Los EEUU completa su retirada militar de Irak tras dos décadas y deja vía libre a Irán

El repliegue se pactó en 2024 y lo ha ejecutado la Administración Trump en plena campaña contra Irán. Las milicias chiíes celebran la salida el 30 de septiembre mientras el ISIS recupera movimiento en Kirkuk y el Kurdistán.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Las últimas bases de la coalición liderada por EEUU en Irak quedan vacías este miércoles, 30 de septiembre, según el calendario pactado en 2024.
  • ¿Quién está detrás? El repliegue lo ejecuta la Administración de Donald Trump; lo celebran Irán y las milicias chiíes de la Resistencia Islámica en Irak.
  • ¿Qué impacto tiene? Teherán gana peso en Bagdad, el ISIS recupera iniciativa y Washington pierde presencia en el corredor entre el Golfo y el Levante.

La retirada de EEUU de Irak culmina este miércoles con el vaciado de las últimas bases de la coalición. El repliegue se pactó en 2024 bajo la presidencia de Joe Biden y lo ha ejecutado la Administración de Donald Trump, incluso mientras sostiene su propia campaña militar contra Irán. Se cierra un ciclo de más de dos décadas en el que murieron 4.500 estadounidenses.

Un repliegue pactado en 2024 y ejecutado en plena campaña contra Irán

El marco se fijó en septiembre de 2024, con el comunicado conjunto de Washington y Bagdad que ordenaba el fin de la misión militar de la coalición en las zonas bajo control federal y mantenía una presencia residual en el Kurdistán hasta finales de septiembre de 2026. Ese último tramo se agota ahora.

La secuencia arranca mucho antes: la invasión de 2003 para derribar a Sadam Husein, la ocupación, y el gobierno chií instalado desde Washington, la salida de finales de 2011 y el regreso menos de tres años después para frenar al autodenominado califato entre 2014 y 2017. En la Operación Libertad Iraquí murieron cerca del doble de estadounidenses que en la guerra paralela de Afganistán.

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Con los últimos convoyes se va algo más que una bandera. La coalición aportaba inteligencia, apoyo logístico y drones, tres capacidades que las fuerzas iraquíes no cubren por sí solas. El comandante kurdo Sirwan Barzani lo dijo sin rodeos: ‘Durante más de dos semanas hemos detectado movimiento de células durmientes del ISIS, después de que se anunciara en los medios que habría una retirada oficial de la coalición a finales de septiembre. Esto ha elevado, en mi opinión, la moral de los combatientes’.

El aviso no es teórico. Cuatro responsables de seguridad y del Ejército iraquí aseguran que una célula sospechosa del ISIS preparaba atentados suicidas para coincidir con la salida. En su momento de máxima expansión, los yihadistas llegaron a ocupar un tercio del territorio iraquí y grabaron en vídeo ejecuciones dentro de una antigua base estadounidense. ‘El ISIS busca enviar un mensaje de que sigue siendo fuerte y capaz de lanzar ataques sangrientos’, advirtió el coronel Khalid al-Bayati, responsable de seguridad en Kirkuk.

La otra objeción viene de dentro. Abdulrahman al-Zobaie, líder tribal suní en Faluya, la ciudad que fue bastión de la resistencia antiamericana, lo resume así: ‘Todos los iraquíes aspiramos a la plena soberanía y ningún iraquí lo discute. Pero creo que la coalición marchándose de esta manera y creando un vacío es lo que todos los iraquíes tememos’.

Washington se va de Irak sin ganar la paz que fue a buscar en 2003 y deja el terreno a quien nunca dejó de operar dentro.

Irak es, además, el único país que ha sostenido alianzas políticas y militares estrechas con Washington y con Teherán a la vez, y ha servido en ocasiones de campo de batalla por delegación. El asesinato del general Qasem Soleimani en el aeropuerto de Bagdad en 2020, los ataques repetidos contra bases estadounidenses y las represalias posteriores forman parte de esa crónica. Este año, siete militares estadounidenses han muerto en territorio iraquí.

