos: a los primeros, con la retórica de que la ONU debe reformarse; a los segundos, con la advertencia de que Irán no puede tener la bomba. Washington no pide permiso.
Hay un precedente que ayuda a leer la escena. En septiembre de 2002, George W. Bush subió a esa misma tribuna para desafiar a la ONU a cumplir sus propias resoluciones sobre Irak. No era multilateralismo por convicción, sino uso táctico del foro: si la organización no actuaba, Washington actuaría solo. La diferencia es que ahora la Casa Blanca llega con acuerdos cerrados, aunque la lógica de fondo es la misma: el valor de la ONU se mide por lo que permite cerrar, no por lo que proclama.
Para España, el interés inmediato está en tres frentes. En el comercial, cualquier entendimiento entre Washington y Pekín sobre tierras raras y aranceles tecnológicos redefine el terreno para el automóvil, la química, y el agroalimentario, sectores con peso en la exportación al mercado americano. En el de seguridad, la posición sobre Ucrania y el gasto en defensa seguirá marcando la relación con la OTAN. Y en el multilateral, la reforma del Consejo de Seguridad lleva años bloqueada.
La ventana clave arranca el martes 22 y no se cierra esa misma tarde. Del discurso se pasará a los encuentros bilaterales, y de ahí a la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, que fijará el tono de la relación económica de los próximos meses. La incógnita es doble: si el plan de paz para Gaza aguanta sobre el terreno y si la administración mantiene la apuesta por la diplomacia que sus propios funcionarios describen, o si vuelve a la retórica de que las palabras vacías no resuelven nada.
Ficha del Caso
- El caso: Trump interviene el martes 22 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU para reivindicar su gestión de los conflictos globales, con Irán, Ucrania y el plan de paz para Gaza como ejes del discurso.
- Datos clave: El embajador Michael Waltz confirmó la cita y el plan de paz de 20 puntos entre Israel y Gaza. Después está prevista la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, con cena de Estado y reuniones bilaterales con aliados británicos, japoneses y del Golfo.
- Para España: A falta de encuentros bilaterales confirmados con socios europeos continentales, el interés español se concentra en el comercio, los minerales críticos y el gasto en defensa dentro de la OTAN.
