La inteligencia de EE. UU. sitúa a Irán en fase de represalia con drones y misiles contra el personal y las instalaciones estadounidenses en la región, y posiblemente más allá de ella. Lo sostiene un memorando sin clasificar de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) fechado el 23 de octubre, que adelantó CNN y que este fin de semana recoge SpyTalk. La conclusión es incómoda: Washington vuelve a sopesar una campaña aérea contra objetivos iraníes mientras Teherán ya ha empezado a preparar la respuesta.
El texto, firmado por el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, y dirigido al secretario de Estado, Marco Rubio, afirma que ‘Irán ha incrementado sustancialmente sus esfuerzos para atacar a personal estadounidense’ y que esos preparativos han alcanzado fases avanzadas en Oriente Próximo y en otros países. La fórmula es deliberadamente vaga y deliberadamente grave. Donde el memorando dice ‘determinados otros países’, el oficio lee células durmientes, redes logísticas y objetivos blandos fuera del teatro inmediato.
En paralelo, el despliegue cuenta la otra mitad de la historia. Personal estadounidense está siendo retirado de la región mientras llegan buques de guerra, y dos sistemas de defensa antiaérea Avenger han aparecido montados sobre una barcaza flotante frente a Mar-a-Lago, según las fotografías publicadas por el Palm Beach Daily News. Que el dispositivo antiaéreo se instale frente a la residencia privada del presidente en Florida dice más del nivel de alerta interno que cualquier comunicado oficial. Reuters añade la pieza que faltaba: Irán ha aprovechado la pausa de bombardeos para reabastecer sus arsenales de misiles.
Por qué este memorando se lee en Washington como un ultimátum y no como un informe
Le pongo en contexto. Un memorando sin clasificar no es un producto de inteligencia cualquiera: es el instrumento con el que el espionaje político de Washington fija posición ante el Departamento de Estado y, de paso, ante el Congreso. Que Clayton lo firme y lo dirija a Rubio, y no al Pentágono, indica que la batalla inmediata es diplomática. Nadie quiere que la próxima ronda de conversaciones se cierre con un atentado en el retrovisor.
Y aquí conviene ser honesto con la atribución, porque el oficio se sostiene en eso. La alerta llega por una única vía, un memorando desclasificado conocido por CNN, y no tiene confirmación independiente de SIGINT ni de un socio extranjero. No es lo mismo un producto de la ODNI que una atribución técnica cruzada, como las que exige el mundo de la ciberguerra. La oficina publica su marco de amenazas en su web oficial, pero no el contenido de estas alertas operativas.
El precedente que más pesa en Langley no es iraní. Es ruso. La embajada de EE. UU. en Moscú advirtió de un atentado terrorista inminente en la capital, el FSB respondió que adoptaba las medidas ‘apropiadas’ y el Kremlin, en 2024, despachó una advertencia idéntica con desdén. El 22 de marzo de ese año, células del ISIS-K mataron a 149 personas y dejaron más de 600 heridos en la sala Crocus City Hall. Cuando Moscú ignoró a Washington, el coste se contó en cadáveres. Conviene recordarlo ahora que la advertencia va en la dirección contraria.
Lo veo así: la diferencia entre 2024 y hoy no es la credibilidad de la alerta, sino el uso político que se hará de ella. Trump necesita argumentos para una nueva campaña aérea; Irán necesita demostrar que no ha quedado indefenso tras la pausa. Los dos tienen incentivos para que el memorando sea cierto.
Una advertencia de inteligencia no evita un ataque: solo decide quién tendrá la coartada cuando lleguen las imágenes del cráter.
Sigue usted pensando, con razón, que ya hemos visto este guion. En enero de 2020, el asesinato de Qasem Soleimani por orden de Trump desencadenó una respuesta iraní calibrada, con aviso previo a Irak y sin bajas estadounidenses. Fue represalia de escaparate, diseñada para no obligar a escalar. La duda ahora es si el nuevo ciclo permite ese lujo. Las milicias proiraníes han aprendido que la munición barata y los drones de bajo coste desbordan defensas pensadas para misiles balísticos.
