Canadá vende a Estados Unidos minerales críticos por 47.000 millones de dólares al año. Lo recoge un análisis de The Guardian que desmonta el farol de Donald Trump: a finales del pasado agosto, con las negociaciones comerciales camino del colapso, el presidente estadounidense escribió que su país no necesita a su vecino. El aluminio dice lo contrario, y España debería escuchar.
El metal que sostiene al Ejército de Estados Unidos
El país vecino es el mayor proveedor extranjero de minerales de Estados Unidos. De sus fundiciones sale el 60% de todo el aluminio que consume la industria estadounidense: un metal ligero que acaba en vainas de proyectil, cascos de buque y fuselajes. Los aranceles, por sí solos, no fabrican un suministro alternativo. Y hay una cifra que lo resume: cerca del 40% de la estructura del caza F-35 es aluminio.
Detrás de ese dato hay geografía y hay energía. Fundir aluminio es devorar electricidad, y Canadá tiene ríos remotos que generan electricidad barata y baja en carbono. Por eso sus plantas compiten con cualquiera del mundo. El aluminio primario, el que sale de la bauxita y no del reciclaje, se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional disfrazada de comercio.
El propio Trump se quejó en agosto: ‘este país necesita aluminio desesperadamente’. También reconoció que se compra a Canadá ‘en su mayor parte’. Su Administración ha dejado, además, los metales en buena medida fuera de los nuevos aranceles. Es la contradicción que atraviesa toda la guerra comercial: no se puede montar un caza sin el metal del vecino.
De Canadá a Bruselas: la cadena que llega al rearme español
Aquí la historia deja de ser solo norteamericana. La Unión Europea compra aluminio y minerales críticos en las mismas cadenas que Washington. Si el mercado estadounidense se cierra o se encarece para Canadá, el metal busca otro destino; si el pulso se tensa, el precio sube para todos. Traducido: cada avión del rearme europeo cuesta un poco más.

En ese contexto, España llega con una debilidad propia. Desde el cierre de las fundiciones de aluminio primario de A Coruña y Avilés, el país dejó de producir este metal a gran escala. El aluminio viaja hoy en los fuselajes, la electrónica y los sistemas de defensa que salen de plantas como las de Airbus España, Indra o Navantia.
Canadá exporta cada año 47.000 millones en minerales a un Ejército que presume de no necesitarla, y Europa compra en esa misma cadena.
Bruselas ya ha puesto números al problema. El Reglamento Europeo de Materias Primas Críticas fija para 2030 que ningún tercer país suministre más del 65% de un material estratégico, que el 40% de la transformación se haga en casa y que una cuarta parte venga del reciclaje. Son objetivos, no realidad.
El reloj del rearme tampoco espera. La OTAN acordó en La Haya en 2025 elevar el gasto en defensa, y España tiene por delante multiplicar su inversión militar durante la próxima década.
Para el tejido industrial español el problema no es solo el aluminio. Los transformadores de aluminio, la automoción y los fabricantes de envases compiten por el mismo metal que la defensa, y cualquier encarecimiento se traslada antes a la fábrica que al consumidor.
Lo que el precedente de los chips enseña sobre las tierras raras
Occidente ya ha vivido esta película. En 2021, la escasez de semiconductores paró cadenas enteras en Europa y empujó a Bruselas a aprobar la Ley de Chips. Dos años después, China limitó las exportaciones de galio, germanio y grafito, claves para radares, misiles y baterías. La lección llega siempre con retraso: el cuello de botella no se ve hasta que aprieta.
España tiene parte de la respuesta bajo tierra y no la está aprovechando. La hoja de ruta de materias primas minerales aprobada en 2022 identifica litio, wolframio, fluorita y tierras raras, pero la mayoría de los proyectos siguen en fase embrionaria, entre permisos, rechazo local y precios que no siempre acompañan.
Las tierras raras son un grupo de elementos casi desconocidos sin los que no funcionan los imanes de un radar ni los motores de un dron. La lista comunitaria de materias primas críticas reúne una treintena larga de materiales, y España cubre hoy una parte mínima de su propio suministro.
Los próximos meses dirán si Ottawa y Washington cierran su pulso comercial o si el metal canadiense busca compradores en Asia y en Europa. Para España la pregunta es incómoda: un rearme pagado con presupuesto propio y construido con materiales que no controla. Conviene seguir tres pistas: la letra pequeña del acuerdo, los plazos del reglamento europeo y si algún proyecto minero español pasa del papel a la máquina.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Donald Trump proclamó en agosto de 2026 que Estados Unidos no necesita a Canadá, su mayor proveedor extranjero de minerales y aluminio para uso militar.
- Datos importantes: Canadá vende unos 47.000 millones de dólares anuales en minerales a EE.UU., aporta el 60% de su aluminio y cerca del 40% del fuselaje del F-35. El reglamento europeo marca objetivos para 2030.
- Resumen: España y la UE se abastecen en las mismas cadenas, así que el pulso arancelario encarece el rearme europeo y expone la dependencia española de metales importados.

