La Administración española adjudica cada año miles de millones de euros en contratos públicos y la normativa que los regula contempla atajos para situaciones excepcionales. El artículo 120 de la Ley de Contratos del Sector Público autoriza a adjudicar de forma directa, sin expediente y prácticamente sin trámites, cuando concurre una catástrofe o una emergencia. La Ley 9/2017 permite, además, contratos menores sin publicidad ni concurrencia. El problema aparece cuando esas excepciones dejan de ser puntuales y se instalan como procedimiento habitual. Es ahí donde ha puesto la lupa la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).
Esta lista no ordena los casos por importe ni por número de adjudicaciones, sino que reúne los cinco ámbitos que mejor explican esa normalización de la adjudicación a dedo: las emergencias de la COVID, las vinculadas a la DANA y a otros episodios climáticos, el fraccionamiento en contratos menores, los fondos del Plan de Recuperación —más de 44.000 millones movilizados en convocatorias y licitaciones, según la plataforma Elisa que maneja el Ministerio de Economía— y el sector tecnológico, la consultoría y la comunicación, donde la CNMC sancionó en 2018 a once empresas por repartirse licitaciones de informática.Contratos de emergencia de la COVID: el precedente que abrió la puerta a la adjudicación directa

El artículo 120 de la Ley de Contratos del Sector Público permite a cualquier Administración adjudicar de forma directa, sin expediente y prácticamente sin trámites, cuando concurre una catástrofe, un grave peligro o una necesidad de defensa. Hasta 2019 ese mecanismo era casi testimonial: la Administración General del Estado firmó 50 contratos de emergencia en 2019 (27 millones de euros) y 12 en 2018 (tres millones). El Real Decreto-ley 7/2020, de 12 de marzo, y la declaración del estado de alarma el 14 de marzo habilitaron su uso masivo para comprar material sanitario, primero para el Estado y, dos semanas después, para todas las administraciones, con permiso incluso para pagar por adelantado antes de recibir nada. El resultado fue una explosión inédita: solo en 2020 se publicaron 16.589 contratos de emergencia por 6.445 millones, el 15% de todo lo adjudicado ese año, según la base de datos de Civio, que excluye los contratos menores. Ese es el precedente que abrió la puerta.
El Tribunal de Cuentas cuantificó después 13.211 contratos de emergencia por 2.129 millones entre ministerios, ayuntamientos y empresas públicas, y al fiscalizar una muestra de 1.328 (el 10%, que concentra el 83% del importe) detectó los vicios que ahora vigilan los organismos de competencia: uno de cada cuatro contratos ministeriales se cerró verbalmente, en un 22% el plazo no quedó determinado y solo en torno a un tercio constaba la comprobación de solvencia del adjudicatario. Cuatro contratos de mascarillas quirúrgicas por 217 millones recayeron en la misma empresa. Aparecieron además emergencias sin vínculo con la pandemia, como el vestuario del Palacio Real adjudicado por 591.119 euros, la televisión pública de Murcia o 15 pistolas táser en Marbella por 36.000 euros. La Fiscalía Anticorrupción avisó de que esta vía era propicia a prácticas ilícitas, como mostró después el caso Koldo. La pandemia convirtió la adjudicación directa en rutina y dejó un rastro que la CNMC no quiere ver repetido.
4Tecnología, consultoría y comunicación: los mismos proveedores año tras año
El sector tecnológico concentra el caso más documentado. La CNMC sancionó en 2018 a once empresas —Indra, SAG, Atos, IBM o Accenture, entre ellas— por un cártel que se repartió licitaciones de informática durante una década (2005-2015) en la Agencia Tributaria, la Seguridad Social, el SEPE o el INSS. Las multas sumaron 29,9 millones de euros y el Tribunal Supremo ha confirmado los 13,5 millones impuestos a Indra, implicada en contratos por más de 324 millones. Los correos internos retrataban el método: la compañía presumía de haber elaborado los perfiles «junto con el cliente». La propia CNMC estima que los procedimientos abiertos abaratan la adjudicación en torno a un 10% y que un tercio de los contratos recibe una sola oferta.
El patrón se reproduce en consultoría y comunicación. En febrero de 2026 la CNMC abrió expediente sancionador a once ingenierías —entre ellas filiales de Indra, Sener y Técnicas Reunidas— por presunto reparto de licitaciones de asistencia técnica viaria. Y en publicidad institucional el contrato menor se ha convertido en norma: en Castilla y León el 97% de las licitaciones publicitarias de 2024 y hasta marzo de 2025 fueron adjudicaciones directas, con 1.159 contratos por 16,5 millones y Promecal como principal beneficiario (466.000 euros). Para rastrear estas recurrencias, el regulador ya usa la herramienta BRAVA y despliega Atenea, capaces de señalar a empresas que ganan demasiadas veces o cuyos contratos se alternan.

