El ‘plan Z’ de Sánchez pasará por retener el control de Ferraz a través de Illa y Puente

Pedro Sánchez no parece dispuesto a alterar su hoja de ruta política pese a los escándalos y las investigaciones que en los últimos meses han situado al PSOE en una posición defensiva. El presidente del Gobierno mantiene oficialmente su intención de agotar la legislatura, continuar al frente del Ejecutivo hasta el final del mandato y presentarse a las próximas elecciones generales. De hecho, desde Moncloa se insiste en la voluntad de presentar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado y seguir gobernando mientras conserve los apoyos parlamentarios necesarios.

Sin embargo, en el socialismo español comienza a abrirse paso una reflexión sobre los distintos escenarios que podrían plantearse en los próximos años. Entre dirigentes y cuadros del partido existe la convicción de que Sánchez no contempla una retirada de la política activa a corto plazo. Al contrario, algunos consideran que incluso en el supuesto de una derrota electoral en unas futuras elecciones generales intentaría conservar una influencia determinante sobre el PSOE.

La trayectoria política del actual secretario general invita a la prudencia a la hora de hacer pronósticos. Pocos líderes han demostrado una capacidad tan notable para reinventarse políticamente y adaptarse a escenarios cambiantes. A lo largo de tres décadas de carrera, Sánchez ha transitado por posiciones ideológicas y estratégicas muy distintas sin que ello haya supuesto un obstáculo para su supervivencia interna.

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Durante los años noventa comenzó a labrarse una carrera política dentro de los sectores más moderados del PSOE. Su ascenso a la secretaría general en 2014 fue posible gracias, en buena medida, al apoyo de dirigentes territoriales que buscaban una figura de consenso frente a otros aspirantes. Entre ellos destacó la entonces poderosa presidenta andaluza, Susana Díaz, cuyo respaldo resultó decisivo en aquel momento.

Sin embargo, la relación entre ambos terminó deteriorándose hasta desembocar en una de las mayores crisis internas que ha vivido el partido en democracia. Tras ser forzado a abandonar la secretaría general en 2016, Sánchez emprendió una campaña de reconquista del poder interno que cambió profundamente su perfil político. Durante aquella etapa adoptó un discurso mucho más cercano a las posiciones defendidas por Podemos y se presentó como el candidato de las bases frente al aparato tradicional del partido.

La estrategia resultó exitosa. En 2017 recuperó el liderazgo del PSOE contra la opinión de buena parte de la estructura orgánica. Apenas un año después logró alcanzar la Presidencia del Gobierno mediante una moción de censura contra Mariano Rajoy.

Aquel primer Gobierno de Sánchez fue percibido por numerosos observadores como un Ejecutivo de perfil moderado y claramente europeísta. Sin embargo, la evolución política posterior volvió a demostrar la capacidad del presidente para modificar alianzas y prioridades. Tras las elecciones de 2019 intentó inicialmente un acuerdo con Ciudadanos. La negativa de Albert Rivera cerró esa posibilidad y terminó llevando al PSOE hacia el primer Gobierno de coalición de la democracia reciente junto a Unidas Podemos.

Posteriormente, la necesidad de garantizar la estabilidad parlamentaria llevó a Sánchez a profundizar en acuerdos con fuerzas nacionalistas e independentistas. La investidura de 2023, sustentada entre otros apoyos por Junts per Catalunya, consolidó una nueva etapa marcada por el reconocimiento de la denominada España plurinacional y por medidas tan controvertidas como la ley de amnistía.

Precisamente esa capacidad para alterar estrategias y redefinir posiciones explica que dentro del PSOE pocos se atrevan a descartar cualquier hipótesis sobre el futuro político del presidente. Algunos dirigentes consideran que las investigaciones judiciales y los escándalos que afectan al entorno socialista podrían terminar generando una factura política significativa. Nadie sabe todavía cuál podría ser el impacto electoral o judicial de esos casos, pero en Ferraz ya se analizan escenarios alternativos.

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Entre ellos destaca lo que algunas voces internas denominan el «plan Z». Se trataría de una estrategia diseñada para garantizar que el sanchismo conserve el control efectivo del partido incluso si el actual presidente decidiera dar un paso atrás en primera línea institucional.

Según esta hipótesis, Sánchez podría apostar por una transición ordenada hacia una nueva dirección encabezada por dos figuras con perfiles complementarios. Por un lado estaría el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, considerado por amplios sectores socialistas como un dirigente capaz de conectar con el electorado moderado y centrista. Su etapa al frente del Ministerio de Sanidad durante la pandemia reforzó una imagen de gestor sereno que todavía conserva una importante valoración entre votantes alejados de los extremos ideológicos.

Sánchez también confía en Puente

Por otro lado aparecería el ministro de Transportes, Óscar Puente, convertido en una de las voces más combativas del Gobierno y del PSOE en los últimos años. Su intensa actividad en redes sociales y su capacidad para confrontar con la oposición le han permitido consolidar una posición relevante entre los sectores más movilizados de la izquierda socialista.

Sánchez
Óscar Puente y Pedro Sánchez. Foto: EP.

La combinación de ambos perfiles ofrecería, según quienes manejan esta teoría, un equilibrio interno capaz de mantener unido al partido. Illa aportaría solvencia institucional y capacidad de atraer votantes moderados, mientras que Puente serviría para movilizar a la militancia más ideologizada y reforzar el discurso de confrontación política.

No son pocos los dirigentes que recuerdan que Sánchez siempre ha demostrado una especial habilidad para conservar el control de los resortes internos del PSOE. Incluso en sus momentos más difíciles consiguió reconstruir una mayoría orgánica a su alrededor. Por ello, algunos consideran que una eventual salida de La Moncloa no implicaría necesariamente una retirada de la vida política.

De hecho, hay quienes no descartan que, en caso de derrota electoral, intentara seguir al frente de la secretaría general durante un tiempo o conservar una influencia decisiva sobre la nueva dirección. En determinados círculos socialistas incluso se especula con la posibilidad de que favoreciera fórmulas de entendimiento institucional que evitaran una entrada de Vox en el Gobierno, aunque se trata de hipótesis que hoy carecen de confirmación y que dependen de escenarios todavía muy lejanos.

Lo único que parece claro es que Pedro Sánchez continúa decidido a resistir. Su historial político demuestra que nunca ha sido un dirigente previsible. Y precisamente por eso, dentro y fuera del PSOE, muchos creen que todavía guarda alguna carta para cuando llegue el momento de afrontar el tramo final de su ciclo político.