Vox ha trasladado este viernes su programa económico al Cercle d’Economia y a Foment con un mensaje central: ‘España no funciona’. El secretario general del partido, Ignacio Garriga, y el portavoz de Economía y Energía del GPVOX, José María Figaredo, han mantenido encuentros por separado en Barcelona con la patronal y con la junta del principal foro económico catalán.
Las citas se han celebrado durante la mañana en la capital catalana. Figaredo se ha reunido con el presidente de Foment, Josep Sánchez Llibre, mientras Garriga hacía lo propio con la junta del Cercle d’Economia, que encabeza Teresa Garcia-Milà. Ambas responden a una misma hoja de ruta: explicar al empresariado el programa con el que Vox concurre a las elecciones del 29-N.
Qué programa económico ha llevado Vox al Cercle d’Economia
José María Figaredo ha explicado a los medios que en las reuniones se han intercambiado impresiones y que la formación ha expuesto a fondo las líneas fundamentales de su programa: la estructura del Gobierno, la defensa de la remigración (el retorno de migrantes a sus países de origen), la prioridad nacional, la simplificación administrativa y la reducción de impuestos. El diagnóstico que acompaña a esa agenda es contundente: ‘España no funciona’. El portavoz atribuye al Ejecutivo de Pedro Sánchez el abandono de las infraestructuras públicas.
La carpeta fiscal ha sido la que más a fondo se ha tratado. Según las fuentes consultadas en Vox, ha habido una gran receptividad en el empresariado catalán, con un interés especial en la reforma del IRPF que plantea la formación y en las propuestas para autónomos y pymes. Es el terreno donde el discurso de rebaja tributaria encuentra menos resistencia: una demanda histórica de buena parte de la patronal catalana.
En política energética hay coincidencias con los representantes empresariales en la necesidad de mantener la apuesta por la energía nuclear, con especial incidencia en Catalunya. Vox ha puesto además sobre la mesa el debate sobre las consecuencias del turismo masivo en las ciudades, un asunto que afecta de lleno a Barcelona y a su área metropolitana.
El empresariado catalán ya no rehúye a Vox: discute con el partido el IRPF, la energía nuclear y la inmigración en la misma mesa.
La receptividad del empresariado catalán y el escollo de la inmigración
El punto de fricción ha estado en la política migratoria. Los representantes de Foment y del Cercle consideran importante la aportación de la población migrante al mercado laboral; Vox ha trasladado su punto de vista contrario, al entender que el mercado laboral no necesita más incorporaciones de personas migrantes. La formación inscribe esa tesis en dos ejes que Figaredo ha citado expresamente: la remigración y la prioridad nacional.
La reunión no salda esa diferencia, pero constata un cambio de clima. Las mismas fuentes subrayan la receptividad del empresariado y su interés por medidas concretas antes que por consignas. Durante años, la interlocución con Foment y con el Cercle d’Economia ha estado reservada a las fuerzas que gestionaban la Generalitat y, en el espacio constitucionalista, al PP. Este viernes, Vox se ha sentado en esa misma mesa.
La estrategia de Vox: normalizar el diálogo con el empresariado catalán
Hace meses que existen contactos fluidos entre la dirección de Vox y el empresariado catalán, tanto con Garriga como con Figaredo, pero los encuentros de este viernes dan un paso más. La lectura interna es que ese diálogo se normaliza en un horizonte de cambio de ciclo electoral, con el partido reclamando un papel relevante en la gobernabilidad de España tras el 29-N. Las líneas maestras de esa propuesta se detallan en la web oficial de Vox.
El movimiento tiene también su lectura en clave de pulso con el PP. El partido de Alberto Núñez Feijóo ha utilizado históricamente estos foros como escaparate de su perfil económico, y ahora Vox comparece ante el mismo auditorio con una carpeta propia: rebaja del IRPF, simplificación administrativa y defensa de la energía nuclear. La campaña hacia el 29-N dirimirá si ese discurso se traduce en apoyos entre un electorado empresarial que hasta hace poco marcaba distancias.

