La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China acaba de subir de nivel. La Casa Blanca ha ordenado a Anthropic, la creadora de Claude, que retire el acceso a sus modelos de inteligencia artificial más avanzados —Fable 5 y Mythos— para cualquier usuario extranjero. El movimiento, según adelanta Wired, no responde solo a un fallo de seguridad técnico, sino a la sospecha directa de que China estaba espiando las tripas del modelo a través de la operadora surcoreana SK Telecom.
Claves de la operación
- Veto fulminante a Fable 5 y Mythos para todos los extranjeros. La orden ejecutiva se produjo en cuestión de horas, sin distinguir si los usuarios estaban dentro o fuera de territorio estadounidense.
- SK Telecom, el vecino incómodo. Aunque la operadora surcoreana apenas factura en China, sus vínculos históricos con China Unicom y la pertenencia al conglomerado SK Group han alimentado las sospechas del Pentágono.
- La IA como arma de doble filo. Este episodio tensa aún más la relación entre Anthropic y la administración Biden, que ya arrastraba un culebrón por la negativa de la empresa a permitir usos militares de sus modelos sin salvaguardas.
El pretexto del jailbreak y la sombra china
Hasta el sábado pasado, la versión oficial era que una vulnerabilidad de jailbreak detectada en Fable 5 había forzado la retirada. Según fuentes cercanas a la Casa Blanca consultadas por Wired, el propio Andy Jassy, CEO de Amazon —socio clave de Anthropic—, llamó al secretario del Tesoro para advertir de que un fallo en Fable permitía saltarse las salvaguardas del modelo. Pero detrás de esa urgencia técnica latía un miedo geopolítico mucho más profundo.
La preocupación de Washington no era que cualquier persona pudiera hacer jailbreak. Era quién podía estar mirando. Mythos, el modelo original sin recortes, había sido puesto a disposición de 150 empresas en el marco del llamado Project Glasswing. Una de ellas era SK Telecom, el mayor operador de telecomunicaciones de Corea del Sur. Y ahí es donde las alarmas saltaron.
SK Telecom, el eslabón en la cadena de sospechas
La lógica del Pentágono fue simple: si SK Telecom tiene acceso a Mythos, China tiene acceso a Mythos. No es una acusación gratuita. La operadora surcoreana mantuvo durante años una alianza estratégica con China Unicom, llegando a invertir más de 1.000 millones de dólares en el operador chino en la década pasada. Aunque SK Telecom vendió sus participaciones en 2009, el conglomerado al que pertenece, SK Group, sigue teniendo intereses en semiconductores y energía con presencia en China.
SK Telecom ha negado cualquier vínculo actual con Pekín. Oficialmente, su plantilla en China es testimonial (siete empleados) y su facturación allí es residual. Sin embargo, los movimientos de la administración estadounidense indican que la sospecha es suficiente para cortar el acceso. Anthropic accedió a revocar el permiso a SK Telecom a principios de este mes, pero cuando la vulnerabilidad de Fable salió a la luz pública, la Casa Blanca decidió apagar el interruptor para todos los extranjeros, sin distinción.
La tecnología no es neutral cuando el enemigo geopolítico tiene los ojos puestos en tus modelos fundacionales.
Análisis: la IA como campo de batalla y la posición de España
Este episodio no es un incidente aislado. Marzo de 2026 ya nos dejó la negativa de Anthropic a aceptar usos militares de sus modelos sin salvaguardas, lo que la llevó a ser incluida en la lista negra del Pentágono y, posteriormente, a llevar al gobierno estadounidense a los tribunales. Ahora, con la orden de retirada, se abre un nuevo capítulo en el que la seguridad nacional prima sobre cualquier consideración comercial.
Para Europa, y en especial para España, la lectura es clara: la dependencia de modelos de IA entrenados fuera de nuestras fronteras se convierte en un riesgo estructural. La Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) lleva meses insistiendo en la necesidad de contar con capacidades propias de verificación. El caso Mythos demuestra que las decisiones de un gobierno extranjero pueden dejar sin acceso a tecnologías críticas de la noche a la mañana, y eso afecta tanto a empresas como a administraciones públicas que estén integrándolas en sus procesos.
Observamos cómo la guerra fría digital ya no se libra solo con semiconductores o redes 5G. Ahora los modelos fundacionales son activos estratégicos. Y en ese tablero, España tiene poco que decir si no acelera sus propias infraestructuras de cómputo y fomenta modelos soberanos europeos. La cuestión no es si China quiere espiar —eso lo damos por hecho—, sino cuánto tiempo podremos seguir dependiendo de una tecnología que puede ser apagada por un conflicto que no es el nuestro.
Mientras tanto, el culebrón entre Anthropic y Washington sigue sumando temporadas, y la desconfianza hacia Pekín se ha convertido en el motor principal de la regulación en EE. UU. Una dinámica que, nos tememos, solo irá a más.

