El déficit federal de EE. UU. se dispara a casi 2 billones por el pago de intereses y las devoluciones de aranceles

El desequilibrio entre ingresos y gastos creció en 218.000 millones de dólares en un solo ejercicio y el servicio de la deuda ya es la segunda partida del presupuesto, solo por detrás de la Seguridad Social. El bono español se financia con la mirada puesta en el Tesoro americano.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Oficina de Presupuesto del Congreso publicó este jueves su informe del año fiscal cerrado el 30 de septiembre: déficit cercano a los 2 billones de dólares, 218.000 millones más que el ejercicio anterior.
  • ¿Quién está detrás? El Tesoro, que coloca deuda a tipos crecientes, y la Casa Blanca, cuya política arancelaria genera reembolsos a importadores.
  • ¿Qué impacto tiene? Presión al alza sobre los tipos a largo plazo, encarecimiento de la financiación soberana en Europa —España incluida— y un quebradero añadido para la Reserva Federal.

El déficit federal de EE. UU. cerró el último año fiscal cerca de los 2 billones de dólares. El pago de intereses de la deuda y las devoluciones de aranceles explican el grueso del desfase.

El interés de la deuda ya pesa más que casi todo el presupuesto federal

Según el informe que la Oficina de Presupuesto del Congreso difundió este jueves, el desequilibrio entre ingresos y gastos federales creció en 218.000 millones de dólares respecto al ejercicio anterior. Casi dos billones en total, el equivalente a más de 1,7 billones de euros: por encima del producto interior bruto anual de España.

Lo que más incomoda en Washington no es el total, sino su composición. El servicio de la deuda se ha convertido en la segunda mayor partida del presupuesto federal, solo por detrás de la Seguridad Social. El Tesoro paga hoy más intereses que por Defensa, la sanidad federal o cualquier otro programa discrecional.

Publicidad

A eso se suma un factor menos habitual. El informe coloca entre los elementos que han engordado el agujero las devoluciones de aranceles: reembolsos que el Tesoro ha abonado a importadores por gravámenes cobrados y después cuestionados. La maquinaria recaudatoria montada en torno a la política arancelaria de Donald Trump funciona como un péndulo, y la parte devuelta vuelve a entrar en en las cuentas.

En el mercado de bonos, el efecto es inmediato. El Tesoro coloca volúmenes crecientes de deuda y el comprador marginal exige más prima para absorberlos. El rendimiento del bono americano a diez años es la varilla con la que se mide todo lo demás: hipotecas, crédito corporativo y deuda soberana europea.

Cuando el segundo mayor gasto del mayor presupuesto del mundo son los intereses, la política fiscal deja de ser una elección y se convierte en una servidumbre.

La Reserva Federal queda en una posición incómoda. Si baja los tipos para aliviar el coste de financiación del Estado, arriesga un rebrote de inflación. Si los mantiene, el interés compuesto de la deuda se come el margen fiscal de la próxima administración.

Qué significa para España un Tesoro que se financia cada vez más caro

deuda pública EE.UU.

España no está en el centro del problema, pero tampoco es inmune. El bono español a diez años se mide por su diferencial frente al alemán, sí, pero su nivel absoluto se ancla al rendimiento del Tesoro americano. Cuando esa varilla sube, sube todo.

La aritmética es tosca pero útil. El Tesoro español coloca cada año en torno a 200.000 millones de euros en deuda nueva; cada 100 puntos básicos de encarecimiento sobre ese volumen equivalen a unos 2.000 millones adicionales de carga anual. No hace falta una crisis: basta con que el mercado exija una prima algo mayor.

En el terreno comercial, las exportaciones españolas de bienes a EE. UU. rondan los 18.000 millones de euros anuales, con el aceite de oliva, el vino,, la maquinaria y el automóvil como puntas de lanza. Las devoluciones de aranceles abren además una vía para las compañías que hayan pagado gravámenes declarados improcedentes, aunque los plazos se cuentan en años de litigio.

Publicidad

Mayor exposición tienen las empresas con filiales en EE. UU. Santander y BBVA financian su negocio americano en el mercado local, donde el precio del dinero marca directamente el margen.

Iberdrola, a través de Avangrid, y Ferrovial, con sus autopistas de peaje, calculan la rentabilidad de sus proyectos con la curva de tipos estadounidense sobre la mesa. España, con una deuda en torno al 100% del PIB, no dispone del colchón alemán.

La Lógica de Washington

Hay una lógica detrás de este agujero que en Europa se lee a menudo como simple descontrol. No lo es. La Casa Blanca y la mayoría republicana persiguen tres objetivos a la vez: sostener la rebaja fiscal que da de comer a su coalición, blindar el gasto de Defensa en pleno ciclo de rearme y no tocar la Seguridad Social ni Medicare. El déficit no es un fallo del sistema. Es el subproducto aceptado del pacto.

El precedente es reconocible. En 1981, Ronald Reagan bajó impuestos, subió el gasto militar y dejó que la Reserva Federal de Paul Volcker mantuviera los tipos altos para estrangular la inflación. Salieron los twin deficits, los déficits gemelos, el fiscal y el comercial, que convirtieron a EE. UU. en deudor neto del mundo. La diferencia hoy es de escala: entonces la deuda federal rondaba el billón de dólares; ahora se mide en decenas de billones.

Y hay una tensión interna que nadie en la Casa Blanca oculta. Los mismos aranceles con los que se quiere reducir el déficit están generando devoluciones que lo engordan. Parte del dinero recaudado ha vuelto a los importadores. La política comercial y la política fiscal, diseñadas por separado, se estorban en la misma caja.

Para España, la proyección es de paciencia y prima de riesgo. La próxima reunión del FOMC (el Comité Federal de Mercado Abierto, el órgano de la Reserva Federal que fija los tipos) será el primer termómetro. Después llega el calendario de subastas del Tesoro. Ninguna de esas citas se decide en Madrid. Las dos se notan en Madrid.

Ficha del Caso

  • El caso: El déficit federal de EE. UU. se acerca a los 2 billones de dólares en el año fiscal cerrado el 30 de septiembre, lastrado por el pago de intereses y por las devoluciones de aranceles a importadores.
  • Datos clave: 218.000 millones de dólares más de desequilibrio que el ejercicio anterior; el interés ya es la segunda partida del presupuesto, solo por detrás de la Seguridad Social; España coloca unos 200.000 millones al año en deuda nueva.
  • Para España: el encarecimiento del bono americano se traslada al coste de financiación soberana, a los márgenes de Santander, BBVA e Iberdrola en EE. UU. y al calendario de reclamaciones de los exportadores que pagaron aranceles.