Xavier García Albiol califica de ‘fracaso’ la política lingüística del catalán y anticipa una revisión de la financiación autonómica si Feijóo llega a La Moncloa.
El alcalde de Badalona y cabeza de cartel del PP en Catalunya para las elecciones generales del 29 de noviembre sostiene que el uso del catalán retrocede mientras el gasto público en su promoción no deja de crecer. ‘Nunca se ha invertido tanto dinero y cada día se habla menos’, resumió este viernes en declaraciones a Catalunya Ràdio.
Su diagnóstico apunta a la forma antes que al fondo: se han aplicado ‘políticas antipáticas que han provocado que una parte de la gente lo rechace. De ahí su propuesta de un replanteamiento general bajo criterios ‘académicos, no políticos’ y con otro tono. Traducido: menos imposición y más persuasión. ‘Hacerlo simpático’, dijo.
Un mapa lingüístico de dos velocidades
Albiol no dibuja una Catalunya homogénea. Reconoce que en los barrios del área metropolitana de Barcelona ‘se habla más castellano’, mientras que en la Catalunya interior y en las comunicaciones con la Administración pública —’menos en la Justicia’, precisó— el catalán ‘es omnipresente’. Su conclusión es que cualquier política seria debe mirar ‘la realidad de cada territorio’ antes de decidir dónde pone el dinero.
De ahí su doble receta: fomentar el catalán donde haga falta porque ‘es lengua propia’ y garantizar el aprendizaje del castellano ‘con todas las garantías’ allí donde no ocurre. Ambas son oficiales, recordó, y la solución no pasa por la vía legal sino por acuerdos sociales que se sostengan en el tiempo.
Que el catalán retroceda donde es omnipresente y flojea donde es minoritario exige algo más que un cambio de tono: datos por barrio y presupuesto por barrio.
Sobre el Procés, el alcalde badalonés lamentó que los catalanes ‘lo hemos pasado mal muchos años por peleas en temas de identidad’ y constató que hoy ‘las relaciones en las calles son de normalidad’. Su fórmula: ‘sin crear antipatías, hacer los anticuerpos adecuados para que las dos lenguas se puedan expresar y convivan con naturalidad’.
Del 29N al Senado: dos mesas y un dilema con Vox
En clave electoral, planteó la cita del 29 de noviembre como un plebiscito entre dos modelos: ‘o seguir como hasta ahora con Pedro Sánchez y socios que le rodean’ o ‘un modelo de cambio, que es el que representa Feijóo’. La magnitud de ese cambio, admitió, dependerá de los resultados.

Su presencia en las listas al Congreso, dice, aporta ‘experiencia y soluciones’ en los asuntos que ha convertido en bandera: la ocupación ilegal, la multirreincidencia, y la inmigración irregular conflictiva. Y reivindica un voto transversal, de electores de Vox, PSC o Junts que, asegura, le han trasladado que le votarán. Descarta ser ministro y dejar la alcaldía: ‘ser alcalde de Badalona es la ilusión de mi vida’.
En el Senado, donde el PP no presenta candidatura en circunscripciones como Girona y Tarragona por el acuerdo con Vox, evitó pedir el sufragio para los de Abascal: ‘No les diré a quién tienen que votar ahí donde no se presenta el PP. Pero les diré que, si quieren un cambio, no pueden votar la candidatura del PSOE y el Frente Amplio’. Justificó la maniobra con una frase de manual: ‘Hay un riesgo de perder la mayoría suficiente y el PP reacciona’.
También rechazó la huelga general del 11 de noviembre, que considera ‘electoralista’ y, por primera vez, dirigida ‘contra la oposición’. Augura seguimiento en la Administración pública, pero no en la calle. Y cargó contra el Gobierno de Sánchez por la vivienda, ‘el principal problema de los españoles’ cuando hace unos años no lo era.
Financiación ‘segura’ con Feijóo: el envés del pacto con ERC
Catalunya ‘está mal financiada’ y necesita un modelo nuevo, concede, pero con dos condiciones: que no dependa ‘de si me das o no siete votos’ y que no se haga ‘a espaldas del resto de comunidades’. Es su crítica frontal al acuerdo entre el PSOE y ERC, que a su juicio ‘se ha traducido en nada’ porque dejó fuera al resto de territorios y no llegó a aprobarse.
Con Feijóo al frente del Gobierno, sostiene, la revisión es ‘segura’: la mayoría de las comunidades están gobernadas por el PP ‘y el consenso será fácil’. Eso sí, avisa de que el debate ‘no va de más recursos’, sino de invertirlos ‘con coherencia e inteligencia’. ‘Si te van echando dinero y no administras en lo que es prioritario, ya te pueden dar, que no sirve para nada’.
La lectura política es otra. Albiol traslada la lengua del terreno de la identidad al de la gestión, y ese giro tiene dos destinatarios: el votante de centro que se cansó del conflicto y el elector conservador que aún desconfía del PP en Catalunya. No es una posición inocua dentro de su propio partido, donde la confrontación lingüística ha funcionado como bandera durante años y donde cada matiz se compara con lo que dicen en Madrid.
En financiación, el precedente inmediato es el acuerdo de investidura de 2024 entre el PSC y ERC, que alumbró la llamada financiación singular para Catalunya. Albiol lo usa como arma: se negoció ‘a espaldas’ del resto y quedó ‘en nada’. El problema de su alternativa es de aritmética institucional. Si el nuevo modelo se cuece en el Consejo de Política Fiscal y Financiera con mayoría de comunidades del PP, una de las comunidades que más aporta al sistema negocia con menos palanca política que nunca, justo cuando ERC ha convertido esa carpeta en su línea roja.
Y hay un desajuste de relato. El mismo día que reivindicaba el voto transversal y evitaba pedir el sufragio para Vox en el Senado, su partido cerraba candidatura única con Vox en Girona y Tarragona. El ‘cambio’ que promete Feijóo se sostiene, por ahora, sobre esa contradicción.
Las tres semanas que restan hasta el 29N decidirán si el PP catalán rentabiliza el perfil de gestor de Albiol o si el marco nacional, con la lengua y la financiación como epicentro, se lo come. La promesa de un modelo ‘seguro’ con Feijóo tiene fecha de caducidad: la noche electoral.

