Putin ha vuelto a hablar con Finlandia y Noruega después de un año de silencio con Europa. El presidente ruso conversó este martes con Alexander Stubb y Jonas Gahr Støre, su primer contacto con dirigentes europeos en doce meses. La llamada coincide con una tregua humanitaria en Oleshky, ciudad ocupada en la región de Jersón, y con un acercamiento entre el Kremlin y la Casa Blanca que inquieta en Bruselas.
Lo que dijo el Kremlin y por qué las versiones no cuadran
Según el comunicado ruso, Putin cargó contra la Unión Europea y la OTAN por su ‘política de confrontación’, a la que atribuyó la prolongación de las ‘hostilidades’. La ‘paz justa y duradera’, dijo, exige tener ‘plenamente’ en cuenta los intereses de Moscú. Traducido: la retirada de las tropas ucranianas de Donetsk, la región oriental que Rusia reclama como propia y que no controla por completo.
Los tres mandatarios acordaron mantener el ‘contacto directo por teléfono’. Stubb calificó la conversación de ‘sustancial’ y la defendió: ‘Para poner fin a la guerra se requieren conversaciones directas’. Støre subrayó que todos los aliados fueron informados antes de la llamada. La precisión no es casual.
La versión noruega no encaja con la danesa. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, se declaró ‘muy escéptica’ y aseguró que la llamada no se coordinó con el resto de líderes europeos. Creo que deberíamos mantener a Europa unida, en lugar de ir por nuestra cuenta’, advirtió.
Qué se juega España con esta llamada
España no estaba en esa conversación, pero se sienta en la estructura de seguridad que Putin acaba de poner en duda. Es miembro de la OTAN desde 1982, mantiene tropas en el flanco este y comparte con Estados Unidos las bases de Rota y Morón. La unidad aliada no es un adorno: decide el gasto en defensa español, incluido el objetivo del 5% del PIB pactado en la cumbre de La Haya
Hay un segundo efecto, más silencioso. Si las capitales nórdicas se acostumbran a negociar a dos bandas con Moscú, la posición común europea se agrieta. Y quien no está en primera línea de contacto —España no lo está— pierde capacidad de influir. El acuerdo bilateral de seguridad que España firmó con Ucrania en mayo de 2024 se apoya en esa coordinación que ahora cruje.
Una llamada bilateral puede abrir una grieta mayor que cualquier ofensiva: la de la posición común europea frente a Moscú.
El tercer frente es el energético. El acercamiento entre Donald Trump y el Kremlin se ha traducido en un acuerdo para comprar diésel ruso pese a las sanciones: según el viceministro Alexander Novak, tres petroleros están de camino a Estados Unidos y un cuarto zarparía el miércoles. Para Repsol y Cepsa, competir contra producto ruso que esquiva el coste regulatorio europeo es jugar con una mano atada.
España no produce gas. En los últimos años Rusia se ha colado entre los principales suministradores de gas natural licuado al mercado español. Cualquier gesto que relaje la presión sobre Moscú mueve el tablero de precios en un país donde la factura energética pesa en cada balance.
El precedente que conviene recordar
Europa ya ha visto esta película. Entre 2014 y 2015, el formato de Normandía —Berlín, París, Moscú y Kiev— intentó cerrar la guerra del Donbás con los acuerdos de Minsk. Pactos bilaterales, firmados al margen de la maquinaria comunitaria, que nunca se aplicaron: la paz se aplazó y en 2022 saltó todo por los aires. Con el gas pasó algo parecido. El Nord Stream 2, el gasoducto que iba a doblar la dependencia alemana de Moscú, acabó como símbolo de una Europa que negociaba por su cuenta.
La lección española es la contraria. En 2022, con el gas en máximos históricos, España y Portugal arrancaron a Bruselas la excepción ibérica, un tope al precio del gas para generar electricidad que rebajó la factura de millones de hogares. Funcionó porque se negoció en bloque, no en solitario.
El calendario, mientras tanto, sigue corriendo. La tregua de Oleshky está prevista, según el diputado ucraniano Davyd Arakhamia, hasta el 1 de noviembre a las 20.59. El Kremlin dice que aceptaría otras pausas humanitarias, pero avisa de que las negociaciones trilaterales de noviembre —Moscú, Kiev y Washington, probablemente en Abu Dabi— no implican rebajar la presión militar. La guerra no da tregua: los ataques de la pasada madrugada en Kiev dejaron un muerto y quince heridos, con instalaciones médicas y un edificio universitario dañados.
Después de hablar con Putin, Stubb y Støre llamaron a Volodimir Zelensky, que recibió un informe detallado y aseguró que sus aliados instaron al Kremlin a tomar ‘medidas de desescalada’. Queda la pregunta de fondo: quién habla con Moscú, en nombre de quién y con qué mandato. La respuesta afecta a España tanto como a Finlandia, y noviembre dirá si la llamada del martes fue diplomacia o fue una grieta.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Putin conversa por teléfono con el presidente de Finlandia y el primer ministro de Noruega, su primer contacto con dirigentes europeos en un año, en plena tregua humanitaria en Oleshky.
- Datos importantes: Tregua prevista hasta el 1 de noviembre a las 20.59; tres petroleros rusos camino de Estados Unidos con diésel pese a las sanciones; negociaciones trilaterales en noviembre, probablemente en Abu Dabi.
- Resumen: La llamada bilateral tensiona la posición común europea y afecta a España en defensa, energía y peso diplomático.
