5Cómo evitar el pago: 1.000 puntos Microsoft Rewards o activar Windows Backup
Microsoft no obliga a pagar: el asistente de inscripción que aparece en Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update plantea tres puertas y solo una pasa por caja. La primera es canjear 1.000 puntos de Microsoft Rewards, que se acumulan buscando en Bing, navegando con Edge, usando Xbox o comprando en la Microsoft Store con la misma cuenta. El cambio sale barato en términos de esfuerzo: solo instalar la app de Bing reporta 500 puntos y con las tareas diarias se suman entre 50 y 100 al día, de modo que en pocas semanas se cubre el trámite. Eso sí, hay requisitos que no se negocian: Windows 10 versión 22H2 actualizado y una cuenta Microsoft con permisos de administrador, porque las cuentas locales no valen. La segunda vía gratuita es activar Windows Backup, que sincroniza ajustes y credenciales del sistema en OneDrive y, según Microsoft, facilita el salto posterior a Windows 11. La letra pequeña está en el almacenamiento: la nube regala 5 GB, una copia de un PC en uso suele pasarse y quien no quiera borrar datos acaba pagando, por ejemplo, unos 2 dólares al mes por 100 GB. Una misma licencia de ESU cubre hasta diez equipos vinculados a la cuenta.
Lo que hace este punto merecedor de estar en la lista es que, en España, el pago se puede esquivar por una vía aún más corta que las dos anteriores. Tras las quejas de Euroconsumers y en el marco del Espacio Económico Europeo, Microsoft retiró esas condiciones: basta con iniciar sesión en el PC con una cuenta Microsoft —y seguir haciéndolo, porque si no se usa en un plazo de hasta 60 días las actualizaciones se suspenden y hay que reinscribirse—. Ni puntos, ni copia de seguridad, ni 30 dólares. Además, la compañía amplió en silencio el programa hasta el 12 de octubre de 2027, con inscripción abierta hasta esa fecha y prórroga automática para quien ya estaba dentro. El límite es lo que se recibe: parches críticos e importantes, sin funciones nuevas, sin correcciones que no sean de seguridad y sin soporte técnico. Es decir, el «hachazo» existe sobre el papel, pero en el mercado español se queda en un trámite de cuenta, y fuera de Europa se paga con dinero, con datos o con tiempo de búsqueda.

