Junts acusa a Rufián de «estafa para los catalanes» por elogiar a Puente con el micrófono abierto

Cruset convierte el elogio susurrado al ministro dimitido en el eje de su campaña por Tarragona. ERC y Junts se disputan desde hace semanas el relato de la salida de Puente y el episodio llega a 25 días del 29N.

Junts ha encontrado la escena que buscaba para la campaña del 29N y no piensa soltarla. La frase la pronunció Gabriel Rufián al oído de Óscar Puente en el Congreso, con el micrófono del ministro todavía abierto, y el cabeza de lista de Junts por Tarragona, Josep Maria Cruset, la ha convertido en un cargo contra el portavoz republicano: ‘estafa para los catalanes’.

Cruset no se quedó en la descalificación. En un mensaje en redes sociales cargó contra la escenografía del gesto: ‘Cuanto más horas pasan, más gordo me parece. ¿Por qué se lo dice al oído? ¿Por qué se tapa la boca cuando lo dice?’. Para el candidato, el dirigente de ERC era consciente de lo que estaba diciendo y no contaba con que el micrófono siguiera emitiendo.

La secuencia ocurrió el martes 3 de noviembre, al final de la comparecencia de Puente ante la Diputación Permanente del Congreso, convocada a raíz del accidente ferroviario de Toledo. El ministro anunció su dimisión casi al cierre de una sesión de reproches cruzados. Los diputados socialistas se levantó en bloque para aplaudirle y Rufián fue el primero en acercarse a la mesa presidencial. Fue en ese saludo, en teoría privado, donde llegó el elogio que hoy recorre Catalunya.

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El segundo argumento de Cruset apunta más abajo, al balance de gestión: ‘¿De verdad que ha sido un gran ministro? Eso solo lo puedes decir si te sientes español y del PSOE. No hay ninguna otra explicación’. La traducción política es nítida. Para Junts, el mandato de Puente deja dos accidentes ferroviarios graves en menos de un año y una red tensionada que los republicanos habrían terminado bendiciendo.

El micrófono abierto que Junts convierte en arma electoral

No es la primera vez que un micro mal cerrado condiciona una jornada en el Congreso. Sí es la primera de esta campaña, y eso explica la velocidad con la que Junts lo ha elevado a categoría. Según fuentes parlamentarias consultadas por este medio, en la dirección de los posconvergentes se interpreta el episodio como la prueba que faltaba de la connivencia entre ERC y el PSOE, y como un argumento redondo para el votante que castiga la complicidad con Moncloa.

El problema para los republicanos no es el gesto, sino el contexto en el que se produjo. Puente salía por la puerta de atrás tras meses de presión por el estado de la red ferroviaria, y buena parte del electorado catalán asocia ese deterioro con Rodalies, con el traspaso pendiente de la gestión y con las incidencias que marcan cada arranque de semana. Que Rufián lo elogie, aunque sea al oído, resulta complicado de explicar desde un atril. El micro hizo el resto.

En la política catalana el gesto pesa más que el argumento, y un micrófono abierto puede arruinar una campaña entera de pedagogía.

Quién gana el pulso por el relato de la dimisión

campaña electoral Cataluña

ERC y Junts libran desde hace semanas una pelea que no va de Madrid, sino de quién administra mejor el desgaste del Gobierno central. La dimisión de Puente deja a los republicanos sin uno de sus blancos favoritos y, al mismo tiempo, les obliga a defender su socio de investidura en plena campaña. Lo que observamos es un reparto de papeles. Junts se queda el discurso de la ruptura; ERC, el de la eficacia dentro del sistema.

El cálculo de Cruset tiene lógica interna. Su electorado no necesita detalles técnicos sobre la gestión ferroviaria: le basta la imagen de un dirigente independentista susurrando elogios a un ministro socialista en retirada. La escena resume años de reproches cruzados entre las dos almas del independentismo y sitúa el foco en un asunto con nombre propio en Catalunya, el de la red de cercanías y su traspaso. Puro cálculo electoral.

Por qué este rifirrafe se juega en el Camp de Tarragona

Hay un detalle que explica por qué el candidato que sale al choque es el de Tarragona. El Camp de Tarragona es terreno de competencia directa entre ERC y Junts, con un electorado municipal muy fragmentado y con la infraestructura instalada en el imaginario colectivo como agravio cotidiano. Cruset no habla para Madrid. Habla para los suyos, y lo hace con el tono de quien considera que el adversario real no es el PSOE, sino la formación que le disputa el mismo espacio.

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El precedente más cercano es la pugna de las generales de 2023, cuando ambas formaciones se repartieron un electorado muy parecido y dejaron la sensación de que cada una vigilaba a la otra más que al Gobierno. Tres años después el guion se repite con un matiz relevante: ERC llega a este 29N con el desgaste de la gestión compartida en Moncloa y Junts, con la ventaja de no haber firmado nada que ahora haya que defender en público. Eso sí, el gesto de Rufián es un regalo difícil de rechazar.

La campaña entra en su tramo decisivo con 25 días por delante hasta el 29 de noviembre. Nadie en Junts va a dejar caer el asunto y nadie en ERC va a pedir disculpas por una frase que, en el fondo, describe su propia posición: la de un partido que sostiene al Gobierno y que, cuando el micrófono se abre, lo reconoce sin pudor. El resto lo decidirán las urnas.