Anatomía de la represalia: enjambres de drones, proxys y agentes desechables

El vector más probable no es un misil balístico, es un enjambre. Los ataques de septiembre de 2019 contra Abqaiq y Khurais, en Arabia Saudí, demostraron que los drones de ala fija, volados a baja altura y con trayectorias no convencionales, atraviesan sistemas de defensa diseñados para amenazas de otra época. Irán no necesita un portaviones: necesita rutas, operadores entrenados y una excusa plausible. Eso es HUMINT tanto como SIGINT.
A lo anterior se suma un cambio doctrinal que merece más atención de la que recibe. Los investigadores Peter R. Neumann y Sophie Roehse describen en ‘Terrorism-as-a-Service’ el recurso creciente de Rusia e Irán a agentes desechables: delincuentes comunes reclutados por internet para sabotajes y atentados, sin formación ideológica, sin contacto con la estructura y sin conocimiento de a quién sirven realmente. Es la externalización del riesgo. Si el ejecutor no sabe para quién trabaja, la atribución se vuelve un ejercicio de adivinación.
He seguido durante años este tipo de arreglos y el detalle que más me interesa del caso es otro: que la inteligencia israelí y la estadounidense compartan evaluación sobre la fase de los preparativos. Cuando dos servicios miden lo mismo y coinciden, el dato pesa. Cuando solo uno firma y el otro calla, el dato es político. Sabemos que hay memorando. No sabemos cuánto del memorando es evaluación y cuánto es posición.
Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra
Vector de amenaza: represalia de Estado con componente híbrido. Misiles y drones atribuibles formalmente a Irán, ejecución material a través de milicias proxys y, en la periferia, sabotaje por agentes desechables reclutados en línea. Agencias implicadas: en el ataque, la estructura del IRGC y su red de milicias; en la defensa, la ODNI, el Departamento de Estado, y el mando central estadounidense; en la observación, el Mossad, el MI6 británico y el CNI español, interesados por razones distintas. Nivel de clasificación estimado: el memorando circula sin clasificar, lo que sugiere un producto desclasificado a propósito para consumo político; la evaluación que lo sostiene sería, con toda probabilidad, Secreto.
El precedente que mejor ilumina esto no es Soleimani, sino el de Aldrich Ames y Robert Hanssen: dos servicios que tardaron años en aceptar que su propia casa estaba comprometida. La lección del oficio es constante. El peligro no es el dato que falta, es el que se descarta porque incomoda. Si el memorando de Clayton es correcto, el sistema funcionó; si no lo es, alguien ha usado el nombre de la inteligencia nacional para justificar una campaña.
Reconozco el punto débil: no hay verificación independiente. Fuente única, memorando desclasificado y una filtración interesada no bastan para dar por probado que Irán esté en fase avanzada. La coartada perfecta para una escalada es una alerta que nadie puede desmentir sin acceso al material original.
Lo que vigila el CNI: Rota, Morón y la huella proiraní en España
España no es observadora neutral en este tablero. Las bases de Rota y Morón son instalaciones estadounidenses en suelo español y, como tales, objetivos declarados en la retórica iraní desde hace años. Me consta que los servicios españoles siguen desde hace tiempo las redes de apoyo logístico a milicias chiíes en Europa, con epicentro en el arco mediterráneo. No es una amenaza teórica: es una vigilancia permanente que rara vez aparece en los titulares.
Hay un segundo frente que no siempre se nombra. El CCN-CERT mantiene alertas activas sobre infraestructuras críticas, y escribí hace años en ‘El quinto elemento’ que en España hay 8.000 infraestructuras críticas atacables a través de internet. La cifra no ha mejorado con el tiempo. Un enjambre de drones sobre una subestación o un ransomware sobre un operador energético producen el mismo titular que un misil, con una diferencia: el misil se ve venir.
Lo que Moncloa traslade a los socios en las próximas semanas importa más de lo que parece. Si Washington pide a los aliados de la OTAN un gesto de respaldo ante una nueva campaña aérea, y Bruselas duda, Madrid tendrá que elegir entre el paraguas atlántico y la factura energética y migratoria. Nadie en la Casa de Castelló lo pondrá fácil. Tampoco en el Palacio de la Moncloa.
No se equivoque con el calendario. La próxima reunión del Consejo de Seguridad Nacional, aún sin fecha pública, y el informe anual de amenazas de la ODNI, previsiblemente en el primer trimestre de 2027, dirán si el memorando del 23 de octubre era una evaluación o fue una coartada. El plazo diplomático corre en paralelo. Y el enjambre no espera a los papeles.

