Madrid ata el contrato de residuos de Las Dehesas: 93 millones al material recuperado y penaliza el vertedero

El contrato de 93 millones vincula la retribución del gestor al material recuperado y descuenta cada tonelada que acaba en vertedero. Dos nuevas celdas garantizan capacidad hasta 2031, con el 20% de vertido prohibido para 2030.

El Ayuntamiento de Madrid ha aprobado el nuevo contrato de residuos de Las Dehesas: 93 millones de euros que vinculan el pago a la empresa adjudicataria al material realmente recuperado y que penalizan cada tonelada que acaba en vertedero.

La Junta de Gobierno municipal dio luz verde este jueves al contrato de gestión y mantenimiento del Centro de Tratamiento de Las Dehesas, en el Parque Tecnológico de Valdemingómez. La instalación trata los residuos de los contenedores gris y amarillo, además de los objetos voluminosos que los madrileños sacan a la calle. Es, en palabras de la vicealcaldesa Inma Sanz, una pieza ‘fundamental’ del sistema de gestión de residuos de la capital.

Hasta ahora el modelo retribuía, sobre todo, volumen tratado. Con el nuevo esquema, el gestor cobra por lo que consigue sacar de la basura y pierde cuando entierra. La diferencia no es cosmética: cambia el incentivo de una empresa que antes cobraba lo mismo por desviar un kilo de plástico al reciclador que por mandarlo al fondo de una celda.

Publicidad

De cobrar por tonelada tratada a cobrar por material recuperado

El contrato aplica descuentos cuando los residuos procedentes del propio centro terminan en el vertedero y fija un precio específico para el material recuperado, con la idea de fomentar su reciclaje. Es decir: cada kilo que se aprovecha suma en la factura; cada kilo que se entierra resta. El mecanismo se extiende también a los colchones, cuyo depósito en el vertedero queda expresamente prohibido, con una remuneración más alta para los materiales que se logren valorizar.

La empresa adjudicataria deberá clasificar los residuos que llegan a la planta, gestionar y comercializar lo recuperado y tratar la materia orgánica aprovechable. Asume también el mantenimiento de equipos e instalaciones y debe garantizar el funcionamiento continuo del centro durante toda la ejecución. Y una obligación que hasta ahora aparecía menos definida: transferir el vidrio recogido en el contenedor verde y mantener el servicio de cremación de cadáveres de animales hasta su posible traslado a la planta de Las Lomas.

Un contrato que paga por recuperar y descuenta por enterrar convierte la economía circular en una línea del balance, no en una declaración de intenciones.

El nuevo contrato incluye además la construcción de dos celdas de vertido, destinadas a los residuos que no puedan recuperarse y que sean admisibles para su eliminación. Su capacidad debe garantizar la continuidad del servicio al menos hasta 2031, y las obras tendrán que coordinarse con la actividad habitual del centro para no interrumpirla. Traducido al lenguaje de la tierra: Madrid reconoce que una parte del rechazo seguirá enterrándose durante al menos cinco años más.

Dos celdas nuevas hasta 2031 no son un plan de residuo cero: son el reconocimiento de que el rechazo seguirá existiendo mientras la recogida no mejore en origen.

La letra pequeña: lixiviados, emisiones y vidrio del contenedor verde

economía circular

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Presupuesto del contrato: 93 millones de euros para la gestión y el mantenimiento del Centro de Tratamiento de Las Dehesas.
  • Material recuperado: el pago se vincula a lo clasificado y comercializado; la información facilitada no fija un porcentaje mínimo de recuperación.
  • Horizonte de vertido: dos nuevas celdas aseguran capacidad hasta 2031 como mínimo.
  • Objetivo legal: como máximo el 20% del peso generado al vertedero el 1 de enero de 2030 y el 10% el 1 de enero de 2035.

El pliego incorpora nuevas obligaciones para minimizar emisiones y reducir el impacto ambiental de la actividad, además de la gestión de los lixiviados que genera la planta. Son los dos focos clásicos del tratamiento mecánico-biológico: el líquido que se filtra de la materia orgánica en descomposición y las emisiones difusas del proceso. Un contrato de este tamaño se juzga también por eso, porque el residuo que se recupera no compensa el que se emite al aire.

Nada de esto se mide igual sin un contador fiable. La reducción del vertido tiene plazos legales: el Real Decreto 646/2020 establece que los residuos municipales enviados a vertedero no pueden superar el 20% del peso generado el 1 de enero de 2030, ni el 10% el 1 de enero de 2035, según el marco que resume el área de residuos del MITECO. Cada comunidad autónoma responde de los residuos de su territorio, y Madrid capital es el mayor generador de la suya.

El reloj que Madrid no controla: 20% en 2030 y 10% en 2035

Aquí está el punto que no resuelve el contrato. Un pago ligado a la recuperación incentiva al gestor, pero no mejora por sí solo lo que llega a la planta. La calidad del material depende de cómo se separa en casa, en la cocina y en el comercio, y de que el contenedor amarillo no se use como segunda bolsa de basura. Sin esa mejora en origen, el mejor esquema retributivo del mundo solo optimiza la selección del rechazo. El dato que sostiene de verdad esta licitación no es el presupuesto, sino cuántas toneladas se recuperarán y a qué precio se venderán.

Publicidad

Falta, además, una pieza que la información facilitada no concreta: el plazo de ejecución del contrato y el reparto anual de esos 93 millones de euros. Sin ese calendario no se puede saber si el modelo aguanta cuatro años u ocho, ni si el precio por material recuperado es lo bastante alto como para mover la aguja frente al coste de verter. La mayoría de los ayuntamientos españoles sigue pagando por tonelada tratada, así que el precedente importa: si el esquema funciona en Valdemingómez, se convierte en plantilla.

El recorrido va más allá de Madrid. Los contratos públicos mueven dinero suficiente como para reordenar una cadena entera: si el gestor cobra por recuperar, presiona a las plantas de selección, a los recicladores y a los fabricantes de envases para que el material salga con calidad vendible. Ese efecto llega al supermercado, donde el envase que se recicla de verdad acaba teniendo mejor salida que el que solo lo parece. La economía circular, cuando se mete en un pliego, deja de ser un folleto y se convierte en una cláusula con penalización.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: cada tonelada recuperada en Las Dehesas deja de enterrarse y pasa a ser materia prima; el contrato descuenta económicamente el rechazo.
  • Modelo que cambia: la retribución por tonelada tratada da paso al pago por material recuperado, un esquema replicable en cualquier municipio.
  • Para las próximas generaciones: los objetivos del 20% en 2030 y del 10% en 2035 exigen que estas plantas funcionen con datos medibles.