Turquía fija en 175 GW su capacidad solar y eólica para 2040, dentro de una visión energética que elevará el mix renovable del 63% al 77% y que aterriza en plena cuenta atrás para la COP31 de Antalya.
De 123 a 281 GW: la aritmética que Turquía pone sobre la mesa
El ministro de Energía y Recursos Naturales, Alparslan Bayraktar, presentó esta semana la visión energética nacional a 2040, tres días antes de que arranque en Antalya la COP31. El documento proyecta una capacidad instalada total de 281 GW frente a los 123 GW actuales y eleva el peso de las renovables sobre esa capacidad del 63% al 77%. La factura estimada ronda los 190.000 millones de dólares, de los que unos 100.000 millones se destinarían a nuevos proyectos solares y eólicos, según los datos expuestos por el propio ministerio.
El plan no se queda en los megavatios. Fija un 92% de producción nacional de energía y un 36% de electrificación de la economía en 2040, dos indicadores que miden algo distinto a la potencia instalada: cuánta energía se genera dentro de las fronteras y cuánta actividad económica depende ya de la electricidad. Añade 10 GW de capacidad nuclear y una necesidad explícita de 140 GWh de almacenamiento, la pieza que convierte una flota renovable intermitente en un sistema gestionable, según se recoge en la definición técnica del almacenamiento energético.
De dónde saldrán los 175 GW: YEKA, hibridación y plantas de menos de 1 MW

El vehículo para levantar esos 175 GW es el programa YEKA, el sistema de subastas con el que Turquía asigna suelo y capacidad desde 2017. A él se suman tres fuentes más: proyectos internacionales, el aumento de capacidad en instalaciones que ya operan —la repotenciación— y la hibridación, es decir, añadir solar o eólica a plantas existentes para aprovechar la conexión ya concedida. La subasta más reciente del YEKA, cerrada esta misma semana, adjudicó 785 MW solares repartidos en 11 proyectos.
Bayraktar puso el foco en la generación distribuida. El plan quiere impulsar plantas de menos de 1 MW, producción en el punto de consumo. Su argumento no es solo técnico: sostuvo que las guerras y las crisis han demostrado que la producción distribuida es vital, porque las infraestructuras energéticas se convierten en objetivo prioritario en un conflicto. La lectura es de seguridad nacional tanto como de descarbonización, y encaja con un país dependiente de la importación de gas y petróleo.
Un objetivo de 175 GW sin red ni almacenamiento suficiente es una cifra de presentación, no un plan energético.
El otro cuello de botella es la infraestructura. Turquía quiere llevar su capacidad de interconexión de 5,4 GW a 15 GW al final de la próxima década, casi el triple de la actual, y desplegar los 140 GWh de almacenamiento que el propio ministerio identifica como necesidad. Sin esas dos piezas, cada gigavatio renovable adicional vale menos: la energía se produce cuando el sistema no siempre la necesita y se pierde cuando la red no la absorbe.
La potencia se anuncia en un día; la red que la hace útil tarda una década en construirse.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Capacidad renovable: 175 GW de solar y eólica en 2040, dentro de un sistema que pasará de 123 a 281 GW.
- Mix renovable: del 63% al 77% de la capacidad instalada total.
- Inversión: unos 190.000 millones de dólares, de los que cerca de 100.000 millones irían a solar y eólica.
- Flexibilidad: 140 GWh de almacenamiento y una interconexión que sube de 5,4 a 15 GW.
El ritmo real no cuadra todavía con el objetivo
La capacidad solar acumulada de Turquía rondaba los 26,9 GW al cierre del primer semestre de 2026, tras sumar 2,1 GW en esos seis meses y 4,7 GW a lo largo de 2025. El crecimiento es sólido, pero la distancia hasta el objetivo es otra cosa: pasar de 123 a 281 GW en 14 años implica añadir de media más de 11 GW de capacidad cada año, sumando todas las tecnologías. Con 4,7 GW solares anuales, la cuenta no sale.
Turquía tiene además un umbral intermedio: 120 GW combinados de solar y eólica en 2035. El salto desde ahí hasta los 175 GW de 2040 exige 55 GW en cinco años, once al año solo entre estas dos tecnologías. Y parte del parque existente necesitará repotenciación en lugar de sumar capacidad nueva, lo que reduce el margen real.
Aquí está la letra pequeña que separa compromiso de acción. Los 190.000 millones son una estimación de necesidad, no capital comprometido. La velocidad dependerá de tres cosas, poco fotogénicas: permisos, capacidad de evacuación y contratos de compra de energía que den al proyecto una tarifa predecible. Turquía ya ha demostrado que puede adjudicar subastas rápido; el cuello de botella histórico ha sido conectarlas.
Lo que el 77% significa fuera de Turquía
El precedente más directo es el propio objetivo de 120 GW para 2035, fijado antes de esta visión a 2040, y la trayectoria del programa YEKA desde 2017. El nuevo plan no inventa un marco: acelera uno existente y lo hace con un argumento de política industrial. Turquía vende acero, cemento, aluminio y fertilizantes a la Unión Europea, y el CBAM —el mecanismo de ajuste en frontera por carbono— ya obliga a declarar la huella de esos productos que entran en el mercado comunitario. Un mix eléctrico más limpio y más electrificado es, para Ankara, una ventaja arancelaria antes que un gesto climático.
Ese es el dato que sostiene la etiqueta. Si en 2040 el 77% de la capacidad instalada es renovable y el 36% de la economía está electrificada, la industria turca exportará con una huella menor que la de sus competidores y pagará menos ajuste en frontera. Si el ritmo se queda en los 4,7 GW anuales de 2025, el plan será un buen marco para la COP31 de Antalya y muy poco más. La transición se mide en gigavatios conectados, no en gigavatios anunciados.
Hay un detalle de calendario que conviene no perder: la cumbre de Antalya arranca el 9 de noviembre y el país anfitrión llega con su propia hoja de ruta bajo el brazo. Los 14 años que separan 2026 de 2040 son, en términos de planificación eléctrica, apenas dos ciclos de inversión. Lo que no se autorice antes de 2030 difícilmente estará operando en 2040.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 175 GW solares y eólicos desplazarían buena parte del gas importado y recortarían de forma estructural las emisiones del sistema eléctrico turco.
- Modelo que cambia: la generación centralizada con combustibles fósiles deja paso a subastas YEKA, hibridación y miles de plantas de menos de 1 MW.
- Para las próximas generaciones: un mix al 77% renovable y un 36% de electrificación son la base para que la industria turca siga exportando sin pagar el ajuste de carbono.

