Los Pueblos Negros de Guadalajara: la escapada otoñal que los madrileños descubren tarde y repiten siempre

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El hayedo de la Tejera Negra: el otoño con reserva previa y cupo de visitantes

Hermosa carretera de otoño que serpentea a través del bosque de Montseny con follaje dorado.

Hay pocos rincones del centro peninsular donde el otoño se note tanto como en el hayedo de la Tejera Negra. Hablamos de un bosque de unas 400 hectáreas en el término municipal de Cantalojas que es uno de los hayedos más meridionales de Europa: un vestigio de la última glaciación que sobrevivió refugiado en los valles húmedos de los ríos Lillas y Zarzas, dentro del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara. Desde 2017 forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO, integrado en el conjunto de los ‘Hayedos primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa’. El espectáculo de color arranca a mediados de octubre y se prolonga hasta mediados de noviembre, cuando las hayas pasan del verde a los amarillos, ocres y rojizos que contrastan con los pinares de alrededor.

Ese tirón tiene contrapartida: el acceso está limitado. En otoño y en festivos es obligatorio reservar plaza de aparcamiento para subir en coche hasta el aparcamiento del Casarejo, desde donde parte la Senda de Carretas, un circuito circular de unos 6 kilómetros que concentra las mejores hayas y que queda a 8 kilómetros del Centro de Interpretación. El cupo es reducido —unas 130 plazas diarias— y las reservas se abren con tres meses de antelación, de modo que los fines de semana de octubre y noviembre vuelan. La tarifa va de los 2,17 euros de la moto y los 4,55 del turismo a los 7,61 de la autocaravana. Quien no logre plaza puede subir andando o en bici desde el Centro de Interpretación o hacer la Senda del Robledal, de 17 kilómetros, que no exige reserva.