La deuda argentina en pesos con acreedores privados creció casi un 40% en nueve meses, hasta 97.000 millones de dólares. Y ese salto, leído desde Madrid, enciende una alerta que toca de lleno a la banca española.
Vamos por partes, porque la cifra impresiona y conviene desmenuzarla. Según las estimaciones de la consultora EcoGo, el stock de deuda consolidada en moneda local con privados pasó de 69.000 millones de dólares en diciembre de 2025 a 97.000 millones en septiembre de 2026. Un aumento de 27.000 millones de dólares en apenas nueve meses.
Qué ha pasado con la deuda argentina en pesos
El Gobierno de Javier Milei recurrió este año a la colocación de bonos como su gran aspiradora para absorber pesos. El objetivo era doble: mantener el dólar calmo y despejar pagos antes del calendario electoral. Traducido: emitir deuda en pesos para que ese dinero no acabara corriendo hacia el billete verde, alentando el llamado carry trade —colocar fondos en pesos a tasas altas aprovechando la diferencia con el dólar—.
Según la versión oficial, el stock de deuda en pesos con el sector privado se mantiene estable en porcentaje del producto bruto, entre el 12% y el 14% del PBI. El dólar subió un 5% en el año frente a una inflación del 23%, y por ese efecto cambiario —el desfase entre lo que avanza el tipo de cambio y lo que avanzan los precios— el stock medido en dólares parece mayor de lo que realmente es.
Los analistas matizan ese relato. Sebastián Menescaldi, socio adjunto de EcoGo, lo resume con crudeza: ‘Emitiste pesos para comprar 14.000 millones de dólares de reservas, lo lógico hubiera sido que los bancos entregaran crédito a empresas y familias, pero no hubo ese incremento de inversión ni consumo, entonces lo absorbieron incrementando deuda.
Y aquí está el detalle que casi nadie subraya. El 72% del stock de deuda en pesos con privados está indexado, es decir, atado a la inflación o al dólar. Eso impide licuar el pasivo en caso de una devaluación: si el peso se hunde, la factura crece en lugar de diluirse.
Argentina ha convertido buena parte de su deuda en pesos en una factura atada a la inflación y al dólar, sin margen para licuarla.
El otro cambio llegó en agosto, cuando el Ejecutivo viró hacia títulos de vencimiento corto y variantes ajustadas al dólar, después de que el mercado se inquietara por la continuidad política del país. La duda sobre la reelección de Milei enfrió la colocación de bonos en dólares y obligó a ofrecer una suerte de seguro contra la disparada del tipo de cambio.
Por qué la banca española mira a Buenos Aires con inquietud
Y aquí entra España. El Santander y el BBVA, los dos grandes bancos españoles con presencia consolidada en el país, mantienen filiales entre las principales entidades del sistema financiero argentino. Su exposición directa no compromete por sí sola sus cuentas globales, pero una devaluación abrupta tensionaría la morosidad y el valor de sus carteras.
Conviene recordar que la banca española ya vivió esta película. En la crisis de 2001, con el corralito y el mayor impago soberano de la historia, las filiales argentinas de los grandes bancos españoles obligaron a provisiones multimillonarias y a un repliegue que marcó su estrategia en Latinoamérica durante años.

Hoy el contexto es distinto: menos exposición relativa, balances más capitalizados y una gestión de riesgo más afinada. Pero el riesgo país argentino sigue siendo un termómetro sensible, y la combinación de deuda indexada y vencimientos concentrados después de octubre de 2027 puede tensar el mercado si la política se complica.
Lo que el precedente argentino enseña a España
Para entender el alcance real conviene mirar el precedente. Argentina es el laboratorio recurrente del endeudamiento en moneda propia: en 2018 necesitó un rescate récord del FMI y en 2001 llegó a acumular un impago de casi 100.000 millones de dólares. Cada ciclo deja la misma lección: cuando la deuda se indexa y se acorta el plazo, el margen de maniobra se estrecha justo cuando más se necesita.
Las empresas españolas también siguen de cerca el pulso argentino. Para el Santander y el BBVA, la filial argentina es hoy una pieza menor en el conjunto del grupo, pero sirve de termómetro para medir el atractivo de toda una región. La pregunta que se hacen en las mesas de Madrid es sencilla: si el riesgo país vuelve a dispararse, ¿aguantará el sistema financiero español su exposición sin repetir errores del pasado?
De momento, los vencimientos posteriores a octubre de 2027 —ya cerca de la mitad del stock— dan al Gobierno aire para respirar. Lo que conviene vigilar en las próximas semanas es la tasa de renovación de esos bonos y el pulso del dólar. Si Argentina no logra convencer a los bancos, la banca española será la primera en notarlo.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El Gobierno argentino emitió bonos en pesos para frenar la presión sobre el dólar y despejar pagos antes del calendario electoral. La deuda en moneda local con privados se disparó casi un 40% en dólares en nueve meses.
- Datos importantes: El stock pasó de 69.000 a 97.000 millones de dólares entre diciembre de 2025 y septiembre de 2026, con el 72% indexado. Cerca de la mitad vence después de octubre de 2027.
- Resumen: La exposición del Santander y el BBVA a Argentina es limitada en proporción a sus balances, pero el riesgo país vuelve a ser un termómetro clave para la imagen y los intereses españoles en la región.
