España tomó una decisión que marcará e hipotecará su defensa durante los próximos 15 años. En agosto, el Gobierno aparcó la compra de F-35 estadounidenses para priorizar la autonomía europea. Pero ese gesto estratégico deja a la Armada sin respuesta para 2030, cuando deban retirar sus Harrier. Es una encrucijada donde la política se cruza con la seguridad militar, y donde soberanía y capacidades operativas entran en conflicto. Vamos a analizar qué opciones reales tiene España y quiénes están tomando estas decisiones cruciales.
El futuro de los cazas españoles. Analizamos las mejores opciones
El problema es tan simple como devastador. La Armada española opera nueve Harrier AV-8B embarcados en el portaaviones Juan Carlos I. Estos aviones entrarán en retiro en 2030. Sin ellos, España perderá su única capacidad de proyección aérea naval. El F-35B es la única solución viable en el mercado actual porque es el único caza con capacidad STOVL (despegue corto y aterrizaje vertical). Todos los demás cazas requieren pistas de 2.000 metros. Un portaaviones español solo tiene 245 metros de cubierta. Es imposible.
Debería primar una opción técnica y militar, no politica. Debemos aislarnos de presiones geopoliticas
El almirante Antonio Piñeiro Sánchez, jefe del Estado Mayor de la Armada, ha sido claro en sus declaraciones: los Harrier deben extenderse hasta 2032. Airbus está estudiando cómo lograrlo. Pero es una prórroga. No es una solución. Porque incluso si los Harrier vuelan hasta 2032, ¿qué pasa de 2032 a 2040? ¿Catorce años sin aviación naval? Eso es inaceptable para una potencia mediterránea comprometida con la OTAN. Los Pirineos, el Mediterráneo, el Atlántico. España tiene todas las fronteras cubiertas de agua.
La decisión de Robles: rechazar Washington, apostar por Bruselas
Margarita Robles, ministra de Defensa, ha puesto los puntos sobre las íes. Los F-35 «no son una prioridad» en estos momentos. Tiene razón desde una perspectiva geopolítica. El problema es que esa afirmación colisiona directamente con la urgencia operativa de la Armada. Robles apuesta por submarinos S80, fragatas F-110 y el buque de aprovisionamiento al combate. Todos excelentes. Pero ninguno de ellos soluciona el problema de la aviación embarcada.
El contexto político es crucial. Trump presionaba en La Haya a España para que gastara el 5% del PIB en defensa. Pedro Sánchez rechazó. Negoció al 2,1%. Y en esa negociación, la Administración fijó un objetivo: el 85% de esos fondos irían a proyectos europeos, no estadounidenses. El F-35 de Lockheed Martin es incompatible con esa directiva. Así que el Gobierno eligió el FCAS: el futuro caza europeo de sexta generación que compartirá España, Francia y Alemania. Problema: no estará operativo hasta 2040. Algunos hablan de 2045.

El almirante López Calderón dice la verdad que nadie quiere escuchar
Teodoro López Calderón, jefe del Estado Mayor de la Defensa desde 2021, fue brutalmente honesto en junio de 2025. En un acto público declaró: «No tenemos otra solución para un avión de quinta generación con tecnología furtiva realmente avanzada. Esa es la realidad.» Luego añadió algo que resume la encrucijada: «Tendremos que sobrevivir con la cuarta generación que hay [Eurofighter] y esperar algún día la llegada del FCAS. Lo que pasa es que son muchos años los que tenemos que esperar».
López Calderón también ha puesto sobre la mesa otra verdad incómoda: «Si hay un solo modelo de fragata, ¿qué hago yo con mis astilleros?» Es el argumento de la autonomía española. Navantia, Airbus, Indra. La industria militar española existe. Depender exclusivamente de EEUU significaría cerrar fábricas en Cádiz, Ferrol, Sevilla. López Calderón lo sabe. Y el Gobierno también.

Francisco Braco no quiere otro Eurofighter, pero tampoco sabe qué quiere
El general del Aire Francisco Braco Carbó asumió el mando del Ejército del Aire y el Espacio en julio de 2024. 9.000 horas de vuelo acumuladas. Piloto de transporte. No es un cazador clásico. Su primer acto fue sorprendente: descartó comprar más Eurofighter. El razonamiento es simple: si toda tu flota es Eurofighter y detectas un defecto estructural, pierdes toda tu aviación de combate. Es un argumento válido que ningún otro general se había atrevido a pronunciar en voz alta. Braco sugirió alternativas. El futuro Rafale F-5 francés fue mencionado. Pero eso sería enfadar a Airbus, que fabrica Eurofighter y es un coloso empresarial europeo.
El Ejército del Aire tiene más margen que la Armada. Sus últimos F-18 estadounidenses se retirarán hacia 2035. Son ocho años más. Braco puede esperar un poco. La Armada, no.

