La CBO proyecta un déficit federal de EEUU de 3 billones en 2036 y más emisión del Tesoro

La proyección confirma una subida gradual del desfase fiscal, no un shock puntual, y obliga al Tesoro a colocar más deuda cada año. El bono americano a diez años marca el precio que España paga por financiarse.

El déficit federal de EEUU llegará a 3 billones de dólares en 2036 con subidas pequeñas cada año, sin sobresaltos. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, el organismo no partidista que hace las cuentas del Estado federal para el Capitolio) calcula además 26,3 billones de deuda acumulada en la próxima década.

La rampa del déficit: de 1,8 a 3 billones sin un solo escalón

El último informe del organismo sitúa el desfase del ejercicio 2026 en 1,8 billones de dólares, prácticamente la misma cifra para 2027 y 1,9 billones en 2028. Desde ahí, la línea sube ejercicio tras ejercicio hasta desembocar en los 3 billones de 2036. No hay un escalón: hay una rampa. Y una rampa, en finanzas públicas, se paga todos los años.

El documento admite que la deuda total podría duplicarse en ese periodo si se mantiene el ritmo. Traducido a la vida del Tesoro: cada año hay que colocar más papel en un mercado que ya va sobrado de inventario. La refunding —la ronda trimestral en la que el Tesoro detalla cuánto emite y a qué plazo— se ha convertido en una cita fija que mueve los tipos de medio mundo.

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Hay un matiz que conviene no perder. Un déficit que se instala cerca del 6% del PIB y crece en línea recta es, paradójicamente, más difícil de corregir que uno que da un susto y luego se cierra. El susto genera urgencia política. La rampa genera costumbre. Y la costumbre, en el Capitolio, se llama statu quo.

El canal español: menos margen para el Tesoro y para la banca

El primer efecto aterriza en el precio del dinero a largo plazo. Cuando el Tesoro de EEUU emite más, compite por el mismo ahorro global que el resto de de los emisores soberanos. El bono americano a diez años sigue siendo la referencia contra la que se miran las demás deudas públicas, incluida la española, y una prima de plazo (la compensación extra que pide el inversor por prestar a largo plazo) más alta acaba contagiando a Berlín, a París y a Madrid.

Un déficit cómodo deja de ser noticia mucho antes de dejar de ser un problema. La rampa presupuestaria americana se paga en cada subasta.

Para España el canal es doble. Por un lado, el Tesoro Público refinancia cada año una parte relevante de una deuda que ronda el billón y medio de euros, con el bono alemán como espejo y el americano como telón de fondo.

Por otro, Santander y BBVA financian sus filiales en un mercado donde el dinero en dólares lleva dos años incómodo, y compañías como Iberdrola o Ferrovial compiten por el mismo capital. A eso se suma el coste de la deuda del Estado: más de 40.000 millones de euros al año solo en intereses.

La comparación con los socios europeos ayuda a dimensionarlo. Alemania ha relajado su freno constitucional al endeudamiento para financiar defensa e infraestructura; Francia arrastra un desfase que ronda el 5% de su PIB y una prima de riesgo que ya no es la de 2019. España llega a esta película con una deuda alta pero con el déficit más contenido del grupo, lo que le da margen para colocar sus emisiones en mejores condiciones, aunque no para ignorar el precio del dinero americano.

CBO proyección

La Lógica de Washington

Entender la cifra exige mirar cómo se ha construido. Washington financia un Estado de bienestar maduro y un ejército global con una estructura fiscal que no cubre ni lo uno ni lo otro. Desde los recortes de Ronald Reagan en 1981, el patrón se repite: se bajan impuestos, se sube el gasto de defensa y se aparca la reforma de las pensiones y del Medicare. La coalición republicana sostiene ese equilibrio porque cada pieza tiene su electorado.

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El paquete fiscal que el Partido Republicano aprobó en 2025 por la vía de la reconciliación presupuestaria (el procedimiento que permite sacar leyes fiscales con 51 votos en el Senado, esquivando el filibusterismo) añadió años de déficit a la curva. Los demócratas del Congreso sostienen que el problema es la falta de ingresos; la mayoría republicana responde que el problema es el gasto obligatorio. Ninguna de las dos mayorías ha querido tocar lo segundo con una ley. Y así hasta 2036.

Hay precedente para la indulgencia. En 2009 el déficit americano marcó 1,4 billones de dólares, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, y el mundo siguió comprando deuda; en 2020 la cifra superó los 3 billones en un solo ejercicio. El privilegio del dólar como moneda de reserva explica esa paciencia: no hay otro mercado con esa profundidad. Desde 1983 los operadores tienen un nombre para el momento en que ese privilegio se pone a prueba: los vigilantes de los bonos, la expresión que acuñó Ed Yardeni para los inversores que castigan a un gobierno endeudado subiéndole el tipo.

La incógnita no es el nivel de deuda, sino la velocidad de la prima de plazo. Si el mercado empieza a exigir un extra creciente por prestar a Estados Unidos, el ajuste dejará de ser una decisión política y pasará a ser una imposición de las subastas. Washington no pide permiso, pero tampoco fija el precio solo. La próxima ventana relevante llega con la actualización de previsiones de la CBO, previsiblemente a comienzos de 2027, y con cada ronda trimestral de emisión del Tesoro hasta entonces.

Ficha del Caso

  • El caso: La CBO proyecta un déficit federal de 3 billones de dólares en 2036 y 26,3 billones de deuda adicional en diez años, con subidas graduales y sin un salto puntual.
  • Datos clave: 1,8 billones de dólares de déficit en 2026, 1,9 billones en 2028 y 3 billones en 2036; la deuda total podría duplicarse en el periodo, lo que obliga a más emisión del Tesoro.
  • Para España: una prima de plazo más alta en el bono americano encarece la financiación del Tesoro Público y de la banca y las compañías españolas con negocio en dólares.