Basilea III: la banca española esquiva el golpe y solo el Sabadell se convierte en el único banco afectado

La aplicación de la CRR III deja intactos a Santander, BBVA y CaixaBank, que ya usan métodos estándar por encima del umbral del 72,5%. El ajuste para Sabadell se limita a nueve puntos básicos de capital, el menor entre los bancos europeos afectados por la reforma.

La nueva regulación europea de capital, la CRR III, ha entrado en vigor sin el castigo que muchos anticipaban para la banca española. Santander, BBVA y CaixaBank han confirmado en sus informes anuales que no sufrirán impacto alguno, mientras Sabadell es el único gran banco español que ve una desalineación reducida, de apenas nueve puntos básicos de capital.

La reforma de Basilea III, trasladada al ordenamiento comunitario mediante el reglamento CRR III, exige que al menos el 72,5% de los activos ponderados por riesgo se calculen con métodos estandarizados, idénticos para todos los bancos. Basilea III nació tras la crisis financiera de 2008, cuando quedó claro que los bancos habían infradimensionado los riesgos de sus carteras. La respuesta regulatoria fue endurecer los requerimientos de capital y, sobre todo, limitar el margen de discrecionalidad de los modelos internos. Ese suelo, conocido como output floor, arranca en el 50% y subirá de forma gradual hasta alcanzar el nivel definitivo en 2030. La libertad de los modelos internos se ha acabado.

Por qué Santander, BBVA y CaixaBank se quedan como están

Santander ha sido contundente al presentar sus cifras. ‘No se produce ningún impacto con la aplicación del output floor, tanto con visión phased-in como fully loaded’, afirma el banco, que sitúa su exposición al factor del 72,5% ‘muy lejos’ del umbral. BBVA llega al mismo veredicto: ‘El grupo no se encuentra afectado por este límite’. CaixaBank lo despacha con un escueto ‘no aplica’, después de acreditar que utiliza el método estándar para el 82,4% de sus activos ponderados por riesgo.

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El caso de Sabadell es distinto, aunque marginal. ‘La entrada en vigor de la CRR III incorpora una de las reformas más relevantes del marco prudencial europeo’, explica la entidad, que reconoce una ‘desalineación reducida’ con el futuro suelo de capital. Según el análisis de la firma CreditSights, su ratio CET1 bajaría del 13,16% registrado a cierre de 2025 al 13,07%, una caída de nueve puntos básicos.

Es el menor retroceso entre todos los bancos europeos que acusan impacto negativo. En el extremo opuesto aparece Deutsche Bank. El gigante alemán perdería 3,59 puntos porcentuales de capital, hasta situar su CET1 en el 10,6%. Crédit Agricole supera los tres puntos de rebaja. Nordea, SEB y Danske ceden entre 2,9 y 2,5 puntos. BNP Paribas retrocede 1,37 puntos, e ING, 1,3 puntos.

Ese desgaste altera el ránking europeo de solvencia. Las entidades españolas dejan de estar a la cola con los nuevos criterios de Basilea III. Deutsche Bank, BNP, Crédit Agricole e ING se convierten en los menos solventes, mientras CaixaBank, BBVA, Sabadell y Santander escalan posiciones y se acercan a la media europea de CET1.

La banca española no solo esquiva el golpe de Basilea III: sale reforzada frente a unos competidores que ahora arrastran más exigencias de capital.

Alemania y los nórdicos, los grandes paganos de la CRR III

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La explicación está en el uso de modelos internos. Durante años, los grandes bancos del norte de Europa aprovecharon la libertad de calcular sus propios riesgos para reducir el capital exigido. Basilea III corta esa vía y obliga a unificar criterios. Alemania, Francia y los países nórdicos concentran ahora el mayor ajuste.

Deutsche Bank ya ha prometido adaptar su balance con el tiempo y adoptar medidas de mitigación. ‘Deutsche Bank adaptará su balance a lo largo del tiempo y adoptará medidas de mitigación con respecto a los activos ponderados por riesgo según el método estandarizado para minimizar los futuros impactos del suelo mínimo’, asegura la entidad. El problema es que la transición no será indolora: cada punto de CET1 perdido reduce su capacidad para financiar la economía real.

En Francia, Crédit Agricole y BNP Paribas arrastran la herencia de modelos internos muy optimistas. Los nórdicos Nordea, SEB y Danske tampoco se libran: sus ratios de capital se resienten entre 2,5 y 2,9 puntos. Todos han comenzado a revisar sus carteras y a preparar planes de desconsolidación de activos de riesgo.

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El Eje del Poder Europeo

La lectura europea es de geometría variable. Los bancos del sur de Europa, que durante la crisis del euro fueron señalados como el eslabón débil, llegan a esta reforma con más músculo que sus rivales del norte. La banca española no necesita tocar sus modelos ni emitir capital adicional para cumplir con el nuevo suelo. Los bancos alemanes, franceses y nórdicos sí.

Para España, el impacto regulatorio es casi nulo. Ninguna entidad se enfrenta a restricciones materiales sobre el capital. La ventaja competitiva es doble: los bancos españoles mantienen su capacidad de préstamo intacta justo cuando sus competidores europeos tendrán que reconstruir colchones. En un ciclo de tipos aún elevados, esa diferencia se traduce en cuota de mercado.

A diez años vista, la reforma consolida la convergencia de la supervisión europea. El BCE, como supervisor único, gana autoridad para imponer criterios homogéneos. La paradoja que dejamos anotada desde Moncloa.com es que Berlín, que exigió disciplina fiscal al sur durante una década, ve ahora cómo sus propios bancos son los que sufren el ajuste. No es un reproche: es el resultado de años de regulación asimétrica.

Lo que observamos es un desplazamiento silencioso del centro de gravedad bancario. La Eurozona ha convivido con la idea de que los bancos del sur necesitaban ser tutelados. Ahora son los del norte los que deben demostrar que pueden absorber la reforma sin perder músculo.

La gran banca española ha sabido convertir una regulación adversa en una ventaja comparativa. El reto es no dormirse: si los bancos del norte reaccionan con emisiones de capital y venta de activos, el contexto volverá a equilibrarse. El próximo hito será el cierre del ejercicio 2026, cuando los informes anuales reflejen la primera aplicación real del suelo transitorio.