Más de 200 empresas gallegas trabajan ya, de forma directa o indirecta, en la cadena de la industria de defensa y la seguridad. El viejo monopolio del astillero ha quedado atrás.
El camino lo abrieron Navantia Ferrol, con la fabricación de buques, y la gallega Urovesa, con sus vehículos todoterreno militares. Durante años parecieron una excepción industrial. Hoy son la cabeza de un ecosistema. Lo dice Justo Sierra, presidente de Asime, la patronal metalúrgica gallega: «Hay más de 200 compañías en la comunidad que están trabajando de manera directa e indirecta» en este segmento. Su grupo SedDefense aglutina ya a medio centenar de empresas.
De Ferrol a las pymes tecnológicas: el mapa de las 200 empresas
La cifra no salió de un despacho. La puso sobre la mesa el propio sector este viernes, en una jornada de Asime y la Zona Franca sobre el control de las exportaciones de defensa y de productos de doble uso. Y desde el Ministerio de Economía la reconocen sin matices. Rafael Coloma, subdirector general de Comercio Internacional de Defensa, describió «un mayor desarrollo de pymes, algunas de un tamaño muy respetable, y otras más pequeñas sobre todo en el ámbito tecnológico».
De eso hablamos cuando hablamos de material sensible: aeronaves, buques, armamento, sistemas electrónicos, tecnologías o sistemas de telecomunicaciones satelitales con fines militares. Mercancías con impacto directo en la seguridad nacional e internacional y, por tanto, sometidas a un control estricto en su comercio exterior.
Ahí está el nudo. «El marco estratégico actual cambió mucho en los últimos años y la única manera de que haya una defensa fuerte es que haya una industria fuerte en Europa», señaló Coloma, que puso el acento en compatibilizar ese control con la internacionalización empresarial. Sierra añadió otra urgencia: «Es más necesario que nunca tener herramientas que nos permitan seguir desarrollando inversiones». Los números acompañan. La facturación del sector en Galicia ascendió a 500 millones de euros en 2024, según la patronal estatal Tedae, que sitúa a la comunidad entre las más relevantes del panorama nacional.
Galicia facturó 500 millones de euros en defensa en 2024: ha dejado de ser periferia del sector para convertirse en eslabón de la cadena industrial europea.
A todo esto se suma la inteligencia artificial. Coloma la describió como «un arma de doble filo» por los riesgos asociados y su «posible uso con fines ofensivos». Eso sí, también ve una puerta: «Puede convertirse en una gran oportunidad para que las empresas gallegas puedan reforzar sus propias capacidades de seguridad y desarrollar soluciones comercializables en los mercados internacionales».
Exportaciones, inteligencia artificial y la oportunidad del sur de Galicia
La industria española de defensa exporta entre el 60% y el 70% de su producción. Esa dependencia del exterior define el negocio y también su vulnerabilidad. Sobre el terreno, el delegado del Consorcio de la Zona Franca, David Regades, destacó «el elevado número de empresas que desde los parques del Consorcio se están dedicando a este sector» y calificó de «gran oportunidad» la que se abre para la industria del sur de Galicia. «Estamos recibiendo consultas de las compañías porque el ámbito de la defensa es muy complejo, sensible y de estrategia de país y de Europa», explicó.
La geografía del sector se está moviendo. Ferrol sigue siendo la gran ancla naval, pero el mapa se llena de electrónica, sensórica, software y servicios industriales repartidos por polígonos de media Galicia. Muchas de esas empresas son pequeñas. Casi todas comparten el mismo problema: el acceso a licitaciones europeas que exigen tamaño y certificaciones fuera del alcance de una plantilla de veinte personas.

El Laboratorio Gallego
En clave gallega, el asunto ha entrado en la política industrial sin estridencias. El PPdeG gobierna la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela) con mayoría absoluta y presenta la defensa como una pata más de diversificación productiva. El BNG, primera fuerza de la oposición, y el PSdeG suelen desplazar el foco hacia el empleo industrial que genera el sector y hacia las garantías del control exportador. Ninguno de los tres ha convertido este terreno en campo de batalla. Con 200 empresas y medio centenar en SedDefense, el consenso resulta más fácil que el conflicto.
La lectura nacional va por otro camino. La competencia sobre exportaciones y sobre el grueso del gasto en defensa se decide en Madrid y en Bruselas, no en Santiago. Galicia aporta capacidades —naval, vehículos militares, electrónica— y una cifra que pesa: 500 millones de euros, según Tedae. La paradoja es que la comunidad más beneficiada por el rearme europeo no controla ni el calendario ni las licencias. Y eso, en un sector que vende fuera dos tercios de lo que produce, es una dependencia estructural.
Quedan incógnitas. El desarrollo de las pymes tecnológicas depende de que el Ministerio de Economía agilice licencias sin rebajar controles y de que la Administración autonómica sostenga la internacionalización cuando lleguen los próximos presupuestos. La otra pregunta es de escala: cuántas de esas 200 empresas darán el salto a contratos europeos y cuántas se quedarán en el segundo o tercer nivel de la cadena de suministro. La tradición naval gallega, de Bazán y Astano a la actual Navantia, demuestra que el sector sabe adaptarse. También que tarda décadas en hacerlo.
Ficha del Caso
- El caso: Más de 200 empresas gallegas trabajan, directa o indirectamente, en la cadena de defensa y seguridad, con medio centenar integradas en el grupo SedDefense de Asime.
- Datos importantes: 500 millones de euros de facturación en Galicia en 2024 (Tedae); entre el 60% y el 70% de la producción española del sector se exporta; jornada de Asime y Zona Franca sobre el control de exportaciones de defensa y productos de doble uso.
- Resumen: El Ministerio de Economía constata el desarrollo de pymes tecnológicas gallegas en la cadena de defensa, con el naval de Ferrol como ancla y el sur de Galicia como nuevo polo. La llave de la expansión se gira en Madrid y en Bruselas.

