Descubre el soporte para pollo barbacoa de 6 euros que te salva el verano: jugoso y tostado sin esfuerzo

Este sencillo accesorio de 6 euros y un céntimo permite asar el pollo entero en la barbacoa o el horno, manteniendo los jugos en su interior y dorando la piel. El calor circula por dentro y por fuera, y el recipiente inferior recoge grasas para regar la carne.

Hay algo frustrante en abrir el horno y encontrarte un pollo que ha soltado toda su grasa, quedando seco como un ladrillo. Y en la barbacoa, la cosa suele ser peor: o se quema por fuera y crudo por dentro, o tienes que despiezarlo y perderte ese sabor intenso del pollo asado al fuego. Pero hay una solución sencilla: un soporte de 6 euros y un céntimo que te permitirá asarlo entero sin preocupaciones. Hablo de un pequeño accesorio que ya está disponible en plataformas online y que, además, cabe en cualquier cajón.

Desde que descubrí este pequeño accesorio, mis asados de verano han dado un giro de 180 grados. Ya no hay que trocear ni vigilar el carbón; el pollo se coloca en vertical y el calor se encarga del resto.

El secreto del éxito

  • La peana inteligente: El cono central permite que el aire caliente circule por el interior del pollo, asándolo de forma uniforme. Así, la pechuga no se reseca y los muslos se cocinan a la perfección.
  • Baño de jugos constante: Los jugos que suelta la carne caen al fondo del recipiente, y puedes usarlos para regar el pollo durante la cocción. Eso mantiene la piel húmeda y multiplica el sabor.
  • Recipiente multiusos: Además de recoger la grasa, el cuenco antiadherente sirve para cocer verduras que se impregnan del aromático caldo del pollo. Todo se limpia en un momento, sin rascados.

Ingredientes

  • 1 pollo entero de 1,5 a 2 kg
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta negra recién molida al gusto
  • Unas ramitas de tomillo y romero frescos
  • Opcional: 2 patatas medianas, 1 cebolla y 1 pimiento rojo para el fondo

Con estos cuatro ingredientes —pollo, aceite, sal y hierbas— el éxito está casi garantizado. Pero el verdadero héroe de la historia es el soporte, que transforma un pollo corriente en una pieza de asador digna de un restaurante.

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Paso a paso

Lo primero es precalentar el horno a 200 °C sin ventilador o preparar la barbacoa con brasas ya en su punto medio, sin llamas. Unta el pollo con el aceite de oliva, salpiméntalo por dentro y por fuera, y coloca las hierbas aromáticas en la cavidad interior. Después, insértalo en la peana del soporte, asegurándote de que queda bien firme y estable.

Coloca el conjunto sobre la parrilla o una bandeja de horno. A medida que el pollo se va haciendo, los jugos caen al recipiente y tienes que regar la piel con ellos cada 20 minutos para que quede dorada y crujiente. El calor que sube a través del cono central cocina la carne desde dentro y evita los puntos crudos.

La magia de este soporte es que convierte un simple pollo en una pieza jugosa y tostada, con la piel crujiente y un interior que se deshace sin perder ni un ápice de humedad.

Si decides añadir verduras, este es el momento: corta las patatas en cuartos, la cebolla en gajos y el pimiento en tiras, y y ponlos en el recipiente inferior una vez que el pollo lleve media hora de cocción. Así se cocinarán con la grasilla que vaya soltando y absorberán el aroma de las hierbas.

El tiempo total de horneado ronda 1 hora y 15 minutos, dependiendo del peso del pollo. Para asegurarte, pincha la pechuga en la parte más gruesa: si sale un jugo claro y la temperatura interna alcanza los 75 °C, ya está listo. Luego deja reposar cinco minutos antes de trinchar; así los jugos se asientan y la carne queda más tierna.

Variaciones y maridaje

Este método funciona igual de bien en horno de convección sin necesidad de barbacoa. Prueba a aromatizar el pollo con una mezcla de limón exprimido y dientes de ajo machacados antes de meterlo, y el resultado será aún más veraniego.

Para beber, un blanco con cuerpo como un godello o un verdejo joven contrarresta la untuosidad del pollo asado. Si prefieres tinto, un mencía ligeramente fresco también funciona.

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Las sobras se conservan en un táper hermético en la nevera hasta tres días, y recalentadas al horno a 180 ºC recuperan buena parte de su textura. También puedes congelar la carne desmenuzada para futuras ensaladas o sándwiches.