Herzog encarga a Eisenkot formar gobierno en Israel y abre 28 días de espera para Netanyahu

Eisenkot dispone de 28 días, ampliables a 14, desde las 17:00 del domingo para cerrar una coalición que evite a Netanyahu. El bloque del Likud se quedó en 53 de los 120 escaños de la Knéset.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha encargado a Gadi Eisenkot la formación del próximo gobierno. Dispone de 28 días, ampliables a otros 14, que empiezan a contar este domingo a las 17:00 hora local.
  • ¿Quién está detrás? Herzog decidió tras consultar a todo el arco parlamentario: 67 diputados recomendaron a Eisenkot y 46 a Benjamin Netanyahu. El bloque del Likud se quedó en 53 de los 120 escaños de la Knéset.
  • ¿Qué impacto tiene? Es un revés para Netanyahu y una complicación para la agenda de Donald Trump en Oriente Próximo. Para España abre la incógnita de quién gestionará la relación con la UE y el comercio bilateral.

Herzog ha encargado a Gadi Eisenkot la formación del gobierno de Israel con 28 días de plazo, ampliables a otros 14: un revés directo para Benjamin Netanyahu.

El presidente de Israel comunicó su decisión el sábado, al término de una ronda de consultas con todo el arco político, y el encargo se formaliza este domingo en su residencia de Jerusalén. El reloj arranca a las 17:00 hora local y la fecha límite cae a principios de diciembre. Herzog puede conceder dos semanas extra si el candidato demuestra que está cerca de cerrar una coalición.

El reloj ya corre.

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Los números que dejan a Netanyahu sin mayoría

Las elecciones dejaron un mapa sin dueño. El bloque de Netanyahu reúne 53 de los 120 escaños de la Knéset; el de Eisenkot, 48; las dos formaciones árabes se reparten los 19 restantes. Ninguna mayoría se sostiene sola y todas las combinaciones pasan por alguien que hasta hace una semana era rival.

En la ronda de consultas celebrada esta semana, 67 diputados recomendaron a Eisenkot y 46 se inclinaron por Netanyahu. Los siete diputados de Judaísmo Unido de la Torá —el partido ultraortodoxo askenazí— evitaron respaldar al primer ministro en funciones y dejaron abierta la puerta a entrar en un ejecutivo del antiguo jefe del Estado Mayor.

Esa cifra de 67 es la que explica la decisión de Herzog. Supera los 61 escaños de la mayoría simple y sugiere que existe una coalición posible sin los partidos árabes, aunque nada garantiza que esos mismos diputados voten después a favor de investir a Eisenkot.

Los 67 diputados que recomendaron a Eisenkot no le deben obediencia: una recomendación abre una puerta, no firma un contrato de coalición.

La aritmética que Eisenkot no quiere resolver con los partidos árabes

Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de la oposición, no ha decidido todavía si sella una alianza con las dos formaciones árabes. Hacerlo le daría una mayoría holgada en la Knéset. También le ataría de pies y manos en cada votación sobre Gaza, sobre el Líbano o sobre la Autoridad Palestina. Deberá decidir si ese precio merece la pena.

La otra vía pasa por Judaísmo Unido de la Torá y por partidos de centro y derecha que hoy no se sienten cómodos ni con Netanyahu ni con un gobierno sostenido por el voto árabe. Es un encaje lento, con demandas de presupuesto, de carteras y de estatus religioso que se negocian cláusula a cláusula.

Los números no engañan.

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Netanyahu

Mientras negocia, Netanyahu ha optado por no responder directamente a la decisión de Herzog en redes sociales. Su último mensaje en X insiste en que los partidos árabes ‘quieren eliminar’ Israel y advierte de que Eisenkot podría ‘jurar un gobierno a toda prisa, ya la semana que viene, con partidarios del terrorismo’. Es el eje de su discurso de siempre: presentar cualquier alternativa como una cesión ante quienes no reconocen el Estado judío.