Analizando las opciones que realmente existen
El F-35 de Lockheed Martin cuesta aproximadamente 2.500 millones de dólares por unidad embarcada. Una flota decente de diez unidades sería 25.000 millones. Es caro. Y Lockheed Martin no entrega antes de 2030. Los Harrier se retiran en 2030. Sincronización imposible. Además, Trump está amenazando con aranceles. La compra sería política.
El Rafale francés de Dassault cuesta menos operativamente (16.500 dólares/hora) pero no es furtivo. Es cuarta generación avanzada. Probado en combate. Versiones recientes que mejoran. El problema político es brutal: Airbus fabricaría Eurofighter y estaría furioso viendo a España comprar Rafale. Es un suicidio industrial. Aunque el general Braco lo haya sugerido.
El Gripen sueco de Saab es la joya oculta. Cuesta 4.700 dólares la hora de operación. Es cuatro veces más barato que el F-35. Brasil está construyendo sus propios Gripen con Saab. Micael Johansson, consejero delegado de Saab y recientemente elegido presidente de la Asociación Europea de Industrias Aeroespacial, de Seguridad y Defensa, lo ha dejado claro: «Estamos en conversaciones con Portugal y presentando lo que Saab puede ofrecer». Saab es receptiva a compartir tecnología. Peter Dölling, director general de Saab Brasil, ha explicado la estrategia: «La instalación de la segunda línea de producción del fuselaje trasero es la prueba de la excelencia alcanzada en Brasil. Este hito es resultado directo de la transferencia de tecnología que formó profesionales altamente calificados».
Airbus podría participar. Pero aquí está lo irónico: Gripen es competidor directo del Eurofighter. Comprar Gripen significaría admitir que Eurofighter fue un error. Políticamente, la izquierda española no lo haría. La derecha (PP) quizá sí. Johansson ha llegado a afirmar sobre el potencial de expansión de producción: «No es en absoluto imposible aumentar drásticamente el ritmo si fuera necesario». España podría aprovechar esa flexibilidad.
El KF-21 Boramae surcoreano es más barato que el F-35 y tiene capacidad bimotor útil para operar desde islas. Pero aún está en desarrollo. No hay track record de combate. Es un riesgo operativo considerable.

El futuro probable: FCAS para 2040, pero ¿y ahora?
El Gobierno ha invertido 2.500 millones de euros en el FCAS junto Francia y Alemania. Es una apuesta por la soberanía europea. Pero hay un problema matemático: FCAS no existirá antes de 2040. La Armada necesita solución en 2030. Es un desfase de una década. Alguien tendrá que cubrirlo.
El escenario probable es una solución interina. Extender Harrier hasta 2032 con Airbus. Luego, comprar aviones usados de Italia o EEUU para obtener repuestos. Volando sobre una cuerda. Inseguro. Pero realista dado los presupuestos y la política. Algunos analistas sugieren comprar AV-8B italianos usados. Italia está reemplazándolos por F-35B. Hay decenas disponibles.
La alternativa radical que nadie menciona es un portaaviones nuevo 100% español alrededor de 2040 con el FCAS integrado. El JEMAD ha pedido a Navantia estudios de viabilidad (Chascarrillo con cierta maldad: Viabilidad y Navantia son dos palabras que en muchas ocasiones no han ido de la mano…)
Por si fuera poco: el cambio de gobierno de 2027 podría revertir todo
El PP ha dejado claro que si llega al poder en 2027, «se replanteará la recuperación de la aviación embarcada». Alberto Núñez Feijóo lo ha dicho. Eso significa: reactivar el F-35. Es decir, la decisión que tomó Robles en 2025 podría ser completamente reversible en 18 meses si hay cambio político. Es un puro calculista. Sánchez rechaza F-35 por autonomía europea. Feijóo la compraría por pragmatismo militar.
Mientras tanto, los militares españoles esperan. López Calderón sigue diciendo que no tiene solución. Braco sigue sin saber qué quiere. Piñeiro intenta mantener vivos unos Harrier que tienen casi 50 años. Y la Armada sigue sin aviación embarcada para 2030. Es el retrato actual de España: decisiones que no se toman, problemas que se posponen, y una defensa que sobrevive a base de parches mientras espera que Europa invente un caza para 2040.
