EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Reglamento del nuevo Código Aduanero de la Unión (CAU) se publicó en el Diario Oficial el 19 de septiembre y suprime la franquicia de aranceles para los paquetes de menos de 150 euros.
- ¿Quién está detrás? Comisión, Consejo de la UE y Parlamento Europeo, con acuerdo político cerrado en diciembre de 2025; la nueva Autoridad Aduanera de la UE (EUCA), con sede en Lille, ya está constituida.
- ¿Qué impacto tiene? Temu, Shein y AliExpress pierden parte de su ventaja de costes, Correos y ADT Postales asumen más volumen de despacho y los importadores españoles afrontan una tasa de tramitación desde noviembre.
La reforma aduanera de la UE ya está publicada: el nuevo Código Aduanero suprime la franquicia de 150 euros por paquete. El Reglamento del CAU, pactado por el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo, salió en el Diario Oficial el sábado 19 de septiembre y arranca una aplicación escalonada que se prolongará hasta 2031. El arancel temporal de tres euros por envío, en cambio, ya se cobra desde el pasado 1 de julio.
El texto refunde toda la arquitectura jurídica que gobierna las operaciones aduaneras de los Veintisiete. La idea de fondo es sencilla: dejar de tener veintisiete sistemas nacionales que se miran de reojo y construir un único punto de entrada para el conjunto del mercado interior. Bruselas lo vende como una simplificación para el operador legítimo y, en paralelo, como un endurecimiento para quien incumple las normas de seguridad de producto, medioambientales o de propiedad intelectual. Los comerciantes de confianza tendrán procedimientos más simples; los demás, más preguntas.
Un código único, una sola ventanilla y doce meses para aplicarlo
La EUCA, la nueva Autoridad Aduanera de la Unión Europea, quedó constituida legalmente el 20 de septiembre con sede en Lille. No es un brindis al sol administrativo: su misión es gestionar el riesgo a escala comunitaria y coordinar la respuesta de las aduanas nacionales ante amenazas comunes, desde la declaración fraudulenta de valor hasta la entrada de productos que no cumplen la normativa europea. Los Estados miembros tendrán doce meses para aplicar plenamente las nuevas reglas, y la autoridad debería estar a pleno rendimiento a lo largo de 2027.
El segundo pilar es el Centro Aduanero de Datos de la UE, la pieza llamada a sustituir los sistemas informáticos fragmentados de cada capital. Bruselas cifra el ahorro en 2.300 millones de euros al año en costes operativos para los Estados miembros y en 2.580 millones anuales en cargas administrativas para los operadores económicos. El calendario es lento: el centro será obligatorio para los envíos de comercio electrónico a partir del 1 de julio de 2028 y para el resto del comercio, como muy tarde, en 2031. El detalle normativo completo puede consultarse en el Diario Oficial de la UE y en la página de aduanas de la Comisión Europea.
Quién paga los tres euros y por qué el arancel definitivo espera a 2028

La clave política del expediente está en el comercio electrónico. En diciembre de 2025 los Veintisiete decidieron tumbar el umbral de exención de 150 euros, una reliquia pensada para muestras comerciales que la irrupción de Temu, Shein y AliExpress convirtió en un colchón de dimensiones industriales. La solución de transición fue un derecho de aduana temporal de tres euros por envío, vigente desde el 1 de julio de 2026 y hasta julio de 2028; a partir de ahí se aplicarán los derechos de aduana ordinarios, calculados según el arancel de cada producto.
A eso se suma la tasa de tramitación comunitaria para paquetes pequeños, pensada para cubrir el coste real que soportan las aduanas al procesar millones de paquetes de bajo valor. Empezará a aplicarse en noviembre de 2026 con un importe fijo que la Comisión Europea determinará mediante acto delegado, el instrumento con el que el Ejecutivo comunitario completa una ley sin volver a pasar por el Parlamento. Es la pieza que más incomoda a los operadores logísticos, porque añade un coste unitario sobre un negocio que se sostiene en el volumen. Y sobre ese número, de momento, silencio.
El último rincón de la unión aduanera que no pagaba nada se cierra con tres euros y una tasa todavía por escribir.
Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
El aterrizaje español tiene dos caras. La primera es logística: Correos y su filial ADT Postales gestionan buena parte del despacho de los paquetes internacionales que entran por Barajas, y el nuevo marco les obliga a integrarse en una ventanilla única europea con datos compartidos y trazabilidad de origen. La segunda es comercial: el textil de bajo coste que llega desde Asia compite directamente con las cadenas españolas, y encarecer cada envío reduce el diferencial de precio que durante años ha sostenido el modelo de Temu y Shein.
Queda un dato sin cerrar, y no es menor: el importe, exacto, de la tasa de tramitación. El acto delegado sigue pendiente, sin borrador público, y sin ese número calcular el coste final de un paquete de nueve euros es un ejercicio de adivinación. Los principales operadores consultados prefieren no mover ficha hasta conocer la cifra.
El Eje del Poder Europeo
La lectura por ejes es elocuente. Alemania ha aceptado el golpe a las plataformas asiáticas porque su industria del automóvil ya asume una represalia comercial china desde 2024 y prefería que el coste político lo cargara Bruselas. Francia empuja desde hace años el control del comercio electrónico extracomunitario y ve en el nuevo código la vía para que las plataformas paguen lo que no paga una tienda de Lyon. Los frugales del norte miran el expediente desde el puerto: Países Bajos y Bélgica reciben por Róterdam y Amberes buena parte del volumen y quieren un sistema rápido y barato, no ejemplarizante.
Nadie discute el fin. Discuten el cómo.
España, Italia, Grecia y Portugal comparten una posición menos ruidosa y más pragmática: les interesa el dinero recaudado y les interesa la reciprocidad. Moncloa ha respaldado la supresión de la franquicia sin convertirlo en bandera, porque el daño visible para el consumidor conviene que lo administre Bruselas y no el Gobierno español. En Visegrado, Polonia y Hungría miran de reojo cualquier instrumento que refuerce la autoridad de las instituciones comunitarias sobre sus administraciones, aunque el marco sea aduanero y no político.
Hace casi sesenta años, la unión aduanera se construyó derribando barreras internas. Lo que ocurre ahora es distinto: se cierra la puerta lateral que convirtió el mercado único en un colador para el comercio de bajo valor. El precedente más cercano son los aranceles compensatorios a los vehículos eléctricos chinos, donde la Comisión demostró que puede imponer costes a las cadenas globales sin esperar consenso previo. La diferencia es que aquí el consenso ya existe y la arquitectura se despliega durante años, lo que la hace mucho más difícil de desmontar.
Lento, pero imparable.
El próximo hito está fijado antes de que acabe el año: el acto delegado con el importe de la tasa de tramitación y los primeros datos de recaudación del arancel temporal de tres euros. Después, el calendario lo marcan el 1 de julio de 2028 para el comercio electrónico y 2031 para el resto. La unión aduanera más grande del mundo, esa que muchos daban por amortizada, acaba de ponerse a reformar su fontanería.