La Lógica de Washington

En Washington nadie dirá en público que prefiere a un primer ministro israelí sobre otro. En privado, la lectura es más prosaica: la Casa Blanca necesita un socio capaz de entregar una mayoría parlamentaria para la siguiente fase de los Acuerdos de Abraham, empezando por la normalización con Arabia Saudí.

Esa es la clave que explica el interés de Donald Trump. Su segunda presidencia ha colocado el eje de Oriente Próximo en la ampliación de los acuerdos de normalización, el cerco a Irán y la reconstrucción de Gaza con dinero del Golfo. Para todo eso hace falta un gobierno israelí estable, y Netanyahu lleva más de una década siendo ese socio predecible. La pregunta que se hace el equipo del presidente es otra: ¿puede Eisenkot aprobar en la Knéset lo que Netanyahu ya no puede?

Hay un precedente que en el Departamento de Estado se cita a menudo. En 1978, Jimmy Carter sacó a Menájem Begin —un halcón del Likud, no un laborista— de su zona de confort y firmó Camp David. Más de una década después, en 1991, George H. W. Bush y James Baker convocaron en Madrid a israelíes, árabes y soviéticos y abrieron el camino que llevaría a Oslo. La lógica americana no ha cambiado: no importa tanto quién gobierna en Jerusalén como si ese alguien puede firmar un acuerdo y sostenerlo.

La coalición que sustenta esa política en el Partido Republicano tampoco es monolítica. La base evangélica y los grandes donantes proisraelíes empujan en direcciones distintas cuando se habla de asentamientos o de un Estado palestino. Trump ha gestionado esa tensión con una fórmula simple: respaldo diplomático y militar sin reproches públicos. La incógnita es si esa fórmula sobrevive a un cambio de inquilino en la residencia del premier.

Washington no espera sentado.

Qué cambia para España y para Europa

Para Madrid y para Bruselas el nombre del próximo primer ministro importa menos por la retórica y más por los expedientes abiertos. El primero es el acuerdo de asociación UE-Israel, cuyo artículo segundo vincula el trato comercial preferente al respeto de los derechos humanos y que lleva meses en revisión en las instituciones europeas.

El segundo es el comercio. El intercambio entre España e Israel es modesto en volumen pero se concentra en nichos sensibles: maquinaria, química, tecnología agraria,, ciberseguridad y turismo. Las empresas españolas con contratos en Israel —infraestructuras, agua, energía— siguen con atención la composición del próximo ejecutivo porque de ella depende el ritmo de licitaciones y permisos.

Y el tercero es político. El Gobierno español fue uno de los que reconoció el Estado palestino en 2024, y esa posición condiciona la interlocución con cualquier gabinete israelí. Un ejecutivo de Eisenkot, con perfil de seguridad y sin parte de los socios que han sostenido a Netanyahu, tendría un tono distinto en las conversaciones con las capitales europeas. No necesariamente más cercano a las tesis españolas, pero sí más predecible.

Queda la proyección inmediata. El plazo de Eisenkot expira a principios de diciembre y, con prórroga, a finales de ese mes. Para entonces debería estar claro si hay gobierno, si hay terceras elecciones o si Israel entra en una etapa de ejecutivos cortos que complicaría cualquier negociación con Washington, con Bruselas y con Riad. Todo eso está en el aire.

Ficha del Caso

  • El caso: El presidente israelí, Isaac Herzog, ha encargado al opositor Gadi Eisenkot formar gobierno tras unas elecciones que dejaron al Likud de Netanyahu sin mayoría en la Knéset.
  • Datos clave: 28 días de plazo, ampliables a 14, desde las 17:00 del domingo. El bloque de Netanyahu tiene 53 escaños de 120; el de Eisenkot, 48; los partidos árabes, 19. Setenta recomendaron a Eisenkot y 46 a Netanyahu.
  • Para España: el nuevo ejecutivo marcará el tono de la relación con la UE y del acuerdo de asociación, además del ritmo de licitaciones y del comercio bilateral en maquinaria, química y tecnología.
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