La Comisión amplía el mandato de Frontex: operará fuera de la UE y gestionará deportaciones

El texto habilita a la agencia a operar sobre centros de retorno fuera de las fronteras comunes y duplica su presupuesto en el próximo marco de siete años. La decisión sobre quién firma la orden de expulsión sigue en manos nacionales.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Comisión Europea ha presentado este martes una propuesta para ampliar el mandato de Frontex: la agencia podrá actuar en terceros países y asumir tareas de retorno y deportación.
  • ¿Quién está detrás? El Colegio de Comisarios, con el respaldo del bloque de Estados miembros partidario de externalizar el control migratorio. El texto debe pasar ahora por el Parlamento Europeo y el Consejo.
  • ¿Qué impacto tiene? Frontex dispondrá de 12.000 millones de euros en el próximo marco presupuestario de siete años, el doble que ahora. Canarias y Ceuta son las dos rutas donde el cambio se medirá primero.

El mandato ampliado de Frontex ya está sobre la mesa: la Comisión propone que opere en terceros países y ejecute deportaciones.

Bruselas presentó el texto este martes 27 de octubre. No es un ajuste técnico ni una corrección de reglamento. Es el primer paso para que la agencia con sede en Varsovia —hasta ahora un cuerpo de apoyo a las guardias fronterizas nacionales— deje de ser un socio y se convierta en operador con capacidad de intervención directa más allá de las fronteras comunes.

La propuesta llega envuelta en dinero: Frontex recibirá 12.000 millones de euros en el siguiente Marco Financiero Plurianual (el presupuesto de siete años de la UE, que debe entrar en vigor en 2028), el doble de su dotación actual. Esa cifra se negocia en la misma mesa donde los Veintisiete tienen que cubrir el agujero de 70.000 millones de euros que Ucrania presenta para el próximo ejercicio, validado en la cumbre de este mes.

Publicidad

Qué podrá hacer la agencia y qué sigue sin poder hacer

El texto habilita a Frontex para acelerar los retornos desde infraestructuras de deportación y para intervenir de forma directa en el exterior, coordinando incluso el traslado de inmigrantes en territorio extracomunitario. Traducido a lenguaje de calle: la agencia podría organizar vuelos, operar sobre centros de retorno situados fuera de la UE y mover personas entre países terceros sin que cada movimiento pase por el visto bueno de una capital europea.

Lo que la propuesta no resuelve, y es la pregunta que de verdad pesa, es quién firma la orden de expulsión. Hoy la decisión de retorno es competencia nacional: un juez o un ministerio del Interior de cada Estado miembro emite el papel, y la agencia se limita a ejecutarlo. Si Bruselas toca ese reparto —y el texto deja la puerta abierta— el debate dejará de ser presupuestario y entrará de lleno en el terreno de la soberanía.

Externalizar el control migratorio siempre ha sido más barato sobre el papel que en la práctica: el acuerdo UE-Turquía de 2016 lo demostró con creces.

La base jurídica también importa, porque marca hasta dónde se puede llegar sin unanimidad. La norma vigente es el Reglamento 2019/1896, que creó la Guardia Europea de Fronteras y Costas con 10.000 efectivos. Modificarlo exige procedimiento legislativo ordinario, es decir, codecisión entre la Eurocámara y el Consejo por mayoría cualificada, con el Parlamento Europeo en posición de enmienda real. Cualquier ampliación competencial hacia el retorno toca además los artículos 77 y 79 del TFUE, el segundo de ellos dedicado específicamente a la inmigración irregular y la repatriación.

Canarias y Ceuta: dónde se mide el cambio

En España la propuesta tiene dos direcciones concretas. La primera es el Atlántico. La ruta canaria soporta desde hace años el mayor volumen de llegadas irregulares del país, con la particularidad de que buena parte de los cayucos salen de costas que quedan a cientos de kilómetros de cualquier capital europea, lo que convierte la cooperación con Mauritania, Senegal y Gambia en el verdadero cuello de botella. Una agencia con capacidad de operar sobre el terreno en esos países cambia el mapa de la interlocución: Madrid deja de ser el único canal.

