Cuatro embajadores españoles continúan al frente de sus legaciones en capitales de primer orden —Washington y París entre ellas— pese a haber cumplido ya la edad de jubilación. No se trata de destinos menores: son plazas donde se juega buena parte del peso exterior de España. Su permanencia no descansa en una autorización expresa, sino en el silencio de la ley sobre cuánto puede durar un mandato y en la falta de acuerdo dentro del Gobierno para ejecutar los relevos, lo que ha convertido la prórroga en una situación de hecho que se prolonga sin fecha de caducidad.
La lista ordena el asunto de lo concreto a lo estructural. Primero pone nombre y destino a los titulares afectados; después reconstruye el pulso entre Moncloa y Exteriores por el control de los nombramientos, competencia formal del Consejo de Ministros a propuesta del departamento que dirige la política exterior, según el artículo 44.4 de la Ley de la Acción y del Servicio Exterior del Estado de 2014. A continuación, examina la fórmula jurídica que ampara la prórroga, el coste que tiene para la carrera diplomática y, por último, el riesgo que asume la red exterior en dos plazas decisivas.
4El riesgo exterior: embajadas decisivas ante EE.UU. y Francia con titulares de mandato prorrogado
Washington y París son las dos plazas donde la red exterior española juega más peso político: por Washington pasa la relación con la primera economía mundial, y por París, el vínculo con el socio central del eje francoalemán, con la defensa europea, Ucrania o los aranceles sobre la mesa. Que esas dos embajadas sigan ocupadas por titulares de mandato prorrogado, y no por relevos ya consolidados, significa que España negocia asuntos de calado con un jefe de misión cuyo horizonte es incierto ante interlocutores —la Casa Blanca, el Elíseo, el Quai d’Orsay— que ya conocen esa provisionalidad. En París, el puesto lo ocupa Victorio Redondo Baldrich, según los documentos oficiales de la Embajada y del BOE de 2025 y 2026. La costumbre en la carrera es que un jefe de misión permanezca cuatro años; cuando ese plazo se estira sin fecha de salida, el interlocutor extranjero sabe que negocia con alguien que puede desaparecer de un Consejo de Ministros a otro.
Lo que hace el caso singular no es el retraso, sino la discrecionalidad que lo permite. La jubilación de los funcionarios a los 70 años no opera de forma automática sobre los jefes de misión: Exteriores sostiene que su nombramiento es discrecional y que no hay obligación de publicar las prórrogas en el BOE, algo que sí ocurrió con Carlos Westendorp en Washington en tiempos de Zapatero. Ya hubo un episodio comparable en 2016, cuando Margallo prorrogó a cinco embajadores con el Gobierno en funciones y Dastis los cesó en bloque en diciembre. El resultado, en plazas del máximo nivel, es que la renovación depende del equilibrio interno y no de un calendario: en junio de 2025 sí se cesó por edad al embajador en Nueva Zelanda, Miguel Bauzá, y a Antonio Pérez-Hernández en República Dominicana, mientras otros destinos quedan a la espera. La asociación de diplomáticos lleva años advirtiendo de que esa imprevisibilidad daña a todo el cuerpo y, con él, a la capacidad de influencia de España donde más se decide.