Irán celebra como victoria propia lo que Washington llama repliegue ordenado

En Teherán y en las milicias chiíes iraquíes no hay matices. Abu Mojtaba al-Yasiri, comandante de la Resistencia Islámica en Irak —el paraguas que agrupa a las facciones armadas proiraníes—, describió la salida como ‘una victoria histórica para los grupos de la resistencia islámica iraquí y para los iraquíes honrados, y una derrota aplastante para el proyecto americano’. Anunció celebraciones el 30 de septiembre: ‘Irak ha demostrado que su soberanía no se asegura con fuerzas extranjeras, sino con la resistencia y la voluntad de su pueblo’.

El aparato institucional iraní acompaña el relato. Amir Hayat Moqaddam, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento de Irán, sostuvo el lunes que ‘una seguridad duradera prevalecerá en Irak’ una vez que los estadounidenses salgan del país y de la región, y garantizó que Teherán ‘apoya sin duda’ la retirada. La doctrina declarada es esa y no otra: forzar la salida estadounidense de todo Oriente Próximo.

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Hay un reverso incómodo para Bagdad. Washington acusa a las milicias proiraníes de exportar el conflicto y atacar países vecinos por indicación de Teherán; el episodio más reciente habría sido el impacto en un gran oleoducto saudí este mismo mes. El Gobierno iraquí dice trabajar para contener esa influencia, pero su capacidad real de fijar límites depende, en buena medida, de la presencia que acaba de irse.

Equilibrio de Poder

Lo que observamos es un repliegue que responde a una jerarquía de prioridades, no a una derrota táctica. La Administración Trump ha convertido Oriente Próximo en un tablero secundario frente al Indo-Pacífico y frente a su propia campaña contra Irán, y asume el coste de dejar el suelo iraquí. Moscú, que mantiene canales con Teherán y con Bagdad, gana margen diplomático sin mover un solo batallón. Bruselas se queda con la parte ingrata: los europeos que sostienen la misión de adiestramiento de la OTAN en Irak —no combatiente, con instructores y asesores— verán revisada su huella sobre el terreno. Los términos de esa misión pueden seguirse en el portal oficial de la Alianza.

Para España el movimiento tiene tres lecturas. La primera es energética: Irak figura de forma recurrente entre los principales suministradores de crudo al mercado español, y un Irak con más peso del eje chií es un suministrador con más volatilidad política. La segunda es de arquitectura militar: Rota y Morón valen más cuanto más densa es la red logística estadounidense en el Mediterráneo y el Golfo, y un repliegue que adelgaza esa red diluye parte del argumento. España, además, mantiene instructores en la misión aliada en Irak.

La tercera lectura, y la más delicada, es la del flanco sur. La recomposición yihadista en Irak no se queda en Irak: las franquicias del ISIS en el Sahel se alimentan del relato, del dinero y del retorno de combatientes. Si el grupo recupera Mesopotamia, el Magreb lo escuchará. El Pentágono mantiene sus comunicados públicos en su portal oficial.

Conviene tener a mano un precedente: la retirada de Afganistán en 2021. Entonces también se dijo que las fuerzas locales estaban listas; tres semanas después, Kabul había caído. Con Irak nadie pronostica un colapso militar de ese calibre —el Ejército iraquí es otra cosa—, pero el paralelismo del método es evidente: se pacta un calendario, se deja de sostener en el aire lo que no puede sostenerse en el suelo y se acepta que el vacío lo ocupe otro. Lo honesto es reconocer la incertidumbre: no sabemos cuánta influencia real traducirán las milicias en decisiones de seguridad y política, ni cuánto tardará el ISIS en convertir su moral recuperada en atentados con víctimas masivas.

El próximo marcador será el informe trimestral del inspector general del Pentágono sobre la misión que se cierra, el documento con el que Washington rinde cuentas de lo que deja atrás. Hasta entonces, la única certeza es que Irak entra en octubre con menos contrapesos, más actores armados y una frontera ideológica que vuelve a calentar el mapa entre el Golfo y el Sahel.