Lula da Silva ha ganado la segunda vuelta en Brasil con el 51,79% de los votos frente a Flávio Bolsonaro. Y en Madrid esa noticia no se lee como política exterior: se lee como balance.
El presidente brasileño revalida mandato tras remontar los casi dos puntos que le sacó el candidato del Partido Liberal en la primera vuelta del 4 de octubre, cuando el recuento del Tribunal Superior Electoral dejó un 45,16% frente a un 47,03%. Aquel domingo estaban llamados a las urnas más de 158 millones de electores y se renovaron también la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado.
Qué ha pasado: un cuarto mandato con el Congreso en contra
Lula tomará posesión en enero de 2027, con 81 años, y sumó más de diez millones de votos respecto a la primera vuelta. Llega con la legitimidad del voto y con un problema mayúsculo al otro lado de la plaza de los Tres Poderes: el Congreso que salió de las urnas no está dispuesto a dejarle gobernar.
El Partido Liberal de los Bolsonaro es la primera fuerza de la Cámara de Diputados con 121 escaños de 513. El Partido dos Trabalhadores se queda en 70 y, sumando al PCdoB y a los Verdes, alcanza 88. En el Senado la foto se repite: 29 asientos para el PL, 10 para el PT y 8 para el MDB.
Y aquí está la clave de todo lo que va a ocurrir en Brasil hasta 2030. El Centrão es el bloque informal de partidos pragmáticos —MDB, PSD, União Brasil, Progressistas, Republicanos— que controla más de la mitad de la Cámara y negocia cada apoyo a cambio de ministerios, cargos y partidas presupuestarias. Sin ese bloque, ningún proyecto de Lula camina.
Las pruebas están en el registro. En abril de 2026 el Congreso superó su veto a la ley de dosimetría, que rebajaba las penas de los condenados por el asalto del 8 de enero de 2023, entre ellos el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple 27 años de cárcel y está en arresto domiciliario por motivos de salud. El Supremo suspendió la aplicación de la norma de forma cautelar.
Un presidente elegido con el 51,79% de los votos y la primera fuerza opositora en el Congreso: Brasil vota, pero no decide del todo.
Hubo más asuntos en juego. La seguridad y el coste de la vida mandaron en el debate. La tasa de homicidios bajó a 19,1 casos por cada 100.000 habitantes en 2025, la más baja desde 2012, pero los feminicidios subieron a 1.571, récord desde que el delito se tipificó en 2015. Flávio Bolsonaro prometió medio millón de plazas de prisión y cárceles de máxima seguridad; Lula, rebajar la semana laboral de 44 horas en seis días a 40 en cinco.
A Washington tampoco le ha pasado desapercibido el escenario. En mayo de 2026 Estados Unidos incluyó al PCC y al Comando Vermelho en su lista de organizaciones terroristas; Brasilia lo rechazó invocando su soberanía y advirtió de que esa etiqueta podía justificar operaciones militares extranjeras en suelo brasileño. Ambas organizaciones controlan territorio y parte del negocio del narcotráfico en varias regiones del país.
Qué se juega España con el regreso de Lula
Brasil es uno de los principales destinos de la inversión española en el exterior. Y eso se nota en las cuentas de resultados: Repsol concentra allí una de sus mayores posiciones de exploración y producción; Telefónica controla Vivo, uno de los grandes operadores móviles del país; Santander tiene en su filial brasileña una de sus joyas. A ellas se suma el resto de las energéticas del Ibex, con activos en generación y distribución eléctrica.
Lo que cambia con este resultado es la previsibilidad. Un Lula debilitado y con un Congreso hostil no va a desmontar el marco regulatorio, pero tampoco podrá aprobar las reformas que el mercado esperaba. Y ahí aparece el segundo frente: el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur, cuya ratificación sigue sin cerrarse y que necesita un interlocutor estable en Brasilia y un Congreso brasileño dispuesto a respaldarlo.

Del ciclo de las materias primas al Brasil que no da mayorías
Conviene recordar el precedente. Las dos primeras presidencias de Lula, entre 2003 y 2011, coincidieron con el gran desembarco de la empresa española en América Latina. El ciclo alcista de las materias primas financió obra pública, consumo y crédito, y las filiales brasileñas de la banca y las energéticas se convirtieron en máquinas de hacer caja.
El de 2027 es otro país. La economía depende menos del ciclo de las commodities, el gasto público y la deuda han crecido y esa es hoy la principal crítica a la política económica de Lula. A eso se suma un escándalo de fraude en la seguridad social, el INSS, que en 2025 se llevó por delante al ministro del ramo. La fiesta fiscal de los años dorados no se repite.
Por sectores, el cálculo cambia. Menos reformas significa menos sobresaltos regulatorios, pero también menos negocio en infraestructura, saneamiento y transición energética, los capítulos donde el capital español compite con ventaja. Y hay un flanco que conviene vigilar: la reforma laboral que propone Lula —de 44 a 40 horas semanales— encarecería el coste por empleado de las filiales.
Quedan tres citas en el calendario. La toma de posesión, en enero de 2027. La formación del gabinete, que dirá cuánto pesa el Centrão en el nuevo Gobierno. Y la negociación presupuestaria del primer año, que es donde se mide de verdad si un presidente con mayoría parlamentaria ajena puede gobernar. España tiene allí demasiado dinero como para mirar para otro lado.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Lula da Silva gana la segunda vuelta brasileña del 25 de octubre de 2026 con el 51,79% de los votos y revalida la presidencia frente a Flávio Bolsonaro.
- Datos importantes: 121 diputados del PL frente a 70 del PT; 29 senadores del PL por 10 del PT. Toma de posesión en enero de 2027, con 81 años.
- Resumen: La continuidad institucional protege los activos de Repsol, Telefónica y Santander, pero un Congreso hostil frena las reformas y complica la agenda regulatoria.

