EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un misil Fateh-110 iraní impactó en la base aérea Ali Al Salem de Kuwait tras ser interceptado parcialmente. Cinco militares y contratistas estadounidenses resultaron heridos leves y un dron MQ-9 Reaper quedó destruido.
- ¿Quién está detrás? La Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el ataque como respuesta a los bombardeos previos de Estados Unidos contra sus drones y una instalación en Bandar Abbas.
- ¿Qué impacto tiene? La escalada en el Golfo salta de las aguas a las bases terrestres. La flota de Reaper, ya diezmada, suma nuevas pérdidas en un momento en que su fabricante ha paralizado la producción para Estados Unidos.
Un misil balístico iraní Fateh-110, interceptado parcialmente por las defensas aéreas kuwaitíes, impactó en la madrugada del jueves en la base aérea Ali Al Salem, al sur de Kuwait, hiriendo a cinco militares y contratistas estadounidenses, según informó Bloomberg este sábado citando fuentes anónimas conocedoras del ataque.
Los restos del misil —capaz de alcanzar distancias de hasta 300 kilómetros con una ojiva de media tonelada— cayeron sobre la zona de estacionamiento de drones, destruyendo al menos un MQ-9 Reaper y causando daños severos a otro aparato del mismo modelo, de acuerdo con el testimonio recogido por la agencia.
Un Fateh-110 que pasó las defensas
El ataque con el Fateh-110, un misil de combustible sólido y trayectoria terminal semi-balística, fue detectado por los sistemas antiaéreos Patriot desplegados en Kuwait. Según Bloomberg que citó fuentes conocedoras del ataque, la fragmentación tras la interceptación fue lo que provocó los daños materiales y las lesiones leves del personal estadounidense. Ninguna baja mortal se ha reportado.
El MQ-9 Reaper destruido se suma a una lista de pérdidas que ya ha alarmado al Pentágono. De acuerdo con la información de Bloomberg a principios de semana, Estados Unidos ha perdido alrededor de de 30 drones de este tipo, valorados en cerca de 1.000 millones de dólares, desde el inicio de la confrontación directa con Irán. La mayoría fueron alcanzados por fuego iraní, ya sea en vuelo o en tierra, en ataques como el de hoy.
El intercambio de golpes escala a las bases terrestres
La acción iraní del jueves no fue un hecho aislado. Formó parte de lo que fuentes militares estadounidenses calificaron como un “intercambio limitado”. Horas antes, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) había destruido cinco drones kamikaze iraníes que, según su evaluación, “representaban una amenaza clara en las inmediaciones del estrecho de Ormuz”. Además, atacaron con precisión un centro militar cercano a Bandar Abbas.
La Guardia Revolucionaria respondió lanzando el Fateh-110 contra Ali Al Salem, y reivindicó la acción como un golpe de represalia. La base, situada a apenas 80 kilómetros de la frontera con Irak, alberga personal de la Fuerza Aérea estadounidense y contratistas que apoyan operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en todo el Golfo.

El daño material es significativo más allá del dron. Bloomberg subraya que la flota de Reaper, que en los últimos años ha sido la columna vertebral de las misiones de reconocimiento y ataque de precisión en Oriente Próximo, se ha reducido por debajo del mínimo operativo que la Fuerza Aérea estableció en 189 unidades, situándose en alrededor de los 135 aparatos. General Atomics, el fabricante, detuvo la producción del modelo insignia el año pasado y ahora solo fabrica variantes para clientes extranjeros, lo que complica la reposición.
El intercambio de golpes entre Washington y Teherán ya no se limita a las aguas del Golfo: las bases terrestres de la región están en el punto de mira.
Equilibrio de Poder
Este ataque contra Ali Al Salem confirma que la administración Trump, pese al discurso de contención, se ve arrastrada a una dinámica de escalada en la que Irán ha dejado de limitarse a atacar buques en el mar Rojo o a los aliados regionales. Ahora, las bases estadounidenses en suelo kuwaití, y por extensión las de otros países del Golfo, se convierten en objetivo directo.
La lectura para España es doble. Por un lado, el aumento de la tensión en el Golfo tiene un impacto inmediato en el precio del crudo, dado que cerca del 20% del suministro mundial de petróleo transita por Ormuz. España, importador neto con una dependencia energética externa superior al 70%, acusaría cualquier interrupción prolongada en el tráfico marítimo. Además, el flanco sur de la OTAN —que incluye las bases de Rota y Morón— alberga infraestructuras críticas para el despliegue de fuerzas rápidas hacia el teatro de operaciones y la protección de las líneas de comunicación marítimas.
Por otro lado, el desgaste de la flota de Reaper obliga a Estados Unidos a depender más de sus aliados para labores ISR, lo que podría aumentar la presión sobre España para desplegar sus propios MQ-9A Block 5 —operados por el Ejército del Aire— en misiones de vigilancia marítima o de reconocimiento en el área del Sahel, que ya es prioritaria para el mando de AFRICOM. No es un escenario lejano: el Ministerio de Defensa ya estudia ampliar el radio de acción de estos sistemas no tripulados.
La historia reciente ofrece un precedente. En enero de 2020, el ataque iraní con misiles balísticos contra la base de Ain al Asad en Irak, en represalia por el asesinato de Qasem Soleimani, dejó a más de un centenar de soldados estadounidenses conmocionados, pero sin víctimas mortales. La diferencia hoy es que la respuesta iraní está siendo instrumentalizada como parte de una estrategia más amplia de desgaste de las capacidades militares de Estados Unidos en la región, mientras Teherán avanza en su programa nuclear sin oposición diplomática efectiva.
El siguiente hito será la reacción del Pentágono. Si Washington opta por una represalia proporcionada, el ciclo de acción-reacción podría prolongarse durante semanas. Si, por el contrario, incrementa el calibre de sus ataques sobre territorio iraní, el riesgo de escalada involucraría a los aliados europeos y a las redes de defensa aérea de la OTAN desplegadas en Turquía y el sur del Mediterráneo. En cualquier escenario, España verá aumentar la presión para elevar su gasto en defensa y participar activamente en misiones de vigilancia marítima.