La segunda es Ceuta. La ciudad autónoma vive de un equilibrio frágil: la readmisión de facto que Marruecos practica desde 2022 funcionó mientras Rabat tuvo interés en que funcionara. Si Frontex asume parte del traslado y de la logística de retorno en territorio marroquí, España gana capacidad operativa y pierde margen político, porque la relación bilateral con Rabat queda mediada por un organismo con sede en Varsovia y reglas de Bruselas.

Cabe recordar que el Pacto Migratorio (el paquete de normas europeas que armoniza asilo y control de fronteras) ya está en aplicación desde junio de 2026, y que sus plazos de transposición han obligado a España a reorganizar competencias entre Interior, Inclusión y Exteriores. Esta propuesta es la capa siguiente, la que no estaba escrita cuando se cerró aquel acuerdo. La mayoría de los Estados miembros considera que el paquete se quedó corto en la parte de retornos, y Bruselas ha decidido responder a esa crítica con dinero y competencias.

Publicidad

En el plano interno, el Gobierno afronta el debate con el flanco abierto. El PP ha convertido la gestión migratoria en Canarias en su principal arma de oposición territorial, y Vox exige cerrar la puerta a cualquier reparto de competencias con Bruselas. Moncloa, sin embargo, tiene incentivos para apoyar el texto: más presupuesto para Frontex es menos factura directa para las arcas españolas en una ruta que hoy se sostiene con medios nacionales. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.

El Eje del Poder Europeo

La geometría de esta negociación no sigue el eje clásico norte-sur. Los países del sur —España, Italia, Grecia, Malta y Chipre— llevan años pidiendo exactamente esto: que la UE se manche las manos en el exterior en lugar de repartir cuotas sobre el papel. Roma es el impulsor más entusiasta, con un Gobierno que ha hecho de la externalización su marca desde 2022. Atenas, con los campamentos de las islas como cicatriz, acompaña. Para Madrid el cálculo es más incómodo: interesa la capacidad operativa, incomoda la pérdida de control bilateral sobre Rabat.

El eje franco-alemán llega dividido y eso explica la velocidad del anuncio. París ha convertido el retorno efectivo en una exigencia doméstica de primer orden y empuja el texto sin matices. Berlín, con una coalición que arrastra su propia presión interna, acepta el giro pero pone condiciones: quiere que la ampliación vaya unida a la condicionalidad presupuestaria y a una cláusula de supervisión judicial. Los frugales del norte —Países Bajos, Dinamarca, Austria y Suecia— comparten el objetivo pero no el instrumento: prefieren endurecer las condiciones de asilo antes que crear una agencia con presupuesto récord. Y el grupo de Visegrado, con Polonia y Hungría a la cabeza, tiene aquí una contradicción deliciosa: aplaude la externalización mientras bloquea cualquier norma que suene a reparto de solidaridad.

El precedente que todo el mundo mira es el acuerdo UE-Turquía de 2016. Entonces Bruselas pagó 6.000 millones a Ankara para que contuviera el flujo del Egeo y el resultado fue una caída inmediata de llegadas seguida de una dependencia estructural que aún hoy condiciona la política exterior comunitaria en el Mediterráneo oriental. Diez años después, la lógica se repite con un instrumento distinto: en lugar de comprar a un Estado, se dota a una agencia. El riesgo es idéntico y conviene decirlo sin adornos: quien controla la infraestructura controla el ritmo del flujo, y ese poder se negocia cada trimestre.

La lectura a cinco años es clara. Si la propuesta sale adelante con competencias reales sobre retornos, Frontex dejará de ser una agencia de coordinación y se convertirá en el embrión de un cuerpo europeo con mando operativo, algo que hasta ahora solo existía en el discurso de los federalistas. Si sale recortada por la Eurocámara —y hay mayoría potencial para recortar la parte de intervención en terceros países—, quedará un aumento presupuestario sin cambio de modelo: más dinero para hacer lo mismo.

El calendario manda. El texto entra ahora en el circuito de ponentes en la comisión LIBE de la Eurocámara y en el grupo de trabajo de Consejo, con la presidencia semestral correspondiente como correa de transmisión. La primera lectura del Parlamento Europeo podría llegar antes de la primavera de 2027, y para entonces la negociación del Marco Financiero Plurianual ya habrá fijado el techo real del mandato ampliado de Frontex, que es donde se decide casi todo. Cosas que pasan en Bruselas: primero se anuncia la ambición y luego se discute la factura.