La inflación supera las subidas salariales en la eurozona: así pierden los trabajadores

La inflación vuelve a dispararse en la eurozona tras el conflicto en Oriente Medio y los salarios ofertados no siguen el ritmo. Italia y Francia registran las mayores pérdidas de poder adquisitivo; España, un año de incertidumbre para las familias.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La inflación de la eurozona repuntó al 3,0% en abril de 2026 mientras los salarios ofertados apenas crecían un 2,3%, según Eurostat e Indeed, rompiendo una racha de más de dos años en que los sueldos compensaban los precios.
  • ¿Quién está detrás? El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha reavivado la crisis energética: el petróleo y el gas se encarecen y arrastran al alza la cesta de la compra y los costes empresariales.
  • ¿Qué impacto tiene? España, como el resto del sur de Europa, ve erosionado de nuevo el poder adquisitivo de los hogares. La fractura entre países se amplía y complica la política monetaria del BCE, que deberá sopesar tipos altos frente a una demanda lastrada.

Por primera vez desde septiembre de 2023, los salarios pactados en la eurozona crecen menos que los precios. El dato de abril, recogido por el portal de empleo Indeed, cifra el incremento salarial ofertado en un 2,3% interanual, muy lejos del 3,0% que registró el IPC armonizado. La brecha, de 0,7 puntos, es la más amplia desde el gran shock de precios de 2022 y pone fin al breve respiro que lograron los trabajadores tras meses de protestas y negociación colectiva.

El principal acelerador de este vuelco ha sido la nueva escalada bélica en Oriente Medio. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta de Teherán a finales de febrero de 2026 trastocaron los mercados energéticos globales. La UE, que ya sufrió un seísmo inflacionista del 11% en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, vuelve a sentir el latigazo de unos hidrocarburos que no produce. Los precios del gas natural licuado han subido más de un 30% desde enero y el barril de Brent coquetea de nuevo con los 100 dólares.

La torsión energética: la factura se dispara mientras los salarios se quedan atrás

La inflación de la zona euro pasó de un inocuo 1,7% en enero a un inquietante 3,0% en abril, su nivel más alto desde comienzos de 2024. Mientras tanto, el crecimiento de los salarios ofertados apenas se movió del 2,4% al 2,3% en el mismo periodo. “Las presiones inflacionistas derivadas del shock global de los precios de la energía han empezado a reflejarse en los datos europeos, erosionando las ganancias en términos de salarios reales”, explicó Aubrey Woessner, economista del Indeed Hiring Lab.

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El retroceso es especialmente doloroso porque llega cuando los hogares apenas habían empezado a recuperar lo perdido. Desde el estallido de la pandemia, el salario real ofertado acumulado se mantiene por debajo de los niveles de 2019 en las cinco grandes economías de la UE, según Indeed. La remontada que arrancó en otoño de 2023, impulsada por las subidas del salario mínimo en países como España, Alemania o Países Bajos, se ha esfumado en cuestión de semanas.

Una mirada más cercana a la el rastreador salarial del BCE confirma el mismo patrón: los salarios negociados en la eurozona crecían a un ritmo anual cercano al 4% a mediados de 2025 y ahora se frenan en seco, justo cuando la factura de la luz, el gas y los alimentos vuelve a subir.

El salario real entra en negativo: Francia e Italia, los más perjudicados

Italia y Francia son los estados miembros donde el poder de compra de los asalariados sufre un mayor varapalo, según los microdatos de ofertas de empleo. En Francia, el incremento salarial se ha estancado en un raquítico 1,1%, mientras la inflación saltó del 0,4% en enero al 2,5% en abril. En Italia, la brecha es aún más crónica: los sueldos apenas crecen un 0,8% y el IPC se acerca al 3%.

Alemania aguanta por ahora. Con un 3,2% de subida salarial frente a un 2,9% de inflación, el margen es mínimo y podría invertirse si la crisis energética persiste. Irlanda muestra un hilo aún más fino (3,7% frente a 3,6%). Fuera de la UE, el Reino Unido, con un crecimiento salarial del 4% y una inflación del 2,8%, exhibe un colchón que el propio Indeed califica de “agotable” si el petróleo sigue caro.

poder adquisitivo

La fotografía para España, aunque el estudio no ofrece una desagregación propia, es similar a la media de la eurozona. La reactivación turística y la reforma laboral mantuvieron los salarios pactados en convenio en torno al 2,5% durante 2025, pero el repunte de la luz y los carburantes que ha traído la guerra en Irán ya se nota en el IPC adelantado de mayo. Analistas consultados por Moncloa.com temen que la inflación general española pueda superar el 3,5% en verano, con lo que el poder de compra de los hogares retrocedería a niveles de 2021.

Los asalariados han perdido el colchón que recuperaron a fuerza de huelgas y cláusulas de revisión. La nueva factura energética se presenta cuando la economía apenas respira.

El Eje del Poder Europeo

Este nuevo escenario coloca al Banco Central Europeo ante un dilema que recuerda al de 2022. Por un lado, la inflación subyacente aún se mantiene por encima del 2,5% y el componente energético amenaza con contaminar expectativas. Por otro, el frenazo de los salarios reales anticipa una contracción del consumo que puede arrastrar el crecimiento de la zona euro. La presidenta Christine Lagarde tendrá que decidir, en la reunión del 10 de septiembre, si mantiene los tipos en el 3,75% o fuerza una pausa más prolongada, justo cuando la mayor caída de poder adquisitivo anual desde 2023 amenaza las cuentas de los hogares.

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La divergencia entre países hace aún más difícil un traje único. Mientras Berlín presume de un mercado laboral ajustado que aún empuja los sueldos, Roma y París sufren un empobrecimiento salarial que ya empieza a notarse en las encuestas de confianza del consumidor. España se sitúa en una posición híbrida: el empleo crece, pero la temporalidad y la dependencia del turismo hacen que la capacidad de negociación de los trabajadores sea más débil que en el norte. El Gobierno de Pedro Sánchez, que hace apenas dos meses acordó una subida del salario mínimo interprofesional del 5%, se enfrenta ahora a la paradoja de que la inflación le coma ese esfuerzo antes de que llegue a las nóminas.

Las implicaciones para las cuentas públicas tampoco son menores. Una desaceleración del consumo reduce los ingresos por IVA y obligaría a Moncloa a recurrir a más deuda o a nuevos ajustes, justo cuando Bruselas exige a España un recorte del déficit de seis décimas hacia el 2,5% del PIB. Si la inflación no cede, la espiral de precios y salarios bajos puede enquistarse, devolviendo a la UE a un escenario de estanflación que los fondos Next Generation pretendían dejar atrás.

Los próximos meses serán decisivos. Mientras los misiles sigan volando sobre Oriente Medio, el barril de Brent marcará el ritmo de los precios y, con ellos, el poder de compra de millones de trabajadores. La inflación ha vuelto a adelantar a los salarios, y la historia enseña que recuperar el terreno perdido puede llevar años.