Los seis frugales exigen a Bruselas recortar el Marco Financiero Plurianual en varios cientos de miles de millones

Los seis grandes contribuyentes netos quieren recortar el presupuesto que arranca en 2028. La presidencia irlandesa debe presentar su propuesta antes de fin de año y la cumbre del 15 de octubre decidirá el pulso.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Alemania, Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia piden por carta recortar el próximo Marco Financiero Plurianual ‘en varios cientos de miles de millones de euros’.
  • ¿Quién está detrás? Los seis grandes contribuyentes netos, con la presidencia irlandesa del Consejo como árbitro y la Comisión Europea defendiendo su propuesta de casi dos billones de euros.
  • ¿Qué impacto tiene? El MFP que arranca en 2028 financia la PAC, la cohesión, la defensa y las infraestructuras. Un recorte golpearía de lleno a los fondos que recibe España.

Seis de los mayores contribuyentes netos de la UE exigen recortar el próximo Marco Financiero Plurianual en cientos de miles de millones. La carta, vista por Politico Europe, la firman Alemania, Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia, y va directa a la mesa de la presidencia irlandesa del Consejo.

Casi el 40% del presupuesto sale de seis capitales

La misiva que los seis firmantes han hecho llegar a Dublín —que este semestre ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE— no se anda con rodeos. ‘Nuestros seis países por sí solos financian casi el 40% de las contribuciones de todos los Estados miembros. Aunque los contribuyentes netos en su conjunto somos minoría, soportamos alrededor de tres cuartas partes de la carga financiera total’, sostiene el documento.

El argumento tiene fondo. El Marco Financiero Plurianual (MFP) es el presupuesto a siete años de la UE: gobierna desde las subvenciones agrícolas de la PAC hasta los programas de defensa, las inversiones en infraestructuras y las transferencias a las regiones más pobres. El periodo que ahora se negocia debe arrancar en 2028, y el vigente caduca antes.

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La Comisión Europea puso sobre la mesa un presupuesto de casi dos billones de euros, un 60% más en términos nominales que el actual. Para Berlín, La Haya, Viena, Copenhague, Estocolmo y Helsinki, ese salto es ‘simplemente no realista’. El conjunto de los frugales consideran que elevar el techo presupuestario es una forma encubierta de ampliar el gasto común que acabaría pagando el contribuyente alemán.

Del otro lado, Bruselas intenta aliviar la presión sobre las arcas nacionales con nuevos recursos propios (los ingresos que la UE recauda directamente, sin pasar por los Estados): impuestos comunitarios sobre los cigarrillos electrónicos, los vapeadores y las transacciones con criptomonedas. La idea es que el presupuesto no dependa solo de las transferencias nacionales. Los frugales no han comprado el argumento. ‘El presupuesto de la UE lo pagan, al final, los ciudadanos europeos. Eso sigue siendo cierto sea cual sea el mecanismo de financiación o el recurso propio que inventemos’, responden.

La pelea no es contable, es política: quien fija cuánto se gasta en Bruselas fija también qué modelo de Europa quiere para la próxima década.

Y la patata caliente es irlandesa. Dublín asume el papel de árbitro con las manos atadas por las posiciones atrincheradas de unos y otros.

El negobox irlandés y la cumbre del 15 de octubre

recorte presupuesto UE

La presidencia irlandesa debe presentar en los próximos días un nuevo negobox —el desglose detallado del presupuesto con cifras actualizadas—, y de su contenido dependerá que la negociación avance o se atranque. Los líderes europeos lo discutirán en una cumbre de dos días en Bruselas a partir del 15 de octubre.

El calendario aprieta. Los negociadores quieren cerrar un acuerdo antes de que acabe el año por dos razones. La primera es técnica: el presupuesto tiene que estar listo cuando expire el actual. La segunda es política: dejar la discusión abierta sería entregarla a las elecciones nacionales que se avecinan en Francia, Polonia y otros países, con el riesgo de que cualquier gobierno de turno convierta el MFP en rehén de su campaña.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, se ha mostrado públicamente optimista sobre la posibilidad de un acuerdo. Los cables cuentan otra cosa. Un cable diplomático interno alemán advirtió a ministros y altos cargos de que ‘no se apreciaban áreas potenciales de compromiso’ entre las dos partes cuando se reunieron a negociar. Las ‘posiciones atrincheradas’ de frugales y partidarios de gastar más no habían producido ‘ninguna sorpresa’, añadía el texto, que recogía también cómo Irlanda suplica a los embajadores que empiecen a ceder.

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El Eje del Poder Europeo

La geometría vuelve a ser la de siempre, con un matiz que lo cambia todo. El eje franco-alemán, motor histórico de cada acuerdo presupuestario, aparece partido: Berlín firma la carta de los recortes, mientras París —que defiende la política agrícola común y mira con recelo cualquier tijera— juega en la acera de enfrente. Es la misma fractura que ya se vio en la negociación del actual MFP y en el pulso de 2020 por el fondo de recuperación, cuando los frugales exigieron condiciones y descuentos a cambio de aceptar el endeudamiento común.

España juega en la otra mitad de la mesa. Es contribuyente neto, sí, pero también uno de los grandes receptores de la PAC y de los fondos de cohesión, y uno de los principales beneficiarios de los fondos Next Generation. Un recorte de cientos de miles de millones traducido a euros de cohesión y agricultura golpearía de lleno al campo andaluz, castellano-manchego y extremeño, y a las comunidades que sostienen la España vaciada. En negociaciones anteriores, Moncloa se alineó con la Comisión y con los países del sur —Italia, Portugal y Grecia comparten la misma preocupación— para defender un presupuesto más ambicioso y nuevos recursos propios.

La lectura a cinco años es incómoda para todos. Si los frugales imponen su cifra, la UE afrontará la próxima década con menos dinero justo cuando promete más rearme, más cohesión y más ampliación hacia el este; el coste lo pagarán precisamente las políticas que el club de los Veintisiete presume de defender. Si ganan los partidarios de gastar, los contribuyentes netos exigirán contrapartidas —condicionalidad, descuentos, más control— y el presupuesto europeo seguirá siendo un campo de batalla anual en lugar de un marco estable. Hasta aquí, la única certeza. Cosas que pasan en Bruselas